La voz inmortal de “Bella y Bestia son”, amiga íntima de Deadpool y estrella estelar del Titanic… Celine Dion, la mujer de voz inmortal que marcó a muchas generaciones y sigue estremeciendo nuestra existencia con sus pies sobre el escenario. Desde una perspectiva humana y cruda, conocemos a la Celine que amamos y que hoy admiramos.
Hablar de Celine Dion es recordar los años noventa y la explosión de grandes voces en la industria. Junto a sus homólogas, Whitney Houston y Mariah Carey, crearon una época de oro en la balada y pop en inglés. El oír la voz tan particular de Celine nos lleva a aquella sala de cine, viendo a Leonardo DiCaprio salvar a Kate Winslet del frío océano… Nos recuerda que todo cambia, pero la música marca nuestro ADN.
Hace un mes se estrenó en la plataforma Amazon Prime, el documental “I am Celine Dion”, en el cual se aborda la vida, obra y actualidad de la artista desde primera persona, narrado por ella y viendo su día a día luego de una carrera exitosa. El documental deja ver la cotidianidad de una estrella, con sus altos, bajos, familia, carrera, luchas internas, y sobrevivencia en un mundo que exige interconexión.
El documental basa su esencia en la salud de la Reina de las Baladas Power, luego del video publicado en el 2022 para sus fans y público en general, donde hablaba abiertamente de una enfermedad que estaba deteriorando su salud y su voz: el síndrome de la persona rígida. El video de corta duración es una visión de esperanza desde los ojos de una mujer fuerte que parece que ha descubierto una enfermedad con la que debe lidiar, pero la realidad es otra.
El síndrome de la persona rígida es una enfermedad degenerativa que afecta a una persona dentro de un millón, mayoritariamente a mujeres, según el Centro Nacional por el Avance de las Ciencias Traslacionales. Este padecimiento autoinmune ataca el sistema nervioso, provoca espasmos musculares y rigidez general, lo que desemboca en la nula o poca movilidad conforme pasa el tiempo.
En este contexto, el documental inicia desde una perspectiva de homenaje a su humanidad, y no a su carrera. No es el típico documental de un famoso concierto que rompió récords mundiales o que busca hablar de sus 5 Grammys y 2 premios Oscar. Aunque contiene estos datos en las cápsulas de su carrera, esta vez se ve a la mujer de 56 años: madre, viuda, sobreviviente, cantante, que está perdiendo la voz y la movilidad y que lo único que desea, es ver de nuevo a la mujer que alcanzó la nota vocal más alta registrada en los escenarios.

Los videos y las fotos de su carrera, los grandes conciertos, sus inicios y la relación con su familia, muestran la faceta de mujer empresaria y profesional que reconocemos solo con oír alguno de sus grandes éxitos. Sin embargo, se deja ver la humanidad y fragilidad del ser ante las enfermedades y cómo los sueños se desvanecen ante la normalidad de un mundo que carece de explicaciones, que solo es mundo.
Este reflejo íntimo y cercano a Celine le da al público una visión distinta de lo que significa vivir con una enfermedad degenerativa. Desde los primeros minutos, la audiencia puede sentir de cerca los sentimientos, miradas, palabras y gestos de Celine. Conforme avanza la historia, se aprecia cómo la esperanza es lo último que se pierde cuando el sentimiento de volver a los escenarios es más fuerte que cualquier enfermedad.
El suplicio físico de Celine contrasta con la necesidad y desesperación por recuperar su voz. Toda la conversación y las pequeñas entrevistas dirigen al televidente al mismo lugar: la importancia de su voz y su profesión.
El dato más impactante es escuchar que lleva 17 años luchando contra esta enfermedad, en los cuales, ha usado medicamentos para poder rendir en conciertos, pequeños engaños de voz y mucha producción para poder seguir con el show. Muestra facetas de los artistas que a simple vista no se ven. En casi dos décadas, Céline fue perdiendo su tesitura y habilidad vocal.
Sus cuerdas vocales actualmente están tan tensas, que su propio cuerpo no puede soltar las notas altas que siempre la han caracterizado. Aquel timbre que escuchamos en ‘All By Myself’ se desvaneció y aunque actualmente no lo escuchemos en grandes conciertos, la seguimos recordando. Su desgarradora voz, en el documental, muestra la faceta del duelo del ser humano al perder parte de su esencia, sus memorias y lo que la conecta a su pasado, con su público y su esposo.
Los escenarios fueron cambiados por sesiones de fisioterapia, las canciones por dosis altas de medicamentos y los momentos de adrenalina, por silencios atados a una casa que ella misma construyó y en la que hoy está privada de su libertad. Los viajes en el mundo parecen insuficientes al darse cuenta que viajó, pero no conoció. Que vivió, pero que no alcanzó el tiempo para hacerlo. Más que una retrospectiva de su vida, toca los hilos de la nuestra.
Lo más importante de este documental narrativo es su poca anestesia al momento de hablar de la enfermedad y el punto de vista realista de lo que puede provocar a corto plazo en nuestra querida cantante. Entre lágrimas y una voz quebrada, se ve a una mujer no distante de nosotros. En momentos difíciles, trata de sobresalir y se exige lo mejor para demostrar que sigue ahí: que su ADN sigue intacto y que no hay nada en el mundo que la pueda detener.

