Alimentación Saludable: Una estrategia clave para prevenir las enfermedades crónicas no transmisibles

Una alimentación desequilibrada no solo afecta tu peso; altera tu microbiota y aumenta el riesgo de padecer diabetes, hipertensión o alguna otra enfermedad crónica no transmisible. Como señala la evidencia hasta ahora disponible, elegir patrones alimentarios saludables es una inversión en longevidad. Descubre la importancia de transformar tu dieta diaria en una estrategia de prevención primaria efectiva y sostenible.

La alimentación saludable constituye un pilar fundamental para la salud y la prevención de enfermedades crónicas no transmisibles a lo largo de la vida. Una dieta equilibrada contribuye de manera significativa a la reducción del riesgo de estas patologías. Asimismo, la adopción de hábitos alimentarios saludables mejora la calidad de vida y se consolida como una estrategia efectiva y sostenible de prevención primaria, con un impacto positivo tanto a nivel individual como poblacional.

¿Qué son las enfermedades crónicas no transmisibles y por qué importan?

Las enfermedades crónicas no transmisibles (ENT) son un grupo de afecciones cuyo origen no está asociado a una infección aguda y que presentan las principales causas de muerte y discapacidad a nivel mundial.  

Reconocerlas permite comprender que muchas de ellas pueden prevenirse mediante estilos de vida saludables, así como detectarse en forma temprana para evitar complicaciones graves. 

La información y la educación en salud son herramientas esenciales para fomentar comunidades más sanas y responsables. Partiendo de esta premisa, resulta indispensable analizar los factores que influyen en el desarrollo de las ENT, diferenciando entre aquellos aspectos que no podemos cambiar y aquellos que sí están en nuestras manos modificar para proteger nuestra salud: 

Lo que no podemos cambiar
  • Antecedentes familiares de predisposición a enfermedades como diabetes o hipertensión.
  • Determinantes sociales de la salud tales como condiciones socioeconómicas, culturales y ambientales.
  • Alimentación no saludable.
  • Sedentarismo.
  • Consumo de drogas como alcohol, tabaco, fármacos de prescripción, entre otros.
  • Sobrepeso u obesidad.
Crédito: Principales elementos de los determinantes multinivel socioeconómicos de la salud de Dahlgren-Whitehead.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) las condiciones que se incluyen en este grupo de enfermedades no transmisibles son enfermedades cardiovasculares como hipertensión arterial o accidentes cerebrovasculares (derrames), diabetes, cáncer y enfermedades pulmonares crónicas.

Muchas de las antes mencionadas pueden prevenirse tras la reducción de los factores de riesgo modificables tomando acción en mejorar la alimentación, promover actividad física a través de ejercicio, danza o actividades al aire libre y evitando el consumo de alcohol y tabaco.

Crédito: Factores de riesgo metabólicos y comportamentales de las Enfermedades Crónicas No Transmisibles. Organización Panamericana de la Salud, 2017.

El papel de la microbiota intestinal en la salud y la enfermedad

La microbiota el conjunto de microorganismos alojados en el intestino que contribuyen a la digestión, regulan la respuesta inmunológica y participan activamente en el metabolismo.  El equilibrio de la microbiota intestinal es fundamental para la salud. Su alteración puede asociarse a diversas enfermedades. 

Dentro de las funciones vitales de la microbiota se encuentra la nutrición de células intestinales que regulan la inflamación, ayuda a la maduración del sistema inmune en conjunto con la integridad de la barrera intestinal y también ayuda en el ámbito metabólico regulando el peso corporal, transformando grasa y glucosa para la producción de energía, vitaminas y hormonas que regulan el apetito.

La dieta occidental: un patrón alimentario que aumenta el riesgo

Como característica principal incluye alimentos con elevado aporte calórico y escaso valor nutricional. Tales como:

  • Altas cantidades de grasas saturadas: aumentan la inflamación crónica y altera la composición de la microbiota intestinal. Puede encontrarse en carnes rojas, carnes procesadas, embutidos, lácteos, alimentos fritos con aceites refinados.
  • Altas en azúcares simples y refinados: propicia una disbiosis intestinal, crecimiento de bacterias dañinas y alto riesgo de resistencia a la insulina. Presente en bebidas con alto contenido de azúcar, postres de origen industrial, pan blanco y cereales refinados.
  • Elevado consumo de ultraprocesados: genera inflamación crónica y deteriora la salud metabólica. Presente en alimentos listos para consumir (congelados), con cantidades elevadas de aditivos, saborizantes, colorantes, grasas trans, sodio y calorías vacías.
  • Baja en fibra dietética: generando disbiosis intestinal. Causado por déficit en el consumo de frutas, verduras, legumbres y granos integrales.

Entonces, la dieta occidental se asocia de manera consistente con riesgo elevado de alteraciones metabólicas, inflamación crónica y disbiosis intestinal por su alto contenido de grasas saturadas, azúcares refinados, y alimentos ultraprocesados, así como su bajo aporte de fibra.

Estos patrones alimentarios favorecen el desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles, entre ellas diabetes mellitus tipo 2, enfermedades cardiovasculares y ciertos tipos de cáncer, especialmente el colorrectal, evidenciando la importancia de promover modelos de alimentación más equilibrados.

