Controlar tus sueños suena increíble, hasta que lo logras

Los sueños lúcidos, la parálisis del sueño y las experiencias extracorporales revelan lo difusa que puede ser la línea entre la realidad y el subconsciente, mostrando cómo el cerebro puede hacernos sentir dolor, miedo o control incluso mientras dormimos. Entre la ciencia, la psicología y la creatividad, el texto reflexiona sobre el deseo humano de controