Amar, trabajar y abrazar el dolor

Huir de lo que existe y perseguir lo inexistente, nos somete a un interminable desconsuelo, recorrer la vida dormidos y carecer de una vida saludable.

Vivimos acostumbrados a temerle e inclusive huirle al dolor, el sentimiento que enerva desde lo más recóndito de nuestro interior, ingeniando maneras de ignorarlo a toda costa, empecinados en encontrar y alcanzar la felicidad absoluta, la carencia de vulnerabilidad y olvidándonos hasta cierto punto, que este recorrido incomprensible llamado vida tiene un final, prácticamente viviendo de forma insana. 

Nadie nos menciona que la felicidad absoluta no existe y si lo hacen, creemos que el comentario surge del inconformismo del individuo. Tampoco nos dicen que el dolor es más fuerte que la felicidad misma.

La salud mental es igual o aún más importante que la salud física y aun con los constantes avances de la sociedad y del ser humano, continúa siendo un tabú. En esta sociedad de extenuantes ritmos de vida, estamos todos los días expuestos a situaciones de ansiedad constante que, junto con factores genéticos y biológicos, predisponen al padecimiento de enfermedades mentales.

El primer paso y uno de los más importantes para detener la autodestrucción provocada por la constante búsqueda de la felicidad absoluta, es reconocer que tenemos un problema y debemos tratarlo. Debemos soltar la vergüenza y la absurda creencia de que sentir es un sinónimo de ser débil, y que la carencia de afecciones o enfermedades, son suficiente para restarle importancia. 

Estos trastornos no son producto de una debilidad emocional, ni son propios de personas que exageran las emociones que atraviesan. Son enfermedades y deben ser tratadas como tal. Así como cuando nos duele alguna parte del cuerpo, hay gente que estudió para tratarla. 

De la misma forma, cuando son las emociones las que nos duelen, existe gente que estudió para tratarlas.

Sigmund Freud, el fundador del psicoanálisis, estableció dos pilares fundamentales al momento de evaluar quien es considerada una persona sana. Estos pilares son: el amor y el trabajo

¿Quiere decir entonces que si una persona es feliz con quien está y es feliz con lo que hace, esa persona será una persona sana?  Esta teoría es demasiado compleja como para precipitarse a reducirla al trabajo remunerado o a una cuestión de enamoramiento.

El amor

Establecer vínculos afectivos con los semejantes y con el mundo en general, eso es amor, pero ¿cómo puedo establecer un vínculo sostenido por el amor si no puedo amarme a mí mismo?

Irónicamente, el amor propio se alimenta del amor ajeno, desde el momento en que nacemos, con las personas cercanas a nosotros, a partir de actos, frases y afecto de los demás, construimos dicha autoestima y es que es desde el momento en que nacemos, es el amor el que nos permitirá dirigir el impulso de vivir hacia el exterior, fuera de nosotros mismos.

¿Cómo proceder si el amor ajeno construyó la falta de afecto hacia mí mismo?

Analizar y pelear cara a cara con los fantasmas y las voces que habitan en nosotros y que nos empujan a lugares que nos hacen sufrir, hacia lecciones que hacen daño. 

Debemos armarnos de valor para comenzar a enfrentar esas lecciones y como decíamos al inicio, abrazar el dolor, transformarlo para avanzar y crecer.

¿Cómo quererme un poco más?

Abordar la autocrítica evitando el autocastigo. Cuestionarse, comprender y corregir, porque es la autocrítica la que nos permite cambiar una actitud.

El autocastigo, por el contrario, drena las ganas de cambiar la actitud porque el precio del error ya fue pagado, castigado y sufrido. Recordar también que el amor se encuentra en todas partes, si eres tú el que lo porta, practica, siente y exterioriza. 

“El amor es justamente ese pequeño milagro que a veces aparece y que suaviza 

nuestras faltas"

Gabriel Rolón.

El trabajo

Trabajar conlleva a la capacidad de aceptar retos, comprometerse, dirigir el interés hacia asuntos de un determinado grupo de personas, así como alcanzar de manera exitosa objetivos grupales e individuales.

