Anaïs Taracena: “Me gusta trabajar con temas muy políticos y que tienen una carga histórica”

Anaïs Taracena encuentra en la memoria histórica y los temas políticos su mayor inspiración. Con su documental El silencio del Topo, revela las impactantes historias de quienes arriesgaron sus vidas en la oscura época de la represión militar en Guatemala. A través de su lente, Taracena nos invita a reflexionar sobre el pasado y su conexión con el presente, mostrando su compromiso con la verdad y la justicia.

“El silencio del Topo” de Anaïs Taracena es un documental que cuenta la historia de un hombre llamado Elías Barahona, quien se infiltró como secretario de prensa para ganarse la confianza del ministro de Gobernación, Donaldo Álvarez Ruiz, entre los años de 1976 y 1980, con el fin de proporcionar información que le salvaría la vida a personas que eran víctimas de persecución política por parte del régimen militar de Fernando Romeo Lucas García.

Una de las épocas más oscuras y sangrientas en la historia de Guatemala, pero también una de las más difíciles de documentar debido a la falta de registros, imágenes y material disponible al público.

Donaldo Álvarez Ruiz siendo entrevistado por medios de comunicación. Foto de Guillermo Cacao
Donaldo Álvarez Ruiz siendo entrevistado por medios de comunicación. Foto de Guillermo Cacao

Algunos de los eventos retratados por el filme están relacionados con el conflicto armado interno, las desapariciones forzadas, y la quema de la embajada de España el 31 de enero de 1980, donde fallecieron 37 personas. Este último incidente da lugar a uno de los momentos más cruciales de la película, cuando Elías Barahona testifica en contra de Pedro García Arredondo, exjefe del comando seis de la Policía Nacional, el único responsable que ha podido ser enjuiciado por esta tragedia.

La primera vez que Anaïs Taracena agarró una cámara y decidió grabar algo, fue el tema del exilio.

“Me gusta trabajar con temas muy políticos y que tienen una carga histórica”, 

dice Taracena.

Incluso los primeros trabajos que grabó estaban muy vinculados a la identidad y su multiplicidad, el territorio, la desterritorialización y el desraizamiento, pero ya después empezó a sumergirse a la la memoria histórica de Guatemala, lo que ha forjado sus proyectos como cineasta. 

Taracena no siempre vivió en Guatemala. De hecho, su padre, un historiador, fue exiliado, por lo que ella creció en Costa Rica.

No fue hasta la firma de los Acuerdos de Paz en 1996 que su padre volvió a tierras guatemaltecas; sin embargo, cuando tenía 12 años sus padres se separaron. 

Visitaba a su padre una vez al año hasta que después las visitas a Guatemala se volvieron más regulares. Aun así, su casa en Costa Rica siempre fue un lugar seguro para exiliados centroamericanos.

“En mi casa llegaban guatemaltecos y salvadoreños exiliados. Somos una casa centroamericanista”,

menciona.

A pesar de estar en Costa Rica, la historia de Guatemala siempre estuvo presente en su casa. Su tío, también es historiador, y sus primas, tuvieron que exiliarse en Costa Rica.

“Entonces era como tener a Guatemala, digamos, en el exilio. Así era la forma de vivir Guatemala”, 

añade.

Taracena estudió en Francia y tiene un máster en Ciencias Políticas. En ese país coincidió con el hermano de Elías, David Barahona, quién llegó como refugiado y con quien grabó su primer cortometraje documental De tripas, corazón, en 2011, donde también aborda el tema del exilio.

Fue por medio de David Barahona que se le presentó a Elías, evento que pondría en marcha la creación de “El silencio del Topo”.

Después de muchos relatos que David le hacía sobre Elías y que le hacía a Elías sobre ella, al igual que la entrega de unas memorias escritas en tercera persona por Elías, entabló una amistad con Elías cuando ya se instaló a vivir en Guatemala y lo conoce personalmente.

“La amistad inició sin que yo supiera que iba a hacer un documental… Yo empiezo a investigar para ‘El silencio del Topo’ y decidí hacerlo por la muerte de Elías, pero nosotros ya llevábamos dos o tres años de conocernos”,

recuerda.

