Quienes hacían uso de las redes sociales a mediados de la década de los 2000, o incluso a principios de los 2010, probablemente recuerden cómo era la experiencia de navegar estos sitios web en ese entonces. Páginas como Hi5 o MySpace dominaban este sector del internet antes que llegaran Facebook, Twitter e Instagram a la escena. En esos tiempos, el principal objetivo era interactuar con seres queridos, amistades cercanas o conocer gente con intereses afines. Había una que otra manera de comercializar contenido en países como Estados Unidos. Sin embargo, en los últimos años, este concepto ha evolucionado para incorporar programas de monetización y generación de ingresos que, para bien o para mal, han redefinido la forma en la que los usuarios se relacionan entre sí.
Aunque las redes sociales siempre han tenido un elemento competitivo con base en elementos superficiales como los likes o la cantidad de amigos o seguidores, agregarle una presión financiera ha impactado negativamente la calidad del contenido y los algoritmos que estas redes aplican para priorizar a ciertos creadores y tendencias. No solo eso, la pandemia de COVID-19 aceleró este declive con una proliferación de comercios en línea que, si bien fueron útiles como alternativas laborales para algunas personas durante esta época, al no tener filtros de calidad o garantía de servicio, diluyeron el concepto de lo que es realmente emprender y nada más se convirtieron en otro anuncio o historia molesto, sin ningún tipo de valor para el público.

Ya no hay forma de saber si estamos teniendo una interacción genuina, siendo utilizados para un estudio de mercado o como una herramienta para generar engagement o ventas. Un estudio de eMarketer (ahora conocida como Insider Intelligence), una compañía neoyorquina especializada en investigaciones de mercado estimaba que en 2010 se invertirían $1.7 billones en mercadeo de redes sociales; en 2023, esa cantidad está cerca de los $270 billones de acuerdo a una investigación de Statista, una empresa estadística alemana. Al ver estas cifras, no es ninguna sorpresa ver cómo se ha perdido el aspecto “social” de estas plataformas y se han convertido en un desagüe de publicidad y anuncios en donde el mejor postor es impulsado y beneficiado con la mayor visibilidad.
El mejor ejemplo de esto es X (antes conocida como Twitter). Desde que esta red fue adquirida por Elon Musk, se han realizado actualizaciones y cambios en sus políticas que han perjudicado la experiencia de sus miembros. Por un lado, se eliminó el sistema de verificación que tenía como fin garantizar que la cuenta con la que se estaba interactuando pertenecía a una celebridad, funcionario, organización gubernamental o empresa a través de un cheque azul y en su lugar, fue reemplazada por una versión premium que consta de tres niveles: Básico que cuesta $3; Premium que cuesta $8; y Premium+ que cuesta $16.
Estas opciones permiten editar publicaciones, monetización, más caracteres, pero solo las dos versiones Premium otorgan el famoso cheque azul. Ahora bien, la característica que ha hecho completamente insostenible a la plataforma es sin ninguna duda, la priorización de respuestas.
Lo que está sucediendo en X le ha dado pauta a las cuentas que están pagando una suscripción, de saturar las respuestas con interacciones automatizadas por inteligencia artificial, cuyo único objetivo es el de generar ingresos a través de que el resto de los usuarios interactúen con sus publicaciones. Este sistema ha dejado olvidado al usuario común que tiene cuenta gratuita, ya que sus comentarios son enviados hasta lo más bajo y recóndito de la plataforma. ¿Cuál es el problema con esto? Que no hay oportunidad de tener un diálogo real cuando una multitud de bots está constantemente buscando palabras clave para inundar las discusiones con spam. Todo esto por un incentivo monetario que apenas genera suficiente para cubrir los gastos de membresía.
Instagram no se queda atrás. Su algoritmo también ha contribuido a que el contenido de varios usuarios que no tienen una gran cantidad de seguidores y presencia en la red se vean desplazados por aquellos que gozan de mayor popularidad. La prioridad que se le da a las cuentas que son seguidas por millones de personas, o que incluso pagan por ser promocionados, tanto en historias como en publicaciones, no solo ha dificultado que creadores más pequeños logren el alcance necesario para mantenerse a flote, pero también complica las interacciones con amigos, familiares y conocidos, quienes no están en la plataforma con el fin de monetizar lo que publican o ganar dinero.
En Guatemala aún no se tiene acceso a la famosa TikTok Shop; sin embargo, una vez eso suceda, se agregará otra forma de hacer dinero que influenciará la manera en la que se crea contenido en esa plataforma. En países donde ya está disponible, los usuarios son constantemente bombardeados por videos promocionando productos tendenciosos y de mala calidad. ¿Por qué necesitamos que un montón de influencers nos promocionen el mismo producto al mismo tiempo? Porque la mayoría ni siquiera busca algo original que vender, sino que se concentran en lo que es viral en el momento.
Ahora bien, no es que haya algo inherentemente malo acerca de la monetización de las redes sociales, pero cuando eso rige la forma de interactuar dentro de ellas y le quita toda cualidad orgánica y humana, no queda más que preguntarse si los avances tecnológicos en estos rubros han traído más problemas que beneficios. Desafortunadamente, no se busca la sostenibilidad a través de estas prácticas capitalistas, sino más bien, exprimirles la mayor cantidad de dinero posible, desecharlas y empezar el ciclo de nuevo, por lo que impedir que esto suceda dependerá de nosotros mismos y que seamos conscientes sobre el contenido con el que interactuamos y compartimos.
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Dereck Richman
Periodista apasionado por las letras, el cine y el teatro. Escribo sobre temas sociales, principalmente enfocados en la comunidad LGBTIQ+, políticos y culturales. Considero la escritura una herramienta para el cambio y con el poder de influenciar generaciones y es eso lo que busco transmitir a través de lo que escribo.







1 comentario
Gracias Dereck, por compartir tus conocimientos, él lenguaje utilizado fue muy adecuado para mí, que represento a la generacnió x (inmigrante digital) algo que valoro mucho en un artículo de tecnología o redes sociales. “Felicitaciones”