Al momento de escribir estas líneas, podrán leerse cosas que salen de todos los guiones que se han escrito en anteriores oportunidades; no es nada histórico, político, deportivo ni mucho menos educativo. Sonará raro, pero lo plasmado en las mismas, quiere llegar a tocar un punto reflexivo del alma y del corazón.
Todos en la vida, alguna vez hemos tocado fondo. Sí, ese momento en el que la reflexión superflua o el arrepentimiento pasajero ya no basta como consuelo; llega una liga que se convierte en un golpe seco de la realidad. ¿Y qué pasa con eso? Pues déjame decirte que ocurre un pasaje en la vida de todo hombre, aquel que nos lleva a reflexionar, a profundizar; pero sobre todo a replantear y cambiar. Eso se llama redención.
Pero, ¿qué es eso de “redención”? tiene muchos significados e incluso si lo consultas en el Real Diccionario te informa que es el acto de cambiar, profundizar y liberarte de todas tus culpas, acciones, faltas o actitudes. En pocas palabras, redimirse es liberarse, curarse, pero sobre todo, tocar el límite del cambio, el cual te lleva a la gestión interior.
La vida, esta que nos toca manejar es cambiante, es dura y bonita a la vez, tiene sus tintes dulces y amargos, pero vale la pena siempre conseguir momentos que equilibren cuando todo se sale de control. La diferencia es que nosotros los humanos tenemos esa racionalización frente a las situaciones que nos puedan ocurrir. El pensar debería ser un acto de amor y de piedad propia, todo esto nos lleva a redimirnos.
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¿Por qué hoy te hablo de redención? Sencillamente porque en la actualidad se ha perdido la misma, se buscan cambios de actitudes rápidos, duelos cortos, alegrías exprés y placer con zozobra. Se ha perdido la capacidad de tocar el fondo de nuestro interior y combinar esa racionalidad con lo que sentimos. Los filósofos de todas las épocas, e incluso los modernos, dirán que la razón es la que guía el alma, pero allí es donde el intelectualismo mata al corazón, mata al hombre y convierte a una persona en una maquinaria descompuesta.
Sentir y pensar nunca fueron antónimos; puede que cada persona te diga su punto de vista, el cual incluye excusas que contemplan sus actitudes o cambios exprés frente a determinadas situaciones. No hay nada más cobarde que atribuir a la razón las excusas baratas de nuestras malas obras o malos tratos. Hoy, este mundo se ha ido al más pillo; hoy, cuando sentimos, le tenemos miedo al cambio profundo y sobre todo a la redención.
Personalmente, se ha vivido un cambio duro por varios años y no se ha sentido algo tan completo hasta que no se llega a la redención. Sí, esa que te hace tocar lo profundo del ser y combina sentimientos con la razón. Somos seres que amamos, sentimos, pensamos, analizamos, lloramos, descubrimos y vivimos por alguna o varias razones personales, pero ¿realmente hemos escuchado llegar a la redención a nuestra puerta?
Cada uno dirá si ha cambiado o analizado su vida, sea corta o longeva, pero la honestidad con uno mismo lleva a considerar que lo más importante de esta vez siempre será el amor propio y el que tengo por los demás. Erich Fromm decía que existen varios tipos de amor, pero el más anclado al humano es el que se relaciona con temas de fe y fraternales. Somos seres sociales que vivimos en constante cambio y creemos en algo que nos lleve a vivir con esperanza, con fe y sobre todo con amor.
No hay creencias correctas o incorrectas, lo más importante es analizar si con lo que hablo y actúo hay coherencia, no se puede decir que se ama si no existe el amor propio antes, no se puede decir que eres honesto si mientes hasta en lo más mínimo, no se puede decir que eres feliz aun cuando tratas a todos, incluso a ti, como una cosa insignificante. En fin, estamos llenos de contradicciones y estas solo desaparecen cuando encontramos la redención del alma y del corazón.
Todos los días hay un corazón roto, un alma alegre, una mentira que genera conflictos, una relación que se repara, muchas cosas pueden suceder, pero lo más certero de esta vida es la muerte; aquella que nos respira en la nuca o que corre detrás de nosotros y esto recuerda a un dicho de la película mexicana titulada “Macario”; en donde el cerero le dice al personaje principal: “recuerda que pasaremos más tiempo muertos que vivos”. Esa simple frase nos resume en que debemos vivir con intensidad, pero sin faltar a nuestros valores, morales, éticas y sobre todo creencias.
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No hay mayor pecado que vivir comparando la vida y el pensamiento de otros, no hay mayor duda que la que no se quiere resolver aun teniendo las respuestas enfrente; pero es algo normal, el humano no acepta cuando se encapricha y corresponde en ese momento analizar si lo que se hace vale la pena o no. Esto no se trata de una reflexión filosófica al estilo de Sócrates, Descartes o Kantiana, se trata de saber que una perspectiva de vida o, como se le llama comúnmente, “experiencia”, marca lo que un hombre es frente a su vida y sus acciones.
Descuida las preocupaciones, porque una herida sana, un corazón roto sana, un enojo pasa, etc. Pero lo que no pasa es la voluntad; solamente tú decides hasta dónde le das cabida a las situaciones que pasan en tu vida; nadie puede decirte cómo vivir, porque la experiencia de otros es un consejo y/o una recomendación. Es aquí donde la madurez combina esa redención, y depende mucho de tu visión, pero entre más el abismo te contemple y le tengas miedo, es menos posible que lo pases en paz y con una antorcha encendida.
San Antonio Abad fue un ermitaño que vivió su fe en el desierto de África del Norte. Cada día, la tentación de todo tipo y el miedo le jugaban una vuelta tenebrosa, pero la realidad es que solo son demonios pasajeros, aquellos que te quieren justificar lo malo para que los veas como leve o pequeño; la solución es dejar que estos mueran de hambre, hacerlos anímicos y sentir que la capacidad propia puede más que una simple palabra bonita y mentirosa.
Descansa en ti y deja que tu mente lo haga, no eres mala persona por redimirte con profundidad; al contrario, comienzas a ser algo más que un intelectual académico o de vida, comienzas a ser un humano que a su vez es demasiado humano.
Nadie deja de ser lo que es hasta que no se encuentra con la verdad de su ser, y esa verdad te la podrán dar muchas cosas en las que crees, pero vivir basado en creencias ajenas o impuestas, así sin dudar es un riesgo; obedecer no es malo, pero sí peligroso si se hace con blandeza y ceguera. Obedécete a ti, a tu ética, a tu razón y a tu moral; pero nunca lastimes ni te metas en la vida de otros, ni mucho menos los dañes. Al final de cuentas, la redención nos llega a todos, temprano o tarde, pero si la tomas, lograrás tocar tu alma y puede que vivas con más libertad, amor, paz y alegría.
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Oscar Ramírez
Licenciado en Ciencia Política (Universidad Rafael Landívar) y Magister en Docencia Superior (Universidad Mesoamericana de Guatemala). Soy una persona apasionada por la historia y la educación, además del fútbol y las buenas platicas con los amigos y la familia. Mi intención es aportar con mis escritos al análisis crítico y realista de varios factores de la realidad socio-nacional.










