Cero tolerancia a la corrupción: primeros 100 días del gobierno de Bernardo Arévalo

¿Seguimos tolerando la corrupción? El poder no puede eludir el escrutinio, debe rendir cuentas y responder a las preguntas de aquellos que exigen transparencia y justicia.

Me gustaría empezar con las palabras del sociólogo latinoamericano:

Manuel Antonio Garretón

"La corrupción es el resultado de un sistema en el cual los ciudadanos han perdido el sentido de la responsabilidad y la ética. Solo cuando seamos conscientes de que la corrupción atenta contra nuestra propia dignidad y futuro, podremos combatirla de manera efectiva".

El presidente de la República de Guatemala, Bernardo Arévalo De León, decidió destituir a María José Iturbide como titular del Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales (MARN) en un esfuerzo por asegurar la transparencia y el compromiso de su administración con la lucha contra la corrupción y el uso inadecuado de los recursos del Estado.

Esta medida se enmarca en la política de tolerancia cero hacia la corrupción impulsada por el gobierno y busca fortalecer la confianza de la ciudadanía en las instituciones gubernamentales.  En este sentido, su decisión de destituir a Iturbide se basa en el compromiso de garantizar una gestión responsable, ética y cero tolerancia. 

Además, como parte de esta medida, el presidente ha instruido a la Comisión Nacional contra la Corrupción para que establezca directrices presidenciales que regulen el uso de vehículos oficiales. Esto asegurará que su utilización sea responsable, ajustándose a los principios que se establecerán en el próximo Código de Ética para funcionarios. Dichas directrices promoverán una administración más eficiente y transparente, velando por el uso adecuado de los recursos estatales.

De esta manera, podemos comenzar siempre con la misma pregunta: ¿cero tolerancia a la corrupción?

¿Qué es corrupción?

Bueno, se encuentra presente en todas las naciones del mundo. Se ha convertido en un obstáculo para el progreso institucional, político, económico y social. 

A pesar de los esfuerzos por erradicarla, los resultados han sido decepcionantes. Esto nos lleva a cuestionarnos si la persistencia de este flagelo está relacionada no solo con las políticas públicas implementadas, sino también con aspectos inherentes a los individuos y a las sociedades en general.

Enfocándonos en Guatemala resulta imprescindible entender cómo es que los ciudadanos llegan a tolerar un nivel tan alto de corrupción. Desde mi perspectiva, podremos plantear diversas hipótesis que se basan en la percepción de la corrupción en políticos y funcionarios, la debilidad institucional, las experiencias de victimización y la cultura democrática en la región.

La percepción de la corrupción que rodea a los políticos y funcionarios juega un papel fundamental en la tolerancia hacia este fenómeno. Cuando se nos presenta repetidamente escándalos de corrupción y no se toman acciones adecuadas para castigar a los culpables y prevenir futuros actos, se crea un ambiente de normalización de la corrupción. Esto lleva a un desencanto generalizado y a la falta de confianza en las instituciones encargadas de combatirla.

Otro factor clave es la debilidad institucional. Se refiere a la precariedad y falta de autonomía de los órganos encargados de aplicar la justicia y controlar el accionar de los gobernantes. Cuando las instituciones son permeables a la corrupción, se genera una sensación de impunidad que fomenta su perpetuación.

También, las experiencias de victimización influyen en la tolerancia a la corrupción. Cuando los ciudadanos sufren directamente los efectos de la corrupción como extorsiones o sobornos, pueden llegar a creer que no hay alternativa y terminan aceptando esta realidad como algo inevitable.

Mientras que la cultura democrática desempeña un papel determinante. Si la sociedad no valora la transparencia, la honestidad y la rendición de cuentas como elementos fundamentales en la vida política, es más probable que se justifiquen los comportamientos corruptos.

Para erradicar la corrupción en Latinoamérica, especialmente en el gobierno de Bernardo Arévalo, es fundamental abordar no sólo las políticas públicas, sino que también los aspectos culturales, institucionales e individuales que influyen en la tolerancia hacia este fenómeno. De ese modo, podremos construir una sociedad más justa, transparente y próspera para todos.

Cuando exigimos justicia y transparencia, debemos cuestionar cada acto de corrupción y no tolerar ni justificar ninguno de ellos. Esto incluye a todo funcionario.

