Compartimos Nuestra Esencia

¿Alguna vez se han preguntado que tan difícil sería poder alcanzar con plenitud aquello que creemos imposible? Probablemente por nuestra cabeza ha pasado una y mil veces lo diferente que la vida sería si supiéramos que llegaremos a donde soñamos estar.

¿Alguna vez se han preguntado que tan difícil sería poder alcanzar con plenitud aquello que creemos imposible? Probablemente por nuestra cabeza ha pasado una y mil veces lo diferente que la vida sería si supiéramos que llegaremos a donde soñamos estar. 

Lo más seguro es que no somos nada modestos con esos anhelos, con esas ambiciones o sueños que a diario pasan por nuestra pequeña cabeza. Aún sabiendo que la probabilidad más alta de lograrlo pueda ser del 0.1%, nuestro corazón sigue forzando a la mente a soñar en grande, soñar hasta no poder despertar. 

Lamentablemente, dentro de dichos sueños olvidamos algunas cosas importantes como: La necesidad de descubrir si tenemos un don para ello; si lo que realmente deseamos es cumplir ese sueño o si en realidad solo queremos gozar de los beneficios; si estamos dispuestos a pasar y sacrificar lo necesario para lograrlo. Dentro de tantos cuestionamientos creo que debemos comenzar preguntándonos ¿qué somos capaces de hacer por nuestra propia vida?

Hoy en día esta moda decir “Lucha por tus sueños”, “Los límites los pones tú”, “Todo lo que desees lo puedes cumplir”, entre muchas otras frases que se han vuelto comunes, molestas frases que conforme más personas las repiten, menos valor tienen. Curiosamente, esas frases inspiraron a muchas personas que hoy admiramos y, sin embargo, escucharlas no nos garantiza que nosotros también las pondremos en práctica, porque la vida, la mente, el corazón y la fe de cada persona son un mundo distinto. 

Es por eso que algunos parten de abajo y llegan a lo alto, otros parten de medio camino y se quedan ahí, algunos nacen en lo alto y llegan a lo bajo, en fin…la vida. 

No podemos garantizar tan siquiera cuánto tiempo estaremos con vida, pero hay algo de lo que sí estamos seguros, es que compartiremos nuestra humanidad con el  mundo, así es, lastimosamente los demás deben enterarse de cuán imperfectos somos, precisamente por esa razón lo que compartimos debe ser de gran valor. 

Por ello es que se dice desde mucho tiempo atrás, que mientras estemos en esta tierra debemos hacer algo de provecho con la corta vida que tenemos, que dependerá de nosotros y nuestras elecciones, el “éxito y plenitud” que viviremos. Así que,  si no hemos  encontrado qué hacer con nuestra vida, debemos apresurarnos porque el tiempo desaparece como arena entre los dedos. Lamentablemente, la mayoría no vemos con claridad temprana a qué dedicaremos el tiempo que se nos ha dado, y es que nos atormenta la idea de hacer una elección que no nos lleve a la estabilidad financiera, el status social, el reconocimiento y aceptación que a todos nos complacería experimentar.  Pasamos tanto tiempo buscando algo que nos entregue lo que soñamos, en vez de encontrar en nosotros lo que necesitamos para trabajar aquello que deseamos de tal forma que se vuelva único.  

Pero ¿Saben qué?, yo ya lo encontré…se llama “Don”, y el don solo está  dentro de nosotros, es aquello con lo que nacimos y que nos caracteriza. No se confundan, no es nuestro talento, ni mucho menos nuestra personalidad, eso forma parte del don, pero no lo es todo. Porque el don, es la esencia de nosotros mismos. 

Y creo que ejerceré con ustedes el acto más sincero que la humanidad tiene, “compartir” qué es el don, tristemente no puedo darte una lista con los pasos a seguir para encontrar el don, lo que sí puedo darte son algunas pistas de cómo puede ser “Tu Don”.

El don es lo mejor de ti, lo peor de ti, y está hecho para compartirlo con los demás. Porque aunque no lo creamos, lo que nosotros somos y hacemos está predestinado a ser expuesto con los que nos rodean, a beneficiar el mundo en el que vivimos, y a darnos satisfacción por cómo lo ejercemos. 

Porque un secreto que no muchos están dispuestos a admitir, es que cuando no encuentras ese Don que se nos fue dado, por más que trabajemos en algo que nos da de comer, y el cuál aprendimos a hacer, sentimos un vacío que no se llena, hacemos el trabajo, la obra, el proyecto cuál sea la actividad a la que nos dediquemos, pero cuando las personas nos preguntan ¿Cómo estás?, inmediatamente respondemos “Bien, ahí trabajando”, como si no fuésemos capaces de hacer algo más. 

Hemos confundido los términos trabajo, habilidad, profesión y vocación. Pocas personas gozan de dedicarse a algo que cumpla con esos cuatro caracteres, y es que no todos hemos sabido cómo encontrar nuestro don. Es curioso cómo nos disponemos a estudiar, trabajar, pagar y morir, creyendo que nuestro trabajo es nuestro don, cuando en realidad el don es lo que nos hace felices, no lo que nos da de comer, nos puede dar el trabajo con el que soñamos, pero ese no es su fin.

Con este pequeño escrito espero poder hacerlos pensar, hacerlos creer que pueden ser más, recuerden que los sueños son lindos, pero no siempre están hechos para cumplirlos, sino en ocasiones puede que sean para motivarnos y llevarnos a donde realmente pertenecemos. El secreto para llegar a ese momento en la vida, nadie lo sabe con certeza, pero intuyo que comienza cuando aprendemos a conocer lo mejor y peor de nosotros, para después compartir esa humanidad con el resto de soñadores.

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