Gracias a este documental, una canción inédita vio la luz como un himno de resiliencia y resistencia. “Love Again” es una bandera revolucionaria, un grito de auxilio, pero también un espejismo de esperanza. Ella misma lo dice: “porque no estamos moviendo una montaña, solo hay que seguir”.
No obstante, el documental muestra su lado más crudo y real cuando sufre una crisis de parálisis debido a la felicidad que causó grabar su canción inédita. En cuestión de minutos, la mujer fuerte y cantante se desvanece ante sus músculos y sistema nervioso. La mujer que bailaba y saltaba sobre el escenario, nos muestra cómo su cuerpo deja de responder y el dolor se apodera de ella. Entre quejidos, ojos llorosos y una mirada perdida, se logra conectar con un lado que todos hemos vivido: la enfermedad.
Mostrar que hay enfermedades en el mundo donde sentir felicidad, adrenalina o tristeza te puede provocar crisis y dolor, rompe nuestros corazones. ¿Cómo es posible que cantar como ella lo hace y sentir adrenalina por ser artista puede deteriorar tu salud? Los enigmas llegan a la mente de los fans y se reconoce la fragilidad de la vida.
El final es perfecto y el mensaje es claro: la lástima y compasión no tienen cabida cuando se muestra valentía y esperanza ante la pantalla. Celine se levanta, limpia su rostro y pide una última canción para terminar un día de grandes avances… La enfermedad queda en segundo plano, como debe de ser.
Entre su gran bodega con vestuario, sus miles de zapatos, sus conciertos, colaboraciones, películas y grandes eventos familiares, lo que muestra es claro y preciso: la voz se puede ir, los músculos pueden dejar de responder, pero la grandeza y logros no se pueden esconder.

Gracias, Celine… Gracias porque en un mundo tan líquido y superficial, es necesario ver realidades para tomar el control de nuestras vidas y apreciar los momentos, esos momentos que con su música, vamos a seguir construyendo.
Porque ella es nuestra dama, y nosotros sus fieles caballeros guardianes. La música de Celine y el poder del amor, nos regresan a nuestra pareja, a nuestros amigos, a nuestros padres, a nuestras memorias, a nuestra realidad y a la esencia de la propia Celine… Celine muchas gracias por todo.
“Si no puedo correr, caminaré. Si no puedo caminar me arrastraré… No me detendré”
Celine Dion
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José Moran
Activista Social en temas de visibilizacion para la comunidad LGBTIQ+ y casos de justicia transicional. Estudiante de la Escuela de Ciencias Políticas y Ciencias de la comunicación en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Egresado de la escuela de formación política Enredadxs. Educando y tomando voz para que algún día dejemos de sobrevivir, y empecemos a vivir en plenitud … porque al final del día, todos seguimos cantando, a pesar de todos los intentos por silenciarnos.






