Cuando César Díaz ganó el premio Caméra d’Or en el Festival de Cine de Cannes en 2019 como mejor ópera prima por Nuestras madres, el presidente del jurado era el director mexicano Alejandro González Iñárritu, alguien con quien Díaz ya había trabajado indirectamente. Díaz recuerda acercarse a Iñárritu en la fiesta después de ganar el premio y decirle: “Tú seguramente no sabes quién soy yo…” y luego contarle la historia sobre cómo por tres arduos días trabajó sin cesar, subtitulando en francés la película Amores perros, que había sido seleccionada para el Festival de Cannes, y empacando el filme en las latas que se enviaron a Francia.
“Esas latas las puse yo en el DHL. Quien no durmió para eso fui yo”
César Diaz a Iñárritu
Un momento circular que demuestra cómo un cineasta guatemalteco puede pasar de ser el asistente, a llevar su propia obra a los festivales de cine más prestigiosos del mundo. Fue así como empezó su carrera en el cine en el 2000. En aquel entonces, Díaz vivía en la Ciudad de México y quería ser actor, pero después de recibir un taller llamado El actor frente a la cámara, se dio cuenta de dos cosas, la primera, que no era muy buen actor, y la segunda, que disfrutaba mucho más grabando a sus compañeros de taller que estando delante de la cámara. Poco después, por medio de un amigo que trabajaba en Altavista Films, la productora de Amores perros, fue que Díaz consiguió su primer trabajo como segundo asistente de edición.

Este trabajo lo llenó de ilusión para aplicar a la Escuela Internacional de Cine y Televisión en San Antonio de los Baños, Cuba, pero al ser rechazado, se desmotivó y se quedó con lo que él llama un “vacío académico”, lo cual lo impulsó a tomarse un año sabático en Bélgica por recomendación de su tío y luego volver a aplicar, sin embargo, optó por quedarse de lleno en la nación belga, donde se formó y desarrolló como cineasta influenciado por películas como Paris, Texas de Wim Wenders.
En realidad, el sueño de Díaz siempre fue ser escritor y para eso estudió, pero menciona que muy en el fondo no considera que tiene el talento para escribir una novela, así que escribir guiones era la alternativa para hacer algo concreto con relación a ese sueño. “El guión es la pieza fundamental de la película, o sea, lo que no se escribe, no se filma, y lo que no se filma, no es una película”, afirmó.
Desafortunadamente, conseguir trabajo de guionista era complicado en Europa, por lo que Díaz empezó a considerar otros oficios dentro del cine que tuvieran que ver con la escritura. Es así como termina adentrándose en el mundo de la edición, ya que para él, la realización de una película consta de tres etapas de escritura, la primera en papel, una segunda en el rodaje, y la tercera en la edición.
“Para mí era como el mismo oficio. En el guión tú escribes la película en la compu, con palabras, y en la sala de edición la escribes con imágenes y sonidos”, mencionó, “Tuve la suerte de ser asistente de figuras del cine francés, o sea, vacas del cine francés, que me enseñaron mucho y con mucho sufrimiento también, ya que se tenía esa lógica de que para hacer cine hay que sufrir.”
Díaz recuerda que en uno de sus primeros trabajos de edición, por error, pegó al revés el filme y el editor le dio un manotazo en las manos y lo regañó. Está de más decir que nunca volvió a pegar mal una película. Aun así, trabajó por mucho tiempo como editor antes de dirigir sus propios proyectos. Entre los primeros proyectos que dirigió están Semillas de ceniza (2010) y Territorio liberado (2014) sobre las secuelas del conflicto armado interno, un tema que ha sido constante en sus películas, incluyendo Nuestras madres, la cual trata sobre un antropólogo en busca de respuestas sobre el paradero de su padre, quien fue víctima de una desaparición forzada, algo que el mismo padre de Díaz sufrió.

Un aspecto interesante que Díaz menciona sobre editar, es que a veces es preferible que el editor no sea la misma persona que dirigió y escribió la película, porque esa distancia es la que realmente crea buenas películas.
“Muchas veces, las personas que están en set se amarran a los recuerdos del set, locaciones que costó mucho tener, escenas que costó mucho sacar, con mucho sufrimiento y mucho cansancio, entonces los directores están muy apegados a ese tipo de escenas”, indicó, “Creo que el hecho de no estar en set me hace tener esa distancia y no tener ese apego emocional para solo decir que si una escena no funciona, no funciona, da igual si la gente no durmió, si los actores estaban enfermos, si costó un montón tener la locación, yo lo que miro es la imagen y el sonido y si estas no funcionan, tenemos que dejarla ir”.
