Estimado lector, bienvenido seas a una travesía de distintos temas y aristas para intentar responder la interrogante: ¿un periodista puede actuar como activista? La pregunta ha sido debatida en charlas casuales entre profesionales de la comunicación e interesados en el tema del periodismo, aunque no existe una conclusión definitiva. Por esta razón, navegaremos en varios aspectos para reflexionar y entender cuál y cómo es el rol de los periodistas en la sociedad moderna.
Antes de continuar, he de confesar que este texto lo he redactado una primera vez desde agosto de 2024 y precisamente el 6 de octubre de 2025, me causó curiosidad volver a leerlo y retomarlo. Durante un foro con representantes de organizaciones de la sociedad civil se daba por hecho que la respuesta era clara: el periodista puede y hasta debe actuar como un activista para defender sus valores, creencias e ideales, aunque fue solo un comentario sin mayor profundidad.
Para algunos la respuesta parece obvia… De manera directa y sin vueltas al asunto se puede decir NO. Aunque esto solo abrirá el tema para una discusión que podría terminar en una pelea de egos e intelectualoides de las redes sociales, a lo cual, muchos están acostumbrados en X.
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Primero que nada, ¿qué es un periodista? Seguramente, la mayoría de ciudadanos ubican a aquellos sujetos que portan un micrófono, una cámara fotográfica o de video, un chaleco de color beige y un gafete con la palabra “PRENSA”, ya sea impreso o bordado, cuál sea el caso correspondiente. Se puede decir que es un oficio de perros. Puede sonar una hipérbole, pero se acerca más a un símil. Se dice que un presidente guatemalteco de finales del siglo XX expresaba que a la prensa se le paga o se le pega. Vale miles de interpretaciones y análisis si fuese tal pensamiento expresado por un mandatario, o bien, una idea colectiva escondida en el anonimato.

Ahora bien, en muchos ambientes a los periodistas se les consiente a través de bebidas de cortesía, lapiceros, agendas, botellas de licor, almuerzos y refrigerios de restaurantes de zonas exclusivas. Se podría pensar que la amabilidad se puede malinterpretar con el soborno.
Contados son aquellos que no caen ante tales tentaciones. Funcionarios y directivos del sector privado no están obligados a dar dádivas a los reporteros, fotógrafos o camarógrafos; sin embargo, unos cuantos detalles vulneran la ética profesional y la objetividad del periodista. Menospreciarlo puede ser mal visto entre colegas y por las mismas autoridades, tanto públicas como privadas.
En contraparte, los periodistas son maltratados como escoria. La censura, criminalización e impedimento del ejercicio periodístico son ataques constantes en toda sociedad del mundo moderno, no exclusivo del mal denominado tercer mundo.
En su periodo más oscuro, durante el Conflicto Armado Interno de Guatemala entre 1979 y 1985, los medios de comunicación y periodistas fueron atacados de manera brutal con desapariciones forzadas, atentados y asesinatos. Los modelos democráticos no han sembrado paz a favor del gremio periodístico, ni siquiera en la era de la Revolución. Como en otras esferas, la violencia evolucionó y se adaptó a las nuevas tecnologías y tendencias. Asfixiar económicamente a medios de comunicación, crear procesos penales en contra de periodistas y la obstaculización de la información son maneras de atentar contra la libertad de prensa.
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Una muestra es la maquinaria institucional que fue necesaria para liquidar al extinto elPeriódico y las acusaciones aún vigentes contra José Rubén Zamora. No obstante, no es el único porque el gremio de la prensa comunitaria ha sido más atacado, pero menos mediático. ¿Irónico qué los periodistas reciben poca atención del medio, no?

