Celebrante y acompañante certificada en el duelo; con conocimientos de tanatología, logoterapia y psicología positiva. Interesada por conocer el comportamiento humano y aportar positivamente a la humanidad.
“Trabajo cada día para fortalecer mis valores y mi espíritu, con responsabilidad y humanismo, me esfuerzo por cambiar la vida de las personas, haciendo actos de amor que inspiren a crecer, a celebra la vida y a tener esperanza”
Las abejas son mucho más que miel y polinización. Detrás de estos pequeños seres existe un mundo sorprendente de organización, comunicación, adaptación y trabajo colectivo. Una visita a un apiario despertó mi curiosidad por conocerlas mejor y me llevó a descubrir que, además de ser esenciales para la naturaleza, la vida dentro de una colmena puede dejarnos grandes enseñanzas.
Durante mucho tiempo, he escuchado afirmaciones que parecen simples, pero que en realidad encierran preguntas profundas. Una de ellas es: ¿Realmente venimos del mono?
El propósito no siempre se descubre de una vez; con frecuencia se construye y se revisa a lo largo de la vida. Este texto propone una herramienta sencilla para hacerlo: detenerse, hacer balance (lo que una etapa nos dio y nos quitó) y definir qué podemos seguir ofreciendo sin perder lo esencial. También recuerda que propósito y sentido están conectados: cuando el sentido se nubla, el propósito se cuestiona; y cuando el propósito se revisa, muchas veces buscamos volver al centro. La invitación final es a elegir coherencia, límites y humanidad en lo cotidiano.
La despedida de un perro no es solo un final: es un momento cargado de emoción donde la ciencia y el corazón coinciden. Los perros perciben nuestras señales, buscan consuelo y responden al amor; aunque no entiendan la muerte como concepto, sí sienten la solemnidad del adiós.
El duelo es mucho más que llorar: es seguir sin fuerzas, casi sin darse cuenta; sonreír sin ganas y trabajar con el corazón pesado. Es aprender a respirar entre lágrimas, es un proceso que implica aceptar la pérdida, reconstruirse y aprender a vivir con la ausencia, dando pequeños pasos hacia adelante sin un mapa claro de cómo será el camino o su final. Es un viaje transformador donde el doliente encuentra la forma de seguir viviendo, honrando el recuerdo y construyendo un futuro diferente.
Ser funerario no es solo un trabajo, es una vocación que transforma el dolor en consuelo.Este texto rinde homenaje a una de las profesiones esenciales de nuestra sociedad: quienes, con empatía y humanidad, acompañan en los momentos más difíciles y convierten la despedida en un acto de amor y dignidad.
La autora reflexiona sobre la pausa emocional en medio del ritmo cotidiano, reconociendo pérdidas pequeñas y silenciosas. A través de la introspección, revisita los patrones heredados que moldearon su forma de amar y vivir. Encuentra esperanza en la transformación y en un Amor que no exige perfección, solo entrega sincera.