Aparte de los elogios en Cannes, Nuestras madres también tuvo el honor de ser seleccionada para representar a Bélgica en los premios Oscar, pero que debido a lo caras que son las campañas de premios, las cuales a menudo incluyen ir a Los Ángeles, hacer proyecciones y reunirse con miembros de la Academia, no se concretó. Sin embargo, agradece la oportunidad de que su película haya sido seleccionada.
“Creo que hay varias capas en esa selección. No solo la capa de la película en sí y la ola y fuerza que podía traer, sino también el mensaje que dentro de Bélgica se acuerpa la diversidad y que a pesar que yo me llame César Díaz, y mi color de piel, puedo representar al país”
Explicó Díaz.
México 86, su más reciente largometraje
Durante agosto se proyectó en Guatemala la película México 86, su segundo largometraje, el cual trata sobre una activista guatemalteca exiliada en México durante la década de los 80 a raíz del conflicto armado interno, una de las épocas más sangrientas y devastadoras en la historia de Guatemala. Curiosamente, este guion fue escrito antes que el de Nuestras madres, y la cinta está parcialmente basada en la historia de su madre, quien estuvo exiliada en México y que Díaz visitaba únicamente durante las vacaciones durante su niñez. Sin embargo, esta similitud es el punto de partida de la trama, pero la mayoría de los eventos son ficticios.
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“Efectivamente, mi madre tenía una militancia revolucionaria y cuando ella tuvo que irse a México, la organización quería enviarme a una colmena, pero mi abuela decide quedarse conmigo”, indicó Díaz, añadiendo que su madre tenía una vida clandestina en México, pero que luego de que el niño llega a la Ciudad de México en la película, toda la historia es completamente ficcionalizada.
En realidad, la vida en México era más tranquila que estar en Guatemala en ese momento, pero Díaz y su madre no experimentaban las persecuciones, paranoia y peligro inminente que vive María, la protagonista de México 86 interpretada por la actriz Bérénice Bejo, mejor conocida por su papel de Peppy Miller en la película The Artist (2011) que aparte de ganar el Oscar a la Mejor Película, también le mereció una nominación como Mejor Actriz de Reparto a Bejo.
Filmar algunas de las escenas, especialmente en el metro de México representó varios retos para el cineasta.
“Si no eres mexicano es bien difícil”. “Por suerte teníamos un coproductor mexicano, Nico Celis, de Pimienta Films, quienes hicieron Roma. Fueron grandes aliados, ya que para filmar en el metro de la Ciudad de México es muy complicado porque tienes millones de reglas y tienes que negociar absolutamente todo.”
Una de las escenas de la película estaba originalmente escrita como una persecución dentro del metro inspirada en la cinta de William Friedkin, The French Connection (1971), pero el gobierno de México rechazó la propuesta debido a que ellos promueven y quieren vender una imagen de que el metro es un lugar seguro, por ende, no se puede permitir que haya una persecución dentro de el.

“Al final logramos meter 40 personas, pero realmente para hacer esa escena tal cual yo la tenía imaginada, hubiera necesitado 100 personas allá adentro”, aclaró, “Entonces, tuve que adaptarme, tuve que adaptar la manera en la cual la filmé, los ángulos hasta donde llegué, la cantidad de personas que ves, la cantidad de personas que se cruzan, la cantidad de extras, en fin, todo eso”.
El casting de Bejo ha generado críticas por parte de la audiencia guatemalteca, ya que la actriz es nacida en Buenos Aires, Argentina y pasó mucha de su vida en Francia, generando dudas sobre si realmente es la persona correcta para interpretar a una activista guatemalteca en el exilio. Ante las críticas, Díaz menciona que muchos de estos desafíos tienen que ver con el financiamiento y con la falta de apoyo que existe hacia el cine en Guatemala.
“Esta es una película belga-franco-mexicana, entonces, buena parte de la financiación proviene de actores privados franceses, quienes llegaron cuando Bérénice entra al proyecto”, mencionó Díaz, enfatizando que el problema radica en que en Guatemala no hay actores entrenados para hacer cine.
Díaz pone de ejemplo el casting de su propia película, Nuestras madres, donde sí buscó actores guatemaltecos para los papeles principales, “Traje a Armando Espitia y Emma Dee, dos actores mexicanos, porque hice un casting gigante en Guatemala y no encontré a ese Ernesto que yo necesitaba”. Esto se debe a que en Guatemala no se está dando un entrenamiento a los actores para hacer cine, por lo que entrenar a un actor desde cero requiere otra inversión que a menudo no está contemplada por inversionistas extranjeros. De igual forma, Díaz añadió que la falta de una ley de cine y un fondo de estímulo dificultan mucho las negociaciones.