Cabe hacer la salvedad que en el ejercicio periodístico no existe el blanco o el negro. No todo se puede categorizar como violencia cuando la búsqueda de información es errónea o se desconoce los procedimientos (algunos más burocráticos que otros). Usar apelativos peyorativos e impedir el acceso a ruedas y conferencias de prensa, sí es una manera de bloquear el trabajo de los periodistas.
El periodismo es considerado por el autor colombiano Gabriel García Marquez como el mejor oficio del mundo. Sin embargo, no es para todos. Para ser periodista se exigen determinadas actitudes y aptitudes que no son nombradas en los espacios académicos, pero sí en la acción cuando caminas en las calles y buscas la noticia en tiempo real.
Retomando la respuesta, un periodista es un sujeto comprometido a asumir riesgos mientras traslada información curada. En otras palabras, un periodista no hace la noticia como se piensa. Realmente, se construye un relato que se conecta con la opinión y testimonio de diferentes sujetos, ya sean profesionales, protagonistas o documentos.
No se trata de transmitir lo que diga el alcalde o el presidente de manera exacta con cada letra y signo de puntuación. La información se busca, contextualiza, se cuestiona, se contrasta y se crea un hilo conductor que sostiene los datos con coherencia y precisión.
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Destaco el elemento de “información curada”, porque en un mundo hiperconectado, todo parece que es noticia, pero no lo es. El periodismo ciudadano aporta insumos y con la democratización de la información se está perfeccionando, pero aún faltan criterios editoriales y éticos.

Por otra parte, el periodismo tiene mucho en común con otras disciplinas más científicas. A continuación, una suposición idealizada de una atención médica: Al ingresar a un centro asistencial por un malestar, seguramente quien te atiende sea un médico general. Esto no quiere decir que el profesional tenga únicamente ese título. En cambio, fue el primero que adquirió en su carrera académica.
Al ser ingresado a un hospital, los especialistas conocerán y darán tratamiento a tu padecimiento. Del mismo modo, ya sea académica o de forma empírica, existen los periodistas. En las ciencias médicas y en la comunicación existen un sinfín de subdivisiones y especializaciones. En las ciencias de la comunicación, a pesar que los principios básicos y los intereses en la noticia permanecen, el enfoque y el tratamiento de la información es diferente, así como su objetivo y audiencia.
En medicina se encuentra la pediatría, ginecología, medicina interna, cardiología, oncología, traumatismo, etcétera. Pues bien, el periodismo se puede clasificar por medio de difusión como escrito, radiofónico, televisivo y en constante cambio, digital.

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También, se puede extender por temáticas como: deportivo, cultural, económico, seguridad y justicia, política, científico, ambiental, empresarial y más.
Además, los periodistas pueden desempeñar diferentes roles: reportero, fotógrafo, camarógrafo, editor, redactor, jefe editorial, revisor, jefe de redacción, diseñador, locutor, presentador…
Un axioma que algunos profesionales de la comunicación seguramente no comparten será el hecho de que “en periodismo NO existen las reglas”. Claro, las normas son válidas en la composición de una fotografía, las reglas de puntuación en la redacción y los principios de la locución. No obstante, la frase indica que el periodismo es un oficio en movimiento y cambio. No precisamente guiado por estudios y cifras, sino por la creatividad y la gallardía de inventar, o mejor dicho, atreverse a experimentar.
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Con el avance de la tecnología y el acceso al conocimiento, el periodismo ha mutado en nuevos formatos y tipos de expresiones, como sucede en las redes sociales. Los videopodcast y podcast se alejan y distinguen de los programas de televisión y radiorevistas.
Lo mismo ocurre con los videos en dirección vertical para Instagram y Tik Tok, los cuales se volvieron más populares desde la emergencia sanitaria de la COVID-19 que mantuvo a la población en aislamiento durante semanas, quienes buscaron contenido e información nueva en modos disruptivos.

