100 años de Monseñor Gerardi… nunca más

La memoria, verdad y justicia se encarnan en el recuerdo y obra de uno de los hombres más importantes de la historia de nuestro país. Entre las paredes neoclásicas de la Catedral y las calles de nuestros pueblos más remotos, los pasos de monseñor Gerardi se siguen escuchando junto a su grito de verdad “Nuncas más”

Hablar de Gerardi es sinónimo de una historia tan fuerte, que ningún libro podría soportar, pero nuestra mente y alma lo mantienen vivo, a pesar de los años que no dejan de pasar. A 100 años del nacimiento de un gran hombre, es importante mantener vivo su legado para no repetir las atrocidades que ha vivido nuestra gente. 

La Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG) declaró el 2023 como año jubilar de Gerardi por los 100 años de su nacimiento y el aniversario 25 de la publicación del REMHI (Proyecto Interdiocesano Recuperación de la Memoria Histórica).

En este plano, se realizaron actividades que han dejado marcado el ideario colectivo de una sociedad que busca la verdad entre los escombros de una memoria que no ha sido sanada. Las puertas del Centro de la memoria “Monseñor Juan Gerardi” – CMMG- en la Sexta calle de la zona 1, fueron abiertas ante los ojos de miles de jóvenes bachilleres, peritos y universitarios que forman parte de la generación que seguirá con el legado de monseñor. 

Entre conferencias, exposiciones de afiches, pláticas, programas educativos y documentales, la memoria de Monseñor llegó a cientos de personas que lo siguen extrañando y otros que no lo conocían, pero que hoy también forman parte de sus admiradores y guardianes de la verdad de nuestro pueblo. 

Cientos de jóvenes, universitarios, profesionales, religiosos, activistas sociales, organizaciones internacionales y sociedad civil que recuerdan a Monseñor se unen al cierre del año jubilar de Gerardi.

El hombre del nunca más…

La vida de monseñor es una pieza primordial en la reconstrucción de este país. Su papel por medio de la iglesia católica permitió que miles de personas lograran gritar una verdad que el Estado trataba de silenciar y olvidar sin justicia. Fue en este momento que la iglesia católica puso ante la sociedad una cara de apoyo al hombre, al necesitado… regresó a sus valores y dejó de lado las represalias. 

Monseñor Juan Gerardi Conedera nació el 27 de diciembre de 1927, en el núcleo de una familia de ascendencia no muy lejana a la comunidad italiana. Comparte lazos de hermandad con otros tres hijos de los señores Gerardi Gándara, quienes hasta hoy, recuerdan a aquel joven entusiasta. Cursó sus estudios en el antiguo y emblemático Asilo Santa María, el cuál sigue en funcionamiento 100 años después. En este lugar tuvo su primer acercamiento con las hijas de la caridad, quienes hasta su muerte, trabajaron hombro a hombro con su labor social.

Aulas y patio de juegos en el antigua Así lo Santa María, hoy Centro Escolar Mixto Santa María, en la avenida de los Árboles // fotografía Yordano Hernández

En la adolescencia, decidió seguir los pasos de la vocación sacerdotal e ingresó al seminario Conciliar, donde aprendió filosofía, letras y humanidades. Con el paso del tiempo, pudo seguir sus estudios en New Orleans, Estados Unidos. Al regresar a Guatemala fue ordenado sacerdote en la Santa Iglesia Catedral Metropolitana, sede de la religión católica en el país, en 1946. 

Fue párroco de Mataquescuintla, Tecpan, Patxia,  San Pedro Sacatepéquez y Palencia; luego desempeñó el cargo de canciller de la curia en tiempo de monseñor Rossell. Su tiempo en la curia fue bastante largo. Hasta 1967, desempeñó al mismo tiempo el cargo de capellán, en Santa Clara, párroco del sagrario, consiliario de cursillo de cristiandad y fue párroco de la parroquia de Nuestra Señora de Candelaria ubicada en la primera calle y 13 avenida entre 1966 y 1967. 

