No vamos a tratar el tema de qué generación es la mejor, cada una tiene sus pros y contras. Al final, una se vuelve heredera de la otra. Las generaciones más recientes van tomando poco a poco la batuta en los ámbitos actuales, heredando costumbres y procesos que no van con lo aprendido en su formación porque los parámetros fueron creados hace muchos años y lo que hoy es actual mañana ya es retrógrado.
La generación saliente vivió grandes cambios y ante esto vivió preocupada por el futuro porque entendió que no todo es eterno. Se preparó para no pasar preocupaciones e incertidumbres, se preocupó por asegurar vivienda, movilidad y salud en la medida de lo posible.
Sin embargo, para saber qué iba a hacer al llegar la vejez no hubo tiempo, hoy están aprendiendo que era necesario crear espacios y hábitos que le permitieran no vivir de forma incierta la soledad que las sociedades actuales regalan a los mayores.
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Esa generación procuró que su descendencia tuviera lo necesario para no vivir lo difícil que a ellos les tocó pasar, les dio comodidades y lujos que probablemente nunca tuvieron. Lujos que van desde una educación formal completa hasta propiedades y diversiones. La tecnología contribuyó a conocer otras realidades que se volvieron aspiracionales que algunos alcanzaron y en otros solo fue frustración.
Las decepciones aparecieron cuando se dieron cuenta que los recursos se volvieron escasos y por lo tanto más caros e inaccesibles, que los salarios en lugar de ser más altos se volvieron más pequeños, que la educación en nuestras sociedades tercermundistas no llena los estándares esperados.
La educación formal como índice de nuestro desarrollo
Guatemala hoy ocupa los últimos lugares en la publicación de las evaluaciones internacionales (pruebas PISA). Existen excepciones, ya que hay jóvenes compitiendo a alto nivel en matemáticas y otras ciencias, incluso entre los primeros lugares, que al no pertenecer precisamente a un solo centro educativo da la pauta que como todo en Guatemala esos logros son gracias a la perseverancia y esfuerzo de ellos y su familia. Lo mismo pasa en el deporte.
Quienes han logrado salir a estudiar al extranjero muchas veces se quedan trabajando por allá porque saben que regresar, luego de haber logrado pegar ese salto, no significa que al llegar sus esfuerzos vayan a ser remunerados como pueden conseguirlo en otros lados. Los puestos de trabajo de medio y alto nivel regularmente son ocupados por personas que han logrado escalar a base de esfuerzo y muchos años de trabajo o bien por los sucesores en línea de las empresas que regularmente son de tipo familiar.
Las carencias académicas marcan el desarrollo de nuestro país porque las empresas extranjeras se quejan de que no contamos con capital humano debidamente formado para llenar sus perfiles.
Quienes quieren acceder a educación superior en la universidad estatal deben muchas veces hacer nivelación de conocimientos porque los adquiridos en sus centros de enseñanza anteriores no los prepararon debidamente y de ahí el creciente florecimiento de las universidades privadas que acepta y consiente esas falencias de conocimientos básicos. Positivo que han llegado a lugares de poco acceso a ese nivel educativo.
Las universidades más antiguas siguen tratando de mantener sus niveles de enseñanza pero eso las ha vuelto “caras” y no accesibles a cualquiera que no traiga una buena base de conocimientos, aunque tengan sus programas de becas y créditos educativos.
En los centros de trabajo, muchos patojos que logran concluir su formación universitaria, sin haber trabajado porque tuvieron el privilegio de dedicarse solo a eso, tienen que llegar a entender cómo se aplican los conocimientos adquiridos y conocer lo que la vida laboral significa, sin entrar en detalle de las formas de ser de las nuevas generaciones.
Quienes se logran ubicar en una plaza al concluir sus estudios diversificados tienen muy pocas probabilidades de hacerlo de acuerdo a la formación recibida, normalmente serán quienes apliquen a plazas operativas o de atención al cliente en lo que logran especializarse en algún área que pueda representar mejores ingresos.
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El deseo de no repetir la historia
Junto a todo esto también va la estabilidad emocional de las familias y la atención a los hijos, donde solo para llegar al trabajo o a un centro educativo, significa hasta cuatro horas de viaje. ¿Cuándo se tiene tiempo para compartir sana y tranquilamente?
Nos asustamos que las nuevas parejas no quieran tener hijos cuando bien sabemos que el mismo trajín les dice que la situación no está para hacerlo porque ellos ya vivieron la soledad en medio del esfuerzo de sus padres y no quieren eso para los suyos.
La generación que sale queda abandonada emocionalmente viendo como todo por lo que luchó hoy es la base de empuje para las nuevas generaciones que con valores y aspiraciones diferentes a la suya, trata de alcanzar lo que pueda con lo que queda.
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Hugo Xicará
Licenciado en Teología, Profesor de Segunda Enseñanza en Filosofía y estudios en Contaduría Pública y Auditoría. Fiel creyente de que solo la unión del esfuerzo de todos nos permitirá tener un mejor país.