Crédito: Biocodex, Microbiota Institute, 2021.

¿Qué caracteriza a una alimentación saludable y por qué es clave para la salud?

Se habla de dieta saludable en la cual los macronutrientes (carbohidratos, proteínas y grasas) son consumidos con moderación, simultáneamente se ingieren micronutrientes (vitaminas y minerales) y una buena hidratación para satisfacer las necesidades diarias del cuerpo.

Basado en la comprensión del requerimiento nutricional y su impacto directo en la salud, los patrones dietéticos saludables incluyen diversidad de alimentos de origen vegetal (como frutas y verduras), antioxidantes, fuentes de ácidos grasos de omega-3 y baja en azúcares refinados.

Dieta mediterránea: un modelo de alimentación saludable y preventivo

Alimentación basada en cocina tradicional proveniente de países que se encuentran próximos al mar mediterráneo, en la cual existe un elevado aporte de valor nutricional y escaso aporte calórico. Este modelo dietético resalta por su bajo contenido de grasas saturadas, un adecuado balance entre ácidos grasos omega-3 y omega-6, consumo reducido de proteína animal y alta ingesta de componentes antioxidantes y fibra dietética.

La base dietética mediterránea se sustenta en un consumo diario de alimentos de origen vegetal. En cada comida principal se recomienda incluir dos o más raciones de verduras y frutas, así como cereales integrales. Lo que contribuye al adecuado aporte de micronutrientes y mantenimiento de la salud intestinal.

De forma diaria se aconseja consumo de aceite de oliva como principal fuente de grasa, acompañado de cantidades moderadas una ración de frutos secos y derivados lácteos. A lo largo de la semana; se prioriza el consumo de pescado y mariscos, seguido de carne blanca. Es importante resaltar que la carne roja y carne procesada debe limitarse a un consumo ocasional, idealmente menos de dos raciones por semana. 

Estos cambios en la dieta se han asociado con una reducción aproximada del 30% en el riesgo de eventos cardiovasculares mayores, una disminución del 36% en el riesgo de desarrollar hipertensión arterial y mejoras en reacciones inflamatorias sistémicas. Consolidando así la dieta mediterránea como una estrategia eficaz en la prevención de enfermedades crónicas no transmisibles.

Crédito: Freepik, 2021.

La evidencia expuesta demuestra que la alimentación juega un papel fundamental en la prevención de enfermedades crónicas no transmisibles, principalmente a través de la modificación de los factores de riesgo asociados al estilo de vida. Mientras que patrones alimentarios como la dieta occidental favorecen a la inflamación crónica y disbiosis intestinal; modelos equilibrados como la dieta mediterránea promueven la salud metabólica, cardiovascular e intestinal. Adoptar una dieta variada, rica en alimentos de origen vegetal, fibra y grasas saludables representa una intervención clave para mejorar la calidad de vida y reducir la carga de enfermedad tanto de forma individual como poblacional.

Para mantener un estado óptimo de salud, la OMS recomienda incluir al menos 400 g de frutas y verduras al día, limitar la ingesta de grasas saturadas a menos del 10% del consumo energético total, reducir consumo de sodio a menos de 5g diarios y, por último, disminuir el aporte de azúcar a menos del 5% de la ingesta calórica total.

La evidencia disponible confirma que la alimentación es un pilar fundamental en la prevención de las enfermedades crónicas no transmisibles. Modificar los hábitos alimentarios permite actuar directamente sobre los principales factores de riesgo asociados al estilo de vida.

Adoptar una dieta variada, rica en alimentos de origen vegetal, fibra y grasas saludables no solo mejora la calidad de vida, sino que constituye una inversión a largo plazo en salud individual y colectiva. Comer mejor hoy es una de las decisiones más poderosas para prevenir la enfermedad mañana.

Crédito: Alimentación saludable, OPS

Conceptos de importancia: 

  • Alimentos procesados: son alimentos con alteraciones a su estado natural con el fin de aumentar la vida útil, agregando ingredientes refinados, aditivos, cantidades considerables de azúcar, sal y grasas.
  • Inmunidad: capacidad que tiene el cuerpo para defenderse de enfermedades y sustancias extrañas para el organismo.
  • Metabolismo: conjunto de reacciones químicas donde el cuerpo descompone alimentos (calorías) para generar energía.
  • Disbiosis intestinal: desequilibrio en la microbiota intestinal. Por exceso de microorganismos dañinos para el ser humano en conjunto con déficit de microorganismos que benefician en la digestión y sistema inmune.
  • Baja densidad nutricional: se manifiesta con déficit nutricional, fatiga, alteración del sistema inmune. Provocada por exceso de calorías con bajo aporte de vitaminas, minerales y antioxidantes esenciales.
  • Fitoquímicos: compuestos presentes en frutas, verduras y cereales que brindan color, sabor y aroma, con beneficios antioxidantes y antiinflamatorios para el ser humano.

Escrito por: Alejandra Fuentes

Médica y cirujana egresada de la USAC, amante de la naturaleza y del arte.

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