La victimología es la ciencia que se encarga del estudio de la víctima, es decir, de quien sufre un delito. Sin embargo, esto no ignora la relevancia del criminal o victimario, pues es quien elige al sujeto pasivo. Por ello, es conveniente conocer los factores victimológicos que propician la elección de la víctima, siendo estas sus condiciones personales y las de su entorno.
En ese sentido, la victimología se enfoca en el rol que la víctima tiene en el hecho criminal estudiado por la criminología y la criminalística. No obstante, el enfoque es tanto penal como psicológico. Por ende, incluye un análisis cognitivo del sujeto pasivo y su alrededor.
Al ser un tema amplio y con múltiples objetos de estudio, en este texto se abordará por secciones para intentar responder: ¿cómo se elige a una víctima?
Distintos autores, mismo objetivo
La clasificación de las víctimas establece grupos y características que hacen que una persona sea propensa a sufrir un delito. Este puede ser físico, sexual o económico. Como ejemplos: homicidio, violación, robo, estafa, entre otros.
Para dar una respuesta, criminólogos y abogados han analizado factores internos (endógenos) y externos (exógenos) de la víctima. Asimismo, las condiciones del tiempo y lugar, y rasgos como la edad o el género. Entre los autores se encuentra Hans Von Henting (padre de la Victiminología), Elías Neuman (abogado) y Benjamín Mendelsohn (criminólogo).
Cada uno ha dividido a las víctimas en categorías:
- Henting: generales y psicológicas
- Neuman: individualidad, colectividad o relación entre ellas
- Mendelsohn: grado de culpabilidad
Los tres aportan un aspecto en común: el género femenino es el más afectado en delitos como violaciones.
Por ello, el sexo es el factor victimológico con mayor peso en la elección de una víctima para el criminal, asegura el criminólogo Luis Rodríguez Manzanera.
Quiere decir, que las mujeres son uno de los grupos vulnerables más grandes, y que estas pueden ser víctimas ideales, indefensas, reincidentes o por estado de emoción. Por otra parte, la niñez y adolescencia también son un grupo social propenso a ser víctimas.

Lo anterior debido a su inmadurez física y emocional, lo que los convierte en víctimas por ignorancia.
Al mismo tiempo, los ancianos, enfermos mentales y las personas que abusan de sustancias también pueden ser víctimas de un delito. La razón es que son un blanco fácil al no ser capaces de defenderse en su totalidad o padecer algún impedimento cognoscitivo.
Una vez que el agresor haya seleccionado a su víctima, se forma la pareja penal. Esta es la conexión víctima-victimario, que puede tener un antagonismo o una afinidad, asevera Manzanera. Por consiguiente, se explicará cuáles son los tipos de relaciones victimales que pueden existir y el nexo con la selección de la víctima.
Relaciones victimales, la pareja penal
El victimario elige a la víctima a partir de los rasgos mencionados. Ahora bien, existen ciertos delitos que, para ser cometidos, el delincuente debe conocer a la víctima. Entre ellos, el incesto, el estupro y la violencia infantil o intrafamiliar.
En esas relaciones, existe un vínculo afectivo, de confianza o responsabilidad entre los sujetos. Mientras tanto, delitos como el robo o hurto pueden realizarse sin necesidad de que el criminal y la víctima se conozcan previamente.
Esos últimos casos pueden ser encuentros fortuitos. El robo y el hurto tienden a darse bajo condiciones temporales específicas, detalla Manzanera. Para ello, el delincuente observa el entorno y elige a una persona desprevenida o desatenta.
A veces dichas situaciones pueden darse entre una víctima que conoce al criminal, pero este no la reconoce a ella.
Por ejemplo, que una tienda sea asaltada y que el dueño lo reconozca por ser amigo de su hijo, sin que este sepa que al pariente de su amistad le pertenezca el negocio. Por tanto, la persona agredida podría reconocer al agresor sin que este lo sepa.
Otro de los casos, en donde el victimario lleva toda la ventaja, es cuando este conoce a la víctima, pero esta no está enterada.
Un hecho de este tipo podría ser una extorsión. En este tipo penal se utiliza la violencia psicológica para intimidar al sujeto pasivo, explica el Gobierno de México. Ello requiere un conocimiento de las rutinas de la víctima, su dirección de domicilio o trabajo, el nombre de otros familiares y cualquier otro dato que le dé al extorsionador la posibilidad de posicionarse con una delantera ante la víctima.
De esa manera, quien sufra el atentado recibirá una serie de órdenes que sentirá que debe acatar por temor. Ese es propiciado por la familiaridad que el perpetrador tenga hacia él y lo que pueda hacer con esa información.
El ejemplo anterior abarca uno de los factores criminógenos más relevantes en el análisis del comportamiento de una víctima: el perfil psicológico. Manzanero acuña este rasgo como parte de las circunstancias personales. Estas se conforman por las vivencias de la víctima, su estado psíquico y su esfera cognoscitiva.
Ser víctima: ¿la mente influye?
El estado emocional de una persona es un factor endógeno que puede variar ante factores exógenos. La mente es un aspecto humano complejo que debe comprenderse desde las capacidades volitivas y cognitivas del individuo. Engloba su entorno social, familiar y cultural.
Por tal razón, la esfera psíquica y afectiva dependerá de los sucesos que la rodeen, mismos que influyen en la sensopercepción del sujeto. Esto se refiere a la parte mental encargada de percibir y almacenar información mediante las facultades sensoriales: olfato, vista, gusto, tacto, etc.
Así que, los criminales aprovechan las fallas sensoriales y eligen a estas personas como sus víctimas. Pero, estas condiciones no solo son biológicas, sino que también son provocadas o interrumpidas por el medio.

En particular, una persona puede tener capacidad de análisis o enfoque de atención, pero perderla ante una situación de estrés, miedo y ansiedad. En ese instante, el delincuente que sí está pendiente de la víctima, aprovechará para cometer el delito.
Por tanto, las condiciones y capacidades mentales sí influyen directamente en ser o no una víctima. Al mismo tiempo, repercuten en convertirse o no en criminal, pues el iter criminis (camino hacia el delito) inicia en la mente, con el pensamiento de la comisión del delito. Cometerlo o no, dependerá de las habilidades de adaptación del sujeto y el control de sus emociones.
Seguimiento a la víctima
Cuando una persona sufre un hecho ilegítimo y es tipificada como víctima, el daño repercute en su círculo cercano u otros. Por ello, la victimología abarca más allá de la elección de la víctima: estudia los procesos jurídicos, emocionales y sociales que esta lleva.
Parte del seguimiento es la entrevista psicológica, con la que el psicólogo forense accede a los sentimientos de la víctima y su percepción del crimen. Así se detalla la clasificación de la víctima, su grado de incidencia o rol en el hecho y un programa o tratamiento adecuado para su reinserción. El objetivo debe ser evitar la revictimización.
La victimización es el proceso interno y externo por el que pasa una víctima luego del suceso. Esto abarca tres etapas: la fase de denuncia, la reacción de terceros ante lo sucedido y la respuesta del sistema, y el etiquetamiento y desarrollo del afectado tiempo después.
En suma, cuando se comete un hecho antijurídico y punible, la ciencia estudiará la forma, el motivo y al infractor, pero no deberá olvidarse de la parte perjudicada: la víctima.
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Yolanda Tórtola
Periodista egresada de la USAC, comunicadora social y estudiante de Criminología y Política Criminal. Apasionada por intercambiar aprendizajes. Disfruto bailar salsa, revisar textos y leer novelas policíacas.










