Celebrar Halloween en Guatemala: la delgada línea entre la crítica y la censura

Celebrar Halloween en Guatemala genera debate, pero aunque no sea una tradición local, cada persona tiene derecho a participar en las manifestaciones culturales con las que se identifique. La libertad individual, la empatía y el respeto son la base de una convivencia en armonía.

La ley guatemalteca garantiza la libertad de credo; sin embargo, el conservadurismo que domina gran parte de las mentes del país continúa siendo más fuerte que cualquier precepto legal.

A esto se suma el argumento legítimo de que Halloween no es una tradición guatemalteca, sino una celebración adoptada en nuestro país como resultado de décadas de influencia publicitaria proveniente de los Estados Unidos.

Este último punto es válido. No obstante, la identidad del ser humano trasciende su nacionalidad y abarca también sus raíces familiares, su postura política, sus creencias religiosas y su propia personalidad.

Por ello, celebrar Halloween (o cualquier otra festividad) resulta válido o cuestionable según el conjunto de principios y valores que conforman nuestra individualidad.

En otras palabras, comprendo que existan ideologías políticas que rechacen prácticas originadas en la cultura popular estadounidense alimentada por el capitalismo y el consumismo desmedido. Del mismo modo, es entendible que algunas personas profesen religiones cristianas con lineamientos estrictos y que, por ello, se abstengan de participar en esta y otras celebraciones.

Sin embargo, no comparto las posturas que buscan censurar la conducta ajena cuando esta no representa ningún daño para los demás, ni aquellas visiones radicales que pretenden imponerse por encima del sentido común y del respeto a la libertad individual.

Te recomendamos leer nuestro blog: Libertad de expresión 

Lo importante es tener empatía

Además del criterio y el sentido común, la empatía es fundamental para comprender que cada persona posee sus propios principios e ideas, así como el derecho de involucrarse en cualquier actividad cultural con la que se identifique.

Frente a la rigidez de ciertas posturas, la empatía se vuelve un catalizador indispensable para una convivencia armónica y para el respeto de las diversas manifestaciones culturales y religiosas de los demás. 

Este es un buen momento para reflexionar acerca de la diferencia entre ejercer una crítica con argumentos sólidos y pretender imponer a otros una visión subjetiva de la realidad.

Te recomendamos leer nuestro blog: Pluralidad y diversidad 

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Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad de su autor. Revista Telégrafo firme con su compromiso de promover el pensamiento crítico y libertad de expresión en la sociedad guatemalteca, brinda espacios abiertos, auténticos y sin filtros para que personas de distintos sectores de la sociedad puedan expresarse, sin embargo, la publicación de este artículo no supone que el medio valide su argumentación o la verdad de sus conclusiones.
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