En 1967, el papa Pablo XI lo nombró obispo de las diócesis de la Verapaz, siendo su misa de consagración el 30 de julio de 1967. Toma posesión de la diócesis el 11 de agosto de 1967 y llega Cobán encontrando una situación de carencia espiritual y física. Con los años llega a Quiché como tercer obispo. 

Durante su estadía en la diócesis de las verapaces se encuentra con una población con altos grados de pobreza, en medio de una crisis política social que es amenazada por el Conflicto Armado Interno y se dispone a realizar cambios sustanciales por medio de la fe y la recolección de la verdad. 

Luego se traslada al Quiché, donde también la actividad económica de las personas era muy baja y los índices de pobreza eran muy altos; por lo tanto, empieza a percatarse de la realidad guatemalteca en el interior del país, en una población que es mayoritariamente indígena y con rasgos de violencia Estatal muy marcados. Es en este momento que comprende que la pobreza en estos territorios no es casualidad, sino un signo de racismo y discriminación ejercida por el Estado. 

Uno de los primeros trabajos realizados fue la promoción humana,  la cual buscaba mejorar la calidad de vida de las poblaciones indígenas de aquella diócesis. Sin embargo, este fue el primer enfrentamiento que tuvo monseñor con el poder Estatal local, ya que, ellos no querían permitir que las poblaciones prosperaran y salieran del círculo de violencia ejercido por el Conflicto Armado Interno. 

Fotografía de la colección privada de Monseñor en 1996 // Fotografía Licenciado Aquino

Entre más pasaba el tiempo, los signos de violencia contra la Iglesia católica y todos sus líderes eran muy evidentes. Durante su estadía en el Quiché, fue asesinado un sacerdote extranjero y otro fue expulsado por el Estado, ya que, según ellos, eran un peligro inminente para la seguridad Estatal. Esta represión guía a monseñor a escribir varias cartas a la arquidiócesis y al Vaticano explicando cuáles son las razones por las que está en peligro de desaparición la diócesis del Quiché. 

Ya en la década de los 80, la presión social y el desgaste sufrido por la violencia llegó a grados paupérrimos,  por lo que monseñor optó por el diálogo con las autoridades, sin estar consciente que los planes institucionales eran la violencia. En este año, Gerardi sufre un atentado en San Antonio Ilotenango, donde él celebraría una misa de primera comunión; la información se filtró entre las personas de la comunidad y monseñor fue avisado a tiempo para que no llegara al lugar donde iba a ser perpetrado su asesinato. 

El 20 de julio de 1980 monseñor sale del Quiché y protege su vida en varias comunidades religiosas que van desde Chichicastenango hasta la zona 1 de la Ciudad de Guatemala; en este contexto, monseñor visita al papa Juan Pablo II y le informa sobre todo lo que está pasando en La diócesis de la Santa Cruz del Quiché, poniendo al tanto de la situación de la violencia en Guatemala. 

El papa le dijo que regresara a Guatemala y cumpliera con su labor en la diócesis, por lo que, él regresa al país pero las oficinas de migración le impiden la entrada, ya que, sus documentos no estaban en regla y un alto mando daba las órdenes, por lo que es exiliado del país por algún tiempo. 

Durante el golpe de Estado ejercido por Efraín Ríos Montt, monseñor logra regresar al país y se encuentra con un Quiché más militarizado, con condiciones de vida aún peores y con un país al borde del colapso social debido a las tácticas opresivas de guerra. Durante esta época, monseñor se percata de los tratos inhumanos y las violaciones a derechos humanos que el Ejército de Guatemala está perpetrando contra las poblaciones indígenas, especialmente bajo las órdenes y el mando de Ríos Montt. 

A finales de la década de los ochenta, sale de Quiché y regresa a la ciudad capital como obispo auxiliar de la arquidiócesis. En esta época, las negociaciones de paz inician su proceso por lo que el diálogo se abre con las autoridades y monseñor busca la forma de hablar un poco sobre el sentimiento del pueblo desde un punto de vista más humano. 

