A miles de kilómetros del hogar, hasta el aire se percibe distinto. Rostros nuevos, aromas desconocidos, calles que nunca se han visto, un destino incierto y quizá unas cuantas monedas familiares en el bolsillo; esto es tan solo la punta del iceberg cuando hablamos de lo que han experimentado miles de nicaragüenses, guatemaltecos y latinoamericanos al enfrentar el exilio por razones políticas.
Carlos Bojorge nació en Managua, Nicaragua, el país donde emergieron sus primeras palabras y versos, país donde enfrentó uno de los desafíos más difíciles de su vida: un arresto sin orden judicial y un encarcelamiento durante nueve meses. El 1 de enero de 2024 fue arrestado luego de participar en un cortejo procesional religioso en la catedral de Managua.
De acuerdo con Infobae, el 5 de septiembre de ese mismo año fue expulsado de Nicaragua junto con otros 134 presos políticos y trasladado a Guatemala, como parte de una medida que lo obligó a abandonar su país.

La poesía de Carlos Bojorge
Su poesía pendula entre el dolor del exilio y el encarcelamiento y la fe en un cambio social verdadero. Sus versos son heridas abiertas y al mismo tiempo, un bálsamo para quienes se encuentran lejos de casa con la esperanza de regresar algún día. En sus poemas, brota la nostalgia por un país cooptado por mercenarios de la política.
Anécdotas cotidianas, platillos, descripciones de lugares y personas tan solo forman una pequeña parte del universo poético de Bojorge. En su obra, el lector encuentra retratos poéticos de una Nicaragua que agoniza ante la incertidumbre, el dolor y los vejámenes sufridos por miles de presos políticos exiliados, pero que a su vez, mantiene una esperanza en aquellos que buscan genuinamente una transformación social positiva.
Por otro lado, los textos guardan una estrecha relación con referencias culturales y literarias nicaragüenses, entre las que destacan algunas al poeta y sacerdote Ernesto Cardenal (1925-2020), una de las plumas nicaragüenses más reconocidas de la época contemporánea.

La voz de Bojorge se alza a través de la poesía, en honor de aquellos que no pueden hacerlo porque no cuentan con los medios o porque sus vidas fueron silenciadas en medio de la crisis política. En el primer texto del libro, encontramos Exiliado, poema que inicia con estos versos:
Me expulsaron sin tanto equipaje
en otro día oscuro de Nicaragua,
con la patria en el corazón
y un verso amargo atravesado en la garganta
Sin embargo, al recorrer el resto de los textos, es posible encontrar atisbos de fe en un cambio real, pese a la complejidad de la situación de Nicaragua. A continuación, comparto tres versos que forman tan solo una pequeña parte de la obra:
Respiro Libre
Era el día de nuestra libertad
y hablábamos con la voz entrecortada
por la alegría,
por la esperanza,
y por un país que se nos quedó atravesado en la garganta.
Un país que dejamos atrás,
pero que sigue latiendo en cada palabra,
en cada lágrima no llorada,
en cada paso que ahora damos sin cadenas.
Guatemala nos recibió con su cielo abierto
el mismo día en que recuperamos
el nombre,
el aliento
y la fe.
Entendimos que no hay patria más profunda
que la que uno lleva en el pecho.
Y que a veces, la libertad no llega montada en un himno,
sino en el silencio después de la tormenta,
en la primera palabra dicha sin miedo,
en el abrazo de un país que no te vio nacer,
pero sí te vio renacer.
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Fe cardíaca
Esperanza suprema,
puesta en el Dios humilde y pobre,
pero que es amarrado con cadenas
por quienes se lucran con el sufrimiento
y convierten la fe
en espectáculo de vanidades.
¿Fe y esperanza en quién?
Sino en vos mismo,
bañado con lodo
de lluvias que borran el polvo de mis calles,
y traen la bendición del que está arriba,
pero también aquí abajo,
sudando aún lágrimas
de dolor y angustia.
Fe que nace en los matorrales del campo,
pero que se desvanece tristemente
en los torrentes prolongados
del consumo insaciable
de unos cuantos desgraciados,
que solo piensan en ellos.
Fe agrietada
por el temblor profundo
que provoca esta sociedad en mi gente:
pobreza desalmada y mustia,
faro de naufragios,
pero oscuridad pura con los míos.
Esto es para el hipócrita
que se hace llamar cristiano.
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Coraje
Quisiera vestirme de rabia y
combatir a eso que me roba el amor,
estrangular la mina que contamina o
decapitar a un dictador.
Proporcionar las claves sonoras
de lo que pronto
será el himno de la libertad
y que pueda mi pueblo
por fin de cantar en paz.
Amarrar a las bestias
que deambulan en mi patria para la perdición de las almas
o ultrajar mítines políticos
sin reprochar la paga del delito,
por lo cruel que traerá el idilio.
Tener coraje al reprimir maldades y salir
a gritar por las calles …
“Bienaventurado el mareado de justicia,
porque llegará el día en que conquiste la paz”.
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María Alejandra Guzmán
Periodista, redactora y gestora de actividades culturales en Guatemala con amplia experiencia en creación de contenido digital.








