“¡Atrévete a pensar!”, —Immanuel Kant.
Al llegar a la universidad, el estudiante se enfrenta a nuevos estímulos y factores que lo preparan para la vida cotidiana y profesional. Estas particularidades no son sólo académicas, sino también políticas, sociales y culturales. A lo largo de la trayectoria universitaria, el pensamiento del disidente se transformará: tendrá nuevas perspectivas y experiencias; desaprenderá prácticas y conceptos. Con los conocimientos que adquiera podrá incidir en la sociedad, caracterizada por sus desigualdades.
La educación superior es una oportunidad para construir, ampliar y reforzar el pensamiento crítico. Es decir, la capacidad de cuestionar las ideas, afirmaciones, posturas y argumentaciones para determinar su consistencia. Es un mecanismo de discernimiento para alcanzar la autonomía. Si bien algunas personas querrán establecer su visión como la única admisible, el universitario debe dudar de lo que se le dice. Esto lo impulsará a explorar y concluir por su parte. Así, podrá liberarse del adoctrinamiento y las nociones impuestas.
El objetivo es acercarse a la realidad a través de la reflexión y alejarse de estructuras y comportamientos manipulados. Sin embargo, esta duda metódica no es conveniente para quienes ostentan o buscan el poder. De ahí que seres perversos y egoístas busquen adormecer la conciencia del pueblo e implantar una narrativa según sus fines.
Ante esto, el universitario tiene la facultad de analizar —separar el todo en sus partes— y conforme la ejecute, fortalecerá su habilidad de razonamiento. Pues, el ser humano tiene la aptitud para formar ideas propias; limitarse a replicar el pensamiento de otros sería un retroceso en su evolución.
En un contexto social como el de Guatemala, donde el acceso a la educación superior universitaria es un privilegio, resulta un compromiso del alumno luchar por mejores condiciones de aprendizaje y ejercicio profesional. No obstante, esto no sucederá si la mente es reservada y reducida a la voluntad ajena. De ahí que, como en el periodismo, se deba verificar todo dato antes de admitirlo como una verdad.
A través del pensamiento crítico el estudiante podrá percibir más allá de las apariencias, razonar y acercarse a la esencia de los fenómenos. Por eso, este texto, más que una opinión, es una invitación a revelarse ante doctrinas limitantes que pretenden retener al ser en un mundo similar a la caverna de Platón. Solo así se podrá construir una sociedad más despierta, renuente a las injusticias que oprimen a muchos para enriquecer a pocos.
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Por último, no debe olvidarse que, tal como lo acentuó Eduardo Galeano: “libres son quienes crean, no copian. Quienes piensan, no obedecen. Enseñar es enseñar a dudar”.
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Yolanda Tórtola
Periodista egresada de la USAC, comunicadora social y estudiante de Criminología y Política Criminal. Apasionada por intercambiar aprendizajes. Disfruto bailar salsa, revisar textos y leer novelas policíacas.











1 comentario
¡Excelente columna!