Participó en momentos de paz como los acuerdos de Esquipulas II, la conformación de la Comisión Nacional de Reconciliación, presidida por monseñor Rodolfo Quezada Toruño; fue gestor activo de los documentos más significativos de la Conferencia Episcopal de Guatemala (CEG) a favor de la justicia, de derechos humanos y la construcción de la paz en Guatemala. 

En 1989 crea la oficina de Derechos Humanos del arzobispado de Guatemala como parte de la consolidación y búsqueda de la justicia y paz para todas las personas. Gracias a ser integrante de una oficina de esta naturaleza, pudo viajar a Ginebra, Suiza con el fin de denunciar internacionalmente todas las violaciones a derechos humanos que el Estado de Guatemala estaba realizando; las denuncias las realizó en las asambleas generales de las Naciones Unidas.

Portada del primer tomo del REMHI de 1998 // fotografía: Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala

El arma letal… nuestro REMHI

Con las negociaciones de paz y el proyecto de la memoria histórica de la Organización de las Naciones Unidas, Gerardi decide realizar el proyecto REMHI, el cual ha sido uno de los grandes proyectos de memoria histórica a nivel latinoamericano. Este recoge cientos de testimonios de personas que habitan las áreas del Quiché, las verapaces y la Ciudad de Guatemala. 

Este informe fue elaborado con datos obtenidos de la investigación de campo que fue conducida por más de 500 animadores de la verdad, los cuales se tuvieron que dividir en cuatro grandes tomos, llamados Guatemala nunca más. 

El éxito del proyecto se basa en la calidad y cercanía humana que ejercieron. A diferencia de sus homólogos, la recolección de los testimonios se realizaron por personas de las comunidades, como táctica de transparencia. El segundo punto fue el buscar a los afectados y hacerlos sentir seguros a pesar de enfrentarse a todo un sistema. 

En el proceso, el ejército evitó a toda costa que las personas hablaran, ofreciendo láminas y otros beneficios para que el proyecto no fuera fructífero. Hubo lugares donde el propio ejército se ofreció como ayudante de los animadores, evitando así, que las personas hablaran. 

El proyecto fue todo un éxito ya que logra recolectar 6500 testimonios que abarcan a más de 55,000 víctimas de forma directa entre los cuales, la mayoría, eran hombres y mujeres adultos. 

Este informe es considerado la antesala del informe de la Organización de las Naciones Unidas. El documento logra reunir los testimonios de casi 44,000 víctimas, solamente entre los años de 1980 y 1983, conocidos por ser parte del régimen antidemocrático de Efraín Ríos Montt. 

Entre 1981 y 1982 ocurrieron 300 de las 422 masacres que se pudieron documentar en este archivo, en estas masacres se logra argumentar que unos 86,318 niños sufrieron la pérdida de sus padres o alguna violación de derechos humanos. 

En este documento también se logra identificar que el Ejército de Guatemala fue culpable del 79% de los casos recolectados con casi 33,000 víctimas; luego los grupos paramilitares fueron culpables de casi 3424 víctimas, quienes siempre están ligados al ejército por los mecanismos y métodos utilizados. Grupos paramilitares junto a la milicia en las famosas Patrullas de Autodefensa Civil (PAC) fueron encontrados como responsables de 20,600 víctimas. Por otro lado, las guerrillas y sus distintas modalidades fueron responsables de 5,117 víctimas. 

El informe también presenta los rasgos de discriminación hacia los pueblos indígenas, ya que, el área más afectada fue el Quiché. Estos rasgos de violencia, discriminación y racismo muestran la larga historia que ha ejercido el Estado contra estas poblaciones, no permitiéndoles el desarrollo económico, educativo, social y comunitario. Durante esta época fueron perseguidos por el simple hecho de pertenecer a una comunidad indígena.