“Si no se tiene una base para producir desde Guatemala, o sea, dinero concreto, eso genera una gran frustración para los productores guatemaltecos”, indicó, “porque la única manera de entrar y de tener una negociación y diálogo frente a coproductores extranjeros es decir “¿cuánto pones tú?”, pero si tú no pones nada, no tienes cómo exigir o poner tus condiciones”.
Pese a estos desafíos, Diáz considera que el trabajo de Bérénice Bejo en la pantalla, más allá de su acento, y de si es o no guatemalteca, es convincente y que si esas críticas son el precio a pagar por tenerla en el filme, está dispuesto a pagarlo. “Si ves la historia del cine, hay ejemplos como Bertolucci haciendo Novecento con Gerard Depardieu, un francés interpretando a un italiano, y da exactamente igual”, añadió.
Esto abre una conversación más amplia sobre el nacionalismo, y si es preferible darle prioridad a la autenticidad de poner a una actriz guatemalteca a hacer de guatemalteca, o bien, usar a la mejor actriz que esté disponible para el papel sin importar su nacionalidad.
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El dilema de la autenticidad en contra de la calidad
Díaz es un fiel creyente de que al cine guatemalteco se le debe exigir la misma calidad que a las producciones internacionales para que pueda ser competitivo en esos mercados. “Yo a veces doy unos talleres de guion y puedo ser muy duro en ese sentido”, mencionó.
“A veces incluso personas alrededor mío me dicen que es un guion de Guate y que aquí no hay escuela de cine y que la gente se está esforzando. Perdón, pero no, el guion tiene que ser lo mejor posible y tienes que llevarlo hasta el último momento, ya que tiene que tener la calidad porque la competencia a nivel internacional es muy, muy ruda”.
Según Díaz, a menudo caemos en un juego de autocomplacernos y resignarnos a que Guatemala no tiene ese nivel, pero considera que tenemos que llegar a tener ese nivel, ya que así se puede optar a fondos internacionales, que es la única forma de poder financiar cine guatemalteco y que esas películas cumplan con los estándares de calidad para poder competir a nivel internacional.
“Lo que sucede es que si no nos exigimos a nosotros mismos, terminamos haciendo películas mediocres que nunca entran en ese circuito internacional y que de todas maneras no las ve nadie”, enfatizó, “Hay que ser exigentes desde el principio del proyecto y después en cada una de las etapas. El casting, los actores, la edición, el color, o sea, ser exigentes en toda línea”.
Díaz también fue responsable por la edición de las películas de Jayro Bustamante, Ixcanul (2016) y Temblores (2020). “A pesar que se conocen como películas guatemaltecas, realmente también tienen fondos franceses, y creo que no se podrían haber realizado si se hubiera tratado de hacer únicamente en Guatemala. Es imposible”, agregó.
“Lo único que nos va a permitir ponernos en ese lugar frente a la industria internacional es una ley de cine que dé fondos para poder financiar películas como tal”, considera Díaz, que a su vez añade que mucha gente le ha dicho que no entienden porque el Estado tiene que financiarle su hobby, lo cual resalta que hay una mentalidad que no le da la importancia que se merece el arte
Otro de los problemas que señala Díaz con referencia a no poder financiar cine en el país es que no podemos tener lo que él llama “un espejo en el cual podemos hacer radiografías de lo que somos en un momento dado”, y que impide que futuras generaciones tengan acceso a ver lo que somos en este momento.
Proyectos a futuro
La próxima película de Díaz será una adaptación de la novela Los jueces de Arnoldo Gálvez Suárez. Actualmente se encuentra realizando el proceso de casting y de buscar locaciones. Explica también que esta cinta será un trabajo de no actores y que tomará lugar en una única colonia, la cual están buscando para el rodaje. Esta a su vez también será una producción completamente Belga, ya que enfatiza que la ausencia de una ley de cine impide que estas películas puedan ser consideradas producciones guatemaltecas.

“Los jueces es una película que habla mucho más de nuestra relación con la justicia, con el Estado, con la venganza, y nuestra relación con el conflicto y la violencia. Esperamos que las personas de la colonia que escojamos se apropien del proyecto y poder tener los recursos para poder tener un entregamiento largo. Espero poder filmar el año entrante”.
Finalizó Díaz.
Dereck Richman
Periodista apasionado por las letras, el cine y el teatro. Escribo sobre temas sociales, principalmente enfocados en la comunidad LGBTIQ+, políticos y culturales. Considero la escritura una herramienta para el cambio y con el poder de influenciar generaciones y es eso lo que busco transmitir a través de lo que escribo.










