En Guatemala, todo niño que cursa la primaria aprende, de manera básica y superficial, sobre la llamada “Conquista de Guatemala”. Este evento marca un antes y un después en la historia de este territorio, cuyas repercusiones nos persiguen como sociedad hasta la actualidad.
Sin embargo, la narrativa común tiende a centrarse en los hechos ocurridos en 1524 entre los españoles, sus aliados indígenas del actual México y las sociedades mayas de los Altos de Guatemala, como los K’iche’s, Tz’utujiles y Kaqchikeles, entre otros.
Más allá de estos eventos, se tiende a ignorar enfrentamientos posteriores con otros grupos, como los Mam, Poqoman y Ch’ortí, entre otros. Este desconocimiento histórico ha llevado a interpretaciones parciales de ciertos hechos, con las “celebraciones” recientes cómo la fundación de Quetzaltenango y Tecpán. En contraste, uno de los episodios menos conocidos pero cruciales en la historia es la expedición de Hernán Cortés al Petén central, un evento que merece mayor atención.
Hernán Cortés y su paso por Petén
Hernán Cortés, nacido en Medellín, Castilla, en 1485, comenzó su carrera como estudiante de leyes en la Universidad de Salamanca.
Según Bernal Díaz del Castillo, acompañante de Cortés en muchos momentos y quien más tarde fuera regidor de Santiago de Guatemala, Cortés hablaba latín. Se embarcó hacia el Nuevo Mundo a los 18 años. Figura clave en la conquista de México.
Para el 25 de julio de 1524, Pedro de Alvarado fundó Santiago de los Caballeros de Guatemala, cerca de lo que había sido Iximché, la fecha coincide con el día de Santiago, el santo patrón de España. En ese mismo año comenzó la construcción de la ciudad de México sobre lo que había sido Tenochtitlan.
El 12 de octubre de 1524, Cortés partió de México hacia Honduras para confrontar a Cristóbal de Olid, quien se había aliado con el gobernador de Cuba, enemigo declarado de Cortés.
Decidió llevar a cabo la expedición por tierra partiendo de Tabasco, México, llevando en el conjunto de la expedición a Cuauhtémoc, el último tlatoani mexica quien no sobrevivió al viaje y seguramente a Bernal Díaz del Castillo, testigo ocular y cronista de muchos de los hechos de Hernán Cortés.
En lugar de optar por una ruta marítima más conocida, decidió atravesar la densa selva del Petén, siguiendo un mapa detallado que obtuvo de un comerciante maya. Este trazado incluía rutas desde Xicalanco en Tabasco, hasta Nito en Izabal, pasando por el territorio Itzá en Petén.
Finalmente, el 13 de marzo de 1525, Hernán Cortés llegó a las orillas del lago Petén Itzá, llamado Chaltunha’ por los Itzá.

Este encuentro marcó la primera interacción entre europeos y los maya Itzá. Una sociedad organizada y dominante en la región.
Ah K’an Ek’, soberano de los Itzá, recibió a Cortés con diplomacia y orgullo, destacando las riquezas agrícolas de su territorio, como sus plantaciones de cacao en las montañas del actual Belice. Cabe mencionar que para este punto de la historia los Itzá ya conocían de los movimientos de los españoles en la región.
Estrategia en tierra desconocida
La travesía de Cortés estuvo marcada por una estrategia distinta a la de Pedro de Alvarado, quien abusó con frecuencia de la fuerza, demostraciones de poder y violencia.
En Petén, Cortés evitó confrontaciones y actuó con cautela, aunque no hay claridad sobre si fue recibido en la isla de Noj Petén o en tierra firme, lo cierto es que los Itzá le proporcionaron información clave para continuar su expedición.

Como parte de este encuentro, Cortés dejó seis españoles y un caballo herido en Noj Petén. Este animal se convirtió en el centro de una leyenda popular, venerado posteriormente por los Itzá como una deidad.
Tras esta breve interacción, Cortés prosiguió su camino hacia Honduras, narrando estos eventos en su carta de relación fechada el 3 de septiembre de 1526.
Las motivaciones de Cortés de haber realizado la expedición por tierra, a través de la densa selva del Petén en una región prácticamente desconocida para los europeos y no por la vía marítima bordeando la península de Yucatán, que eran rutas conocidas para ellos; no las sabremos de momento.
El legado de los Itzá: 170 años de resistencia
Los Itzá lograron mantenerse independientes del sistema colonial español durante más de 170 años después del encuentro con Cortés.
A pesar de numerosos intentos de evangelización y conquista por parte de los franciscanos en el siglo XVII. Fue hasta el 13 de marzo de 1697 cuando la última sociedad maya independiente cayó en manos de Martín de Ursúa.
Este evento, aunque poco conocido, marca un hito en la historia de Guatemala.
Los Itzá, un legado de resistencia y memoria viva
La llegada de Hernán Cortés al lago Petén Itzá hace 500 años es más que un evento histórico; es un testimonio de la complejidad de las interacciones entre las civilizaciones indígenas y los colonizadores europeos.
En Petén, Cortés no encontró un pueblo vencido, sino una sociedad organizada y consciente de su entorno.
Los Itzá no solo resistieron el avance militar y la imposición religiosa durante más de 170 años, sino que también defendieron con dignidad su cultura, su cosmovisión y su derecho a existir como un pueblo libre.
En cada rincón de Noj Petén, en las aguas del lago; todavía se guardan sus secretos, se puede sentir la fuerza de su espíritu, un eco que resuena en la identidad petenera y guatemalteca.
A pesar de los intentos por silenciar sus voces y borrar su legado, los Itzá nos dejaron un mensaje poderoso: la cultura no se rinde, la memoria no se extingue, y las raíces que nos conectan con nuestra historia son más profundas de lo que creemos.

Cada paso dado por Cortés, cada intercambio con Ah K’an Ek’, y cada relato registrado en las crónicas son piezas de un rompecabezas que todavía estamos armando.
Es necesario ir más allá de las versiones simplificadas de la historia que muchas veces nos enseñan. Es imperativo cuestionar, investigar y desentrañar los matices que forman la verdadera narrativa de los pueblos mayas, especialmente de los Itzá.
¿Por qué eligieron resistir durante tanto tiempo? ¿Qué podemos aprender de su sociedad? Estas preguntas no solo enriquecen nuestra comprensión histórica, sino que también nos invitan a reflexionar sobre el presente y el futuro de nuestra identidad como nación.
Que este 2025 sea más que un recordatorio de fechas y eventos; que sea un llamado a la acción. Un llamado a explorar nuestras raíces, a celebrar la riqueza cultural de Guatemala y a reivindicar el lugar de los Itzá y de todos los pueblos que han habitado en nuestro territorio. Que sea el año en que más personas se pregunten: ¿qué más hay por descubrir en las páginas no contadas de nuestro pasado?
Las respuestas están ahí, ocultas en las leyendas, en las piedras, en los manuscritos antiguos y en las voces de quienes todavía guardan la memoria de sus ancestros. Pero también están en nosotros, en nuestra curiosidad y en nuestra capacidad de mantener viva la historia. Porque al final, recordar no es solo un acto de memoria, sino de justicia, y en ese acto, los Itzá viven para siempre.
Artículo escrito por:

Kevin Escobar Villeda
Apasionado por la historia y por compartirla, sus escritos invitan a reflexionar sobre la importancia de revalorar el pasado para comprender mejor nuestra identidad presente.