El trabajo implica desarrollar y poner en práctica habilidades emocionales y cognitivas que denotan en nosotros, un estado de conciencia propio de una persona saludable.

Si hablamos del trabajo desde la perspectiva de producir algo en el mundo real.Este consistiría entonces en dirigir el interés y esfuerzo hacia asuntos comunitarios, por ejemplo, esto con la única finalidad de hacer aportaciones constructivas

Según Freud, el principio del placer junto con el principio de realidad son principios que rigen el funcionamiento psíquico humano. El principio de placer entendido como rector de los actos que tienden a la consecución del placer o, mejor dicho, al alejamiento del dolor o displacer. Freud considerará que el “ello”, que es el inconsciente, está regido por el principio del placer que tiende a la inmediata satisfacción y realización de todos los deseos y pulsiones, bien desde la fantasía, a efectos de reducir la excitación o dolor, sin embargo, mediante el principio de realidad el “yo” toma la decisión de si debe realizar o postergar la satisfacción de los deseos.

La vida misma está llena de pulsiones con satisfacciones inmediatas y es el trabajo la manifestación de renuncia a dichas satisfacciones y una prueba tangible de que existen vías alternas para encontrar gratificación fuera de las condiciones establecidas o necesarias en la sociedad.

¿Qué hago si mi trabajo no me hace feliz?

Recordar que esta concepción de trabajo que engloba la salud mental, no se sostiene necesariamente a una cuestión profesional, sino que incluye también cualquier otra producción, como lo puede ser una producción artística o una producción intelectual, por ejemplo. 

Veámoslo de esta forma. Todos hemos vivido momentos en los que nos encontramos completamente absortos en la actividad que estemos realizando y al finalizar, merodea esa sensación de que el tiempo se fue volando, o hemos estado también en la posición de realizar múltiples y constantes esfuerzos para concretar alguna tarea y sin embargo disfrutamos de ello. 

Es importante mencionar acá al psicólogo húngaro, Mihaly Csikszentmihal, el cual engloba la felicidad laboral dentro de su “teoría de flujos” y a ese estado de flujos lo define como el sentimiento de que lo que se hace, vale la pena. Ese sentimiento surge en quienes ponen en juego habilidades apropiadas para alcanzar una meta u objetivo. Los extensos estudios científicos al respecto definen a ese estado como “aquel en el que actuamos con involucramiento y este actuar aleja de la consciencia las preocupaciones y frustraciones de la vida cotidiana, desaparece la preocupación por la personalidad hasta cierto punto y nos permite vivir el presente provocando así la alteración del sentido de la duración del tiempo”.

Es muy fácil vivir dormido e inconsciente de los procesos internos que nos transforman para crecer como seres humanos y enriquecernos entre todos, despertar y tomar en cuenta los dos pilares mencionados, nos permitirán recorrer el mundo con menor nivel de agresión y violencia.

Y vos, ¿Cómo amas? ¿Cómo trabajas?  

1 comentario
  1. La felicidad absoluta no existe, aunque la busquemos y trabajemos por ella incansablemente a diferencia del dolor que es un sentimiento que está presente en nuestras vidas y no porque lo busquemos sino porque es parte de ella, el dolor es algo que no quisiéramos sentir pero llega a nosotros en diferentes etapas de nuestra vida y con diferente intensidad. Sentir dolor no es malo aunque no es necesario, pero del dolor aprendes, el dolor te hace crecer, te hace más fuerte, te hace madurar, te hace valorar más lo que tienes. Y yo cómo trabajo? Tu trabajo debe gustarte, debes querer y agradecer esa tarea que te permite llevar comida a tu mesa, que te permite tener un techo y vivir dignamente en tu vida. Cómo amo? Eso es complicado… pero si he aprendido a amarme a mi misma antes que a cualquier otra persona, el no amarme yo no me permitirá transmitir amor a nadie más. Y cómo aprendí a amarme a mi misma? El dolor me enseñó !!

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