Elías Barahona testificando en el juicio por la quema de la embajada de España.
Elías Barahona testificando en el juicio por la quema de la embajada de España. Foto por Asombro Producciones

“Luego que él se enferma, me pide que lo filme en el juicio que hay por la quema de la embajada de España… Después de eso lo acompaño a su casa y lo filmo, y de hecho, casi que esa fue la última vez que nos vimos porque Elías fallece realmente muy poco tiempo después”,

comenta.

Más allá de la amistad con Elías, la historia tiene un trasfondo personal para la directora, debido a la conexión que tiene con el exilio de su padre.

“Si yo no hubiera tenido esa vivencia de exilio, no sé si hubiera abordado ese tema, o tenido el interés, o no sé si hubiera conocido a Elías… Él sentía como que había conexión porque yo también podía empatizar con ese lado de desraizamiento que él pudo haber vivido y que vivía su hermano, entonces él se sentía cien por ciento entendido por mí aunque fuera de otra generación”,

agrega.

Para Taracena no era solo un proyecto más que documentar, sino una promesa hacia Elías, de contar su historia.

Él le había pedido que esta quedara plasmada en imagen, pero lo tenía grabado con Elías apenas daba para un cortometraje, y debido a la falta de archivos y que Barahona ya había fallecido, menciona que el prospecto de hacer un documental representaría un proceso largo, difícil y con muchos obstáculos. No obstante, ella estuvo decidida a llevarlo a cabo.

La cineasta explica que las personas la calificaban de loca y le sugerían que cambiara de tema. A pesar de ello, sentía un impulso descrito como una búsqueda personal y familiar en esa historia. 

“El silencio del Topo cuenta la historia de Elías Barahona, un hombre que se infiltró como secretario de prensa para salvar vidas durante uno de los periodos más oscuros de la historia de Guatemala”.

Retos de llevar esta historia a la pantalla grande

Uno de los desafíos que detalla Taracena a la hora de realizar “El silencio del Topo” fue la preservación del material histórico, es decir, los archivos no se mantienen de forma adecuada.

“No ha habido y sigue sin haber una política de archivos en Guatemala, por el tema de la guerra… Los canales de televisión de ese entonces ya no existen, hubo una cantidad de cateos, los periodistas eran perseguidos, el material fue destruido por la misma represión del Estado, y aunque hay algunos espacios en donde sí está el material, no hay como un catálogo que se pueda consultar”,

detalla.

Algunas de las imágenes que son utilizadas en “El silencio del Topo” fueron proporcionadas por Pamela Yates, otra documentalista con un enfoque similar de memoria histórica que ha hecho películas como “Cuando las montañas tiemblan” (1983) y “Granito” (2011).

Una de las entrevistas de Elías que aparece en “El silencio del Topo” fue grabada por Yates y como menciona Taracena, las imágenes a menudo provienen de periodistas o cineastas extranjeros que lograron salvar copias y sacarlas de Guatemala para su preservación, ya que el material que hay disponible de la década de los 70 y 80 es muy escaso.

Taracena considera que si en algún momento llegase a haber un instituto oficial de cine, espacios del Ministerio de Cultura y Deportes y un fondo que no vaya a cambiar cada año, o con cada gobierno, podría mejorar la situación para llevar a cabo cine en Guatemala.

“Eso le daría un impulso a los proyectos en Guatemala, por lo menos para financiarse en parte, porque no creo que puedan financiar todo, pero sí dar el primer impulso para que uno siga buscando espacios de formación porque en otros países donde sí hay una ley de cine o un instituto de cine la producción cinematográfica es mucho más grande”,

sostiene.

El silencio del Topo mostrando las notas con las que Elías informaba a los guerrilleros.
El silencio del Topo mostrando las notas con las que Elías informaba a los guerrilleros. Foto por Asombro Producciones.

A pesar del tema de la película, Taracena afirma que no hubo ningún tipo de censura o intento por detener la distribución de la cinta.