El ejemplo 

El caso de Iturbide puso a prueba al presidente Arévalo, quién se comprometió a erradicar cualquier acto de abuso de poder. O bien, ¿Nos hemos resignado ante la falta de cambios reales y lo consideramos como algo normal? 

No podemos permitir que unos pocos funcionarios se aprovechen del sistema. 

En este contexto, Bernardo Arévalo debe plantearse cómo abordar esta situación de manera efectiva. Una de las vías es seguir las sugerencias de Santiago Palomo como la implementación de un Código de Ética. Una respuesta más que adecuada para prevenir y sancionar cualquier acción que vaya en contra de los principios y objetivos establecidos para los funcionarios públicos. 

No debemos perdonar ni olvidar, sino erradicar la corrupción de raíz. Si “pretendemos” promover una cultura de honestidad y transparencia en todos los niveles de gobierno.

En una entrevista Santiago Palomo mencionó:

“No somos un organismo fiscal porque ese no es nuestro mandato constitucional. Se trata más bien de una visión global de cómo abordar la corrupción a través de políticas públicas [y] procesos de los que han carecido los gobiernos anteriores”.

Lee la entrevista Comisión Anticorrupción enfrenta el ‘continuo de impunidad’ de Guatemala realizada por Alex Papadovassilakis y publicada en Insight Crime el 12 de marzo de 2024.

Es fundamental no limitarse únicamente a presentar denuncias, ya que aquellos que carecen de autoridad para hacerlo, también tienen la responsabilidad de hacer un llamado a la acción. Si persisten tales actos corruptos, nada cambiará. 

Implementar el Código de Ética es un acto acertado que requiere  un enfoque direccionado.

¿Cómo se pueden superar estas situaciones?

NO TOLERAR NINGÚN ACTO CORRUPTO, NO IMPORTA LA MAGNITUD.

¿Cómo podemos avanzar si aún somos tolerantes con actos como el de la ministra del MARN? 

La corrupción es una enfermedad que se ha arraigado en nuestra sociedad y se ha convertido en el sistema operativo de nuestros gobiernos. Enfrentarla requiere un enfoque integral y valiente que vaya más allá de soluciones superficiales. Para superar las circunstancias actuales, debemos establecer directrices claras y políticas públicas que aborden las causas profundas de la corrupción.

No podemos conformarnos con soluciones a corto plazo; necesitamos medidas preventivas que involucren a todos los actores del sistema.

La voluntad política es fundamental en esta lucha. Sin embargo, es preocupante observar cómo en el pasado, el poder judicial mostró un mayor interés en combatir la corrupción que el Ejecutivo. 

Para lograr avances significativos, debemos invertir esta realidad y asegurar que ambas ramas del gobierno trabajen de la mano en la lucha contra la corrupción.

Es importante señalar que el sistema anticorrupción actual parece estar en pañales, le falta renacer para “florecer“ y crear árboles que puedan dar frutos y no envenenados. 

Esto se debe a un sinfín de factores, tales como:

  • Falta de recursos 
  • Escasa independencia del poder
  • Poca o nula colaboración efectiva entre las instituciones encargadas de combatir este mal

¿El Código de Ética Anticorrupción?

Más que un conjunto de normas y principios, se deben establecer las pautas de conducta esperadas de los funcionarios en el ejercicio de sus funciones. Estas normas deben tener como objetivo principal prevenir y combatir la corrupción, así como fomentar la transparencia, la integridad y la rendición de cuentas en el sector público.

Establecer directrices claras sobre cómo los funcionarios públicos deben comportarse y actuar en su desempeño laboral. 

Estas directrices incluyen principios éticos fundamentales, como: la honestidad, la imparcialidad, la probidad y el respeto a los derechos humanos.

Para asegurar la observancia de este código, se deben establecer mecanismos para su implementación. Esto implica la creación de comités de ética encargados de supervisar el cumplimiento del código, así como canales de denuncia que permitan reportar posibles actos de corrupción de manera confidencial.

Además, es fundamental establecer medidas disciplinarias y sanciones para aquellos funcionarios que violen el código. Estas sanciones pueden incluir desde amonestaciones y suspensiones hasta la destitución del cargo, dependiendo de la gravedad de la falta cometida.

