Arévalo y Semilla: Un gobierno de transición a la democracia, o un intento fallido de salvación

Los gobiernos están al servicio de su población, pero en Guatemala eso parece quedar olvidado. Hace no mucho, se defendía la patria y la democracia a capa y espada. Hoy, se cuestiona si la decisión fue la correcta. ¿Es Arévalo el inicio de un cambio y las bases para el futuro o será simplemente un recuerdo más de un gobierno fallido?

Es interesante pensar cómo funcionan las democracias en el mundo. Sobre todo en Latinoamérica. Nuestros países viven, en su mayoría, bajo regímenes de corrupción y cooptación, haciendo que la idea de una democracia parezca utópica. Sin embargo, en Guatemala eso cambió. O es lo que se intenta. 

Hace no mucho, veíamos a la gente unida luchando por defender la decisión del pueblo en favor de los resultados electorales. Un claro golpe a las mafias del país, donde la población daba el primer paso a nuevos actores, a una pizca de esperanza. Durante todo este tiempo, hemos visto cómo las fuerzas del poder, aquellas que han dominado durante muchos años en este país, intentaron por todos los medios (hasta la fecha), imponer y atacar la vaga democracia que queda para seguir perpetuados en el poder. 

Arévalo era el salvador. Aunque realmente nunca se proclamó como tal, la mayoría de guatemaltecos creímos (algunos quizá todavía), en él y en su gobierno. Lo vimos como una forma de darle aire fresco a este sistema tan convulso. Era el gobierno de la gente y para la gente. Hasta que el juego intelectual y el actuar dentro del marco legal le han salido mal. 

Este gobierno, desde mi perspectiva, no ha logrado ganar ninguna batalla. No ha habido ni un solo momento donde realmente se pueda ver que el pulso de poderes es a favor de este gobierno. Quizá y unas pocas pinceladas, pero nada más. El último gran debacle: el reciente rechazo masivo hacia el seguro vehicular. 

A este gobierno le hace falta una planificación realista. Sentarse a ver las necesidades y armar un plan coherente y acorde a la realidad de los guatemaltecos. Ellos son nuevos políticos, por decirlo de una forma, reales, de la teoría. No obstante, como en todo, la práctica es muy diferente. Esto no solo se trata de aprobar por aprobar, para luego echarse para atrás. Estamos hablando de un país, no de un proyecto que podemos modificar y quitar cada que se nos plazca. Considero que, después de tanto, ya es momento de planes reales, de acciones pensadas, de dar un golpe sobre la mesa en favor de la dirección que se espera.

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Aún así, no todo es culpa de Arévalo. La gente ha exigido por años gobiernos que hagan algo realmente en pro de la población, pero, ¿qué está dispuesta la población a aceptar como correcto? Porque, sin ir muy lejos, el seguro parecía una medida justificada y bien pensada, tomando en cuenta los sucesos y accidentes vehiculares que han ocurrido. Pero la gente no está acostumbrada tampoco a esto. Quieren un gobierno, pero no quieren sentirse gobernados. Exigen medidas, pero al tomarlas la rechazan. Claro está que podríamos analizar más a fondo todo esto, entendiendo que la perspectiva social y el privilegio pueden dar una u otra opinión. Sin embargo, no podemos estar en contra de cada paso que este gobierno intenta dar. Al final, somos sus aliados, no sus enemigos.

Guatemala es un mundo partido a la mitad, donde claramente se ve un sentimiento por renacer y cambiar, dominado por la cultura y los años de actores y políticos fallidos. Este gobierno está intentando dar pasos pequeños, leves. Tiene miedo de equivocarse, porque no quiere quedar en la mente de los millones de guatemaltecos como el gobierno que les falló. 

Para bien o para mal, somos de memoria corta, y lo que se haga o no, en unos años estará olvidado. Si Semilla, Arévalo y todo este círculo quiere hacer un verdadero cambio en el país, deberá actuar sin miedo a la crítica, pero coherentemente, buscando el bien común. 

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La población siempre va a hablar, porque al final, no todas las medidas favorecen a todos. Pero eso es construir un país, es intentar alcanzar siempre la armonía en la gente, a sabiendas de que hay cosas que se deben mejorar y prever. El problema no está arriba, es estructural, es cultural. Pero ¿por dónde empezar a cortar la maleza? ¿Por la raíz o por las hojas? 

Hoy, Guatemala es un bosque, donde todo está atado de cierta forma. Nadie dice que hacer política y crear democracia se logre en un día, un año o incluso cuatro años. Esto toma tiempo, hay que atacar y fortalecer cada ámbito y estructura. Si Arévalo quiere hacerlo, debe empezar por fomentar la educación, velar por la salud y dar condiciones dignas a los guatemaltecos. No se trata de hacer felices a todos, se trata de demostrar con acciones que se está trabajando por el pueblo, y será este mismo quien lo ayude a salir adelante. 

Quizá todos los gobiernos, de este y todos los países, están destinados a fallar. Pero ¿es este fallo necesario para construir lo que tanto anhelamos y fortalecernos como población, o seguirá siendo la empresa para los políticos de turno, ganando millones y matando poco a poco a los que le dan de comer?

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