El día de la verdad

El 24 de abril de 1998, monseñor Gerardi junto a altos mandos de la Iglesia Católica presenta el informe “Guatemala nunca más” ante los ojos de comunidades indígenas, comunidad internacional, Ejército de Guatemala, altos mandos estatales y población civil en general. 

Presentación del informe Guatemala nunca más en la Catedral Metropolitana// fotografía: Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala.

Las paredes de la Catedral Metropolitana fueron testigos del alzamiento de la voz de miles de víctimas por medio de este informe. Fue gracias a este heroico acontecimiento que la reconstrucción de la memoria y la paz tomó un camino distinto al esperado por la población civil y el Estado de Guatemala. Entre aplausos, lágrimas y sonrisas, Guatemala le agradeció a monseñor por la valentía de gritar lo que muchos no podían decir. 

El 26 de abril de 1998, dos días después de la publicación del informe,Gerardi es asesinado en la casa parroquial de la iglesia San Sebastián, la cual se encuentra a una cuadra de la casa presidencial, centro de poder de aquella época. 

Este fue el último mensaje de represión enviado por el Ejército de Guatemala ante los personajes que se oponían al poder. Este evento marcó el corazón y la vida de un pueblo que estaba agradecido con monseñor, siendo su velorio uno de los más multitudinarios que se han celebrado en la Catedral Metropolitana. 

El caso de su asesinato fue llevado a los tribunales, a pesar de los intentos de silenciarlo y las olas de desinformación que fueron ejercidas durante el juicio. El tribunal a cargo, dirigido por la jueza Yassmín Barrios, encontró culpables a tres altos mandos del ejército de Guatemala, entre los que figuran el capitán Byron Lima como autores físicos del delito. 

Hasta hoy el caso sigue imponer respecto a los autores intelectuales del asesinato, ya que a pesar de saber quienes lo asesinaron y su cercanía con el Ejército, las órdenes estaban puestas por alguien más…

La memoria en Nuestro hoy

A 25 años del asesinato de Gerardi, la publicación del Remhi y la celebración del año 100 de su nacimiento, el pueblo sigue recordando su heroico papel en el espectro sociopolítico de nuestro país, siendo una pieza fundamental para recordar que la reconstrucción de la memoria histórica es primordial para obtener paz. 

Monseñor siempre será recordado como uno de los grandes hombres que ha tenido este país, por lo tanto, el celebrar su vida, el recordar su muerte y utilizar su informe como sinónimo de verdad, es nuestro deber y forma de agradecimiento por su ardua labor en pro del prójimo y especialmente, por visibilizar las diferencias sistemáticas que hay entre las poblaciones indígenas y las cúpulas de poder. 

El papel de monseñor no se limita a un personaje de la Iglesia Católica o un tema de religión, sino que, es un tema totalmente social y un personaje que sin importar su profesión y vocación, ayudó a un pueblo que exigía verdad. Hoy miles de jóvenes que no se identifican con la religión católica toman su presencia y trabajo como primordial y ejemplifican cada día todos los valores y la dignidad humana que siempre lo caracterizó

Este hombre que nos enseñó que la única forma de vivir es trabajando por la verdad. El hombre que murió por nosotros y que se unió a la eternidad gritando nunca más… 

Las calles de los viejos Barrios de la ciudad siguen guardando en su paredes de adobe cientos de mensajes para Monseñor, fotografías de desaparecidos y murales que nos recuerdan su trabajo. Artistas se unen para recrear la sonrisa de un hombre que nos dió libertad. 

El pueblo que no conoce su historia está condenado a repetirla… No dejemos que los errores del pasado nos guíen de nuevo a esta época… Por nuestros hijos, padres, nietos y amigos… Luchemos por un nunca más… 

Guatemala nunca más se escucha entre los murmullos de una sociedad que no ha sanado, pero que lo necesita para florecer… 

En memoria de Monseñor Gerardi…

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