Se deben basar en los principios establecidos en la Convención de las Naciones Unidas contra la Corrupción y en la legislación nacional anticorrupción. 

Estos códigos suelen contemplar aspectos como la declaración de conflictos de interés, la obligación de presentar declaraciones patrimoniales, la prohibición de recibir regalos o sobornos, y la transparencia en los procesos de contratación.

Es importante destacar que el cumplimiento efectivo del Código de Ética Anticorrupción en Guatemala requiere de un compromiso firme por parte de los funcionarios, así como de una cultura de integridad y transparencia en todas las instituciones del Estado. La implementación exitosa de este código contribuirá a fortalecer la confianza de la ciudadanía.

Considero que es fundamental seguir apoyando el periodismo investigativo, tal como lo hace Sonny Figueroa en Vox Populi. Este tipo de periodismo tiene como objetivo cuestionar constantemente al poder y abordar los temas que nos interesan, con el fin de evitar la impunidad que impera en nuestro país. Para lograrlo, es crucial cultivar una cultura de no corrupción y no tolerancia. Además, es necesario cambiar la narrativa impuesta por aquellos que nos han perseguido durante mucho tiempo.

Lee el reportaje de Vox Populi, “Carros del Estado al servicio de la hija de la ministra de Ambiente”. 

https://voxpopuliguate.com/carros-del-estado-al-servicio-de-la-hija-de-la-ministra-de-ambiente/ 

Hay que recordar que durante la campaña electoral 2023 y el periodo gubernamental anterior, el Movimiento Semilla afirmó ser completamente intolerante a la corrupción.

Esta fue una de las razones por las que distintos sectores como los jóvenes se unieron para defender la democracia y participar en las Elecciones Generales. 

La corrupción ha afectado todos los aspectos de la vida de los guatemaltecos desde lo laboral, académico y económico. 

Para lograr un gobierno de cuatro años verdaderamente transparente, debemos promover la apertura, transparencia y honestidad en todos los niveles. 

Durante estos cuatro años, Bernardo Arévalo tiene las oportunidades para construir la paz, como él afirma ser capaz de hacer. Sin embargo, debemos insistir en que la tolerancia hacia la corrupción no puede ser permitida bajo ninguna circunstancia. Entonces, ¿fue acertada su destitución? Tal vez parezca una medida extrema, pero es necesario tomar acciones contundentes para lograr el cambio en nuestro país. 

Última reflexión

Han pasado casi 100 días desde que Bernardo Arévalo asumió la Presidencia y hasta ahora ha demostrado estar a la altura de las expectativas en varias ocasiones. Sin embargo, hoy se encuentra frente a su desafío más importante: cumplir con las altas expectativas de una población exhausta por la corrupción que ha enriquecido a ciertas élites, protegido a narcotraficantes y negado recursos a los más necesitados.

Arévalo se comprometió a fortalecer las instituciones democráticas y erradicar la corrupción, paso a paso, construyendo una base sólida, respetando el Estado de Derecho e involucrando a toda la sociedad en diálogos para forjar un nuevo “contrato social”.

Sí Arévalo tiene éxito, podría cambiar el panorama en una región donde el apoyo a la democracia ha estado en declive durante la última década, especialmente en Centroamérica.

Es crucial entender la visión de Arévalo como una oportunidad para lograr una segunda Primavera Democrática en Guatemala.

Su enfoque en fortalecer las instituciones y fomentar el diálogo es necesario para asegurar que la desesperación ciudadana y el rechazo a los sistemas corruptos no sean explotados por populismos que solo generan caos y destrucción. Para muchos guatemaltecos, Arévalo representa una auténtica esperanza para el país, y es responsabilidad de todos apoyar y trabajar en conjunto hacia una Guatemala con justicia social.

Es por eso que se han implementado nuevas formas dentro de la Comisión contra la Corrupción, liderada por Santiago Palomo, y el compromiso de la Comisión Presidencial de Derechos Humanos (Copadeh) de impulsar la construcción en todas sus manifestaciones.

Hoy, Arévalo, 100 días, paz y una agenda impulsada por el cambio.

Esto seguirá…

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