“El principal obstáculo de distribución que tenemos todos y todas en Guatemala es que no hay plata… No tenemos plata para mover nuestras películas. Si la quieres poner en cines tienes que invertir, hay que ir a todas las proyecciones, hay que invitar, hay que moverse en redes sociales, se necesita la película en diferentes formatos, etcétera”,

afirma.

Poco a poco “El silencio del Topo” ha encontrado una audiencia. Después de un primer recorrido en festivales y una cierta duda sobre cómo se iba a presentar en Guatemala, Taracena empezó a mover la cinta en espacios culturales.

“Ya lleva dos años presentándose y se ha proyectado en diversos departamentos y comunidades”, añade.

Además comparte que al final de casi todas las proyecciones se hace un conversatorio porque para ella es fundamental que en estas funciones se pueda fomentar el diálogo.

Esa participación y acogida de la audiencia, Taracena considera que ha acuerpado a la película, al igual que los premios que ha logrado cosechar.

“Con la película se puede hablar de la fotografía, de cine, de narrativa, de memoria histórica, de periodismo, de archivos”, indica,

“Nosotros hemos trabajado mucho para que las personas que salen en el documental se sientan tranquilas y estén también en un espacio de confianza. No solo sueltas la película y ya, seguís pensando también en la forma de distribuirla. Cómo va a ser el póster, la imagen, la sinopsis, cómo la vas a mover en redes, a quiénes vas a invitar al foro, son muchas decisiones que se siguen tomando.”

Taracena durante el conversatorio que se llevó a cabo después de la función en los cines Capitol el 15 de octubre. Foto por Dereck Richman
Taracena durante el conversatorio que se llevó a cabo después de la función en los cines Capitol el 15 de octubre del 2024. Foto por Dereck Richman

El martes 22 de octubre a las 8 pm habrá otra función de “El silencio del Topo” en los cines Capitol por parte de la Sociedad Fílmica Iximulew la cual tendrá un costo de Q45 en taquilla, la cual también contará con la presencia de la directora.

“Para Anaïs Taracena, el cine es una forma de explorar la memoria histórica y la política de Guatemala, conectando su propia experiencia familiar con las historias que cuenta.”

Proyectos a futuro

Taracena se encuentra investigando para otro largometraje que tiene como título “El palpitar de los volcanes”, el cual también aborda el tema de memoria histórica, pero desde los volcanes y del imaginario político que se tiene en torno a ellos.

“Me gustaría mucho hacer un encuentro entre la geología, la poesía y la política. Soy apasionada de los volcanes. Me gusta subirlos y siempre me ha gustado fotografiarlos”, mencionando que inclusive en “El silencio del Topo” salen los volcanes, ya que siempre han estado allí y seguirán estando allí cuando ya no estemos, entonces los considera una especie de guardianes, la memoria del territorio, porque son los que siempre han presenciado todo.

“Me pregunto si los volcanes tienen una relación o si nos pueden ayudar a comprender la violencia cíclica en el país y al mismo tiempo estos también nos sirven como fuente de inspiración para la rebeldía”, añade la directora.

“Estoy cien por ciento segura que sí y se puede comprobar en muchos aspectos, no solo en Guatemala, sino a nivel centroamericano como en Nicaragua o en El Salvador, pero es mucho más amplio.”

Sin embargo, Taracena hace la salvedad de que está en las etapas iniciales de desarrollo y que realizar “El silencio del Topo” le tomó siete años, por lo que este proyecto le tomará al menos cinco. 

Para terminar, Taracena menciona que aún cuando “El silencio del Topo” ha sido proyectada en lugares muy diversos como Corea del Sur, Marruecos y Kosovo, el mensaje de la cinta ha logrado conmover a la audiencia.

“Al final hacemos películas para que gente muy diversa pueda sentir eso, que se sienta movida o atravesada e incluso cuando pienso que gente que no sabe mucho de Guatemala no la va a entender, pero la termina entendiendo. Entonces ahí es que está el poder del cine.”

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