En 2015, decidí inscribirme en la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), tras haber pasado un año en una universidad privada. Desde pequeño, la USAC capturó mi atención debido a unos cuadernos viejos de mi papá que exhibían el emblemático logo de la universidad y aunque desconocía su historia y legado, mi motivación principal era el ahorro económico, además de que me atraía la nueva carrera que ofrecía.
Una vez en la USAC, me percaté de que no se parecía en nada a una universidad privada, observé a personas con capuchas negras que entraban al aula para hablar sobre la Huelga de Dolores, un evento del que había oído hablar, pero nunca había prestado atención. También mencionaban un concurso para elegir a un “Rey Feo”, lo que inicialmente me causó gracia, porque pensé que se elegía literalmente a la persona más fea.
Sin embargo, comprendí que se trataba de elegir a alguien que, de manera humorística y captando la atención del público, pudiera denunciar las injusticias que la sociedad atravesaba en ese momento. El evento llegó y un participante en particular captó mi atención: vestido con licra negra, calzoncillos rojos al estilo Superman, capa amarilla y un antifaz del mismo color. Se hacía llamar “Orgasman” y era el primer rey feo del centro universitario de Jutiapa, donde yo estudiaba.

A través de chistes y sátiras, denunciaba actos de corrupción en Jutiapa y en la misma universidad, un evento verdaderamente peculiar. Con el paso de los semestres, fui descubriendo la rica tradición de la USAC, respetada incluso por aquellos a quienes no les agradaba. Inevitablemente, conocí personalmente a ese Rey Feo. Al principio me intimidaba, pero pronto descubrí que era una persona respetable y un líder nato, siempre al tanto de los asuntos estudiantiles y políticos. Por casualidades del destino y gestiones académicas, conocí a Orgasman, proveniente de una familia de herreros, tenía un taller en una de las calles más famosas del departamento. Era amable y se diferenciaba del resto de los encapuchados. No estaba en el Comité solo por compartir gustos comunes y poseía un sentido de justicia como nunca antes había visto: incorruptible hasta la médula.

Orgasman se convirtió en mi amigo, alguien en quien confiaba y admiraba por su habilidad para hablar públicamente sin miedo, defendiendo siempre a los que no podían hablar por sí mismos. Su bondad fue presenciada no solo por mí, sino por todo el pueblo de Jutiapa. Las historias sobre cómo ayudó a los más necesitados son incontables. Tristemente, el pueblo también tuvo que ver cómo su querido Rey Feo fue asesinado.
Pero ¿cómo muere un Rey Feo si yo aún lo recuerdo? ¿Cómo mueren los ideales que él practicaba y predicaba, si yo los mantengo vivos y decidido a transmitirlos? ¿Cómo se matan las esperanzas de ver una Guatemala mejor, si yo las conservo a pesar del asesinato de mi amigo? ¿Cómo se mata el legado de alguien cuyo único deseo era la justicia para su pueblo, si yo sigo anhelando lo mismo?
Y ¿cómo se extinguen las ideas de Belter García, si todo Jutiapa las sigue conservando?







1 comentario
Gracias a quien escribió y resaltó la vida y legado que dejó mi esposo en el pueblo de Jutiapa, sus hijos siempre estarán orgullosos de quién fue su padre.