En ese sentido, surge la producción de infografías, historias de menos de un minuto, carruseles, memes y hasta estampillas digitales (stickers en WhatsApp). De ese modo, el periodismo requiere con urgencia reinventarse a cada instante y a un ritmo apresurado.
A pesar de la autenticidad, lo espontáneo o la producción de contenido multimedia e interactiva, el periodismo guarda ciertos principios fundamentales que no puede olvidar y lo distingue de otras ramas como la literatura y la divulgación científica.
En principio, se encuentra la curación o filtro de la información, como se mencionó anteriormente. El periodista no transcribe letra por letra la opinión o declaración de las fuentes de información, como si lo quisiera un funcionario o especialista.
Ocurre una selección de la información que se considera relevante, precisa o urgente para la audiencia. Dicho principio lleva a dar un paso atrás con los tipos de periodismo, pues es una labor que no puede ser gratuita. En origen, los medios de comunicación son empresas. Sin embargo, el servicio del periodismo puede ser ofrecido por un particular con sus respectivas credenciales.
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Retomando el tema de la clasificación y roles de los periodistas, un periodista puede aplicar sus habilidades en entidades privadas, públicas o internacionales, o bien, ser independientes (esto es válido para un artículo diferente). En consecuencia, el periodista podrá trabajar para el Estado, el sector privado, la prensa, organizaciones no gubernamentales u organismos internacionales.
Aquellos que laboran en un medio de comunicación bajo el mandato gubernamental, continúan ejerciendo el periodismo bajo otra óptica, una institucional. En cualquier caso, la curación siempre será para exaltar el trabajo del patrono. No es muy distinto en la empresa. En este punto aparecen otras aristas como las relaciones públicas, ejercidas por un comunicador que actúa como periodista y embajador de una marca o compañía.

Un relacionista público trabaja en beneficio del vínculo con los periodistas, lo cual es una relación simbiótica, ya que obtienen resultados positivos cuando existe una comunicación fluida, asertiva, pronta y precisa. Los periodistas realizan un filtro en favor de los presuntos intereses de los lectores, radioescuchas y televidentes o usuarios que consumen su contenido. Esto les permite cuestionar y ser incómodos.
Acá encontramos una rápida discusión sobre la audiencia, ya que un mismo tipo de prensa puede estar enfocada en grupos demográficos distintos por su sexo, edad, nivel académico, ubicación geográfica o poder adquisitivo.
Ahora bien, ser incómodos no quiere decir tener licencia para ser insolentes. Si un periodista se refiere a la vestimenta, orientación sexual, condición de discapacidad, apariencia o a sus familiares, entonces no es un trabajo periodístico.
Si se trata de un funcionario, se debe enfocar en sus acciones en este cargo y cómo influye con otros aspectos de la sociedad. Si un presidente o congresista adquiere vehículos y prendas con su salario, no se trata de un asunto informativo. Ser periodista no es justificación para invadir la privacidad de los demás o violar leyes en nombre de la libertad de expresión. ¡Alerta con la difamación y la calumnia!
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Un periodista incómodo es aquel que no es complaciente con sus preguntas. Ejecuta un trabajo de minero que busca esas piezas escondidas u ocultas, para que la sociedad no las omita u olvide. Mientras más tiempo y recursos se invierten, a eso se le denomina periodismo investigativo, aunque la habilidad de indagar es innata en el espíritu del oficio.

Poco antes de terminar, me gustaría dar mi respuesta a la interrogante principal.
El periodista sí puede ser activista cuando defiende la libertad de expresión, el acceso a la información y los derechos humanos. Contar con ideología y creencias no hace más o menos objetivo a un periodista, lo cual abre un nuevo debate sobre la objetividad y la imparcialidad.
Los comunicadores pueden ser de derecha o de izquierda, liberales o conservadores, moderados o radicales, pero eso no debería afectar el respeto a los derechos civiles, políticos y humanos de los demás.
Los enfoques y las audiencias serán distintos, eso se notará en los productos periodísticos y los formatos.
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Lo que no debería estar permitido es cuando los periodistas son activistas de sus personalidades y las noticias no son los hechos, sino su ego. Así tampoco cuando aceptan dinero o algún otro beneficio en favor de alguna fuente de información o tema, ya sea para promocionarlo o no publicarlo. Porque existe el principio de que lo que no está en los medios, no existe.
Definir el activismo desde el periodismo es una conversación para otro artículo, así como la profesionalización del oficio, los retos con la inteligencia artificial y la competencia por la atención junto a los creadores de contenido.
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Gabriel Morales
Periodista egresado de la USAC. A veces fotógrafo, otras redactor y algunas autor de críticas fílmicas o sociopolíticas. Creyente de la libertad, la educación y la democracia. Siempre estudiante. Miembro de la Junta Directiva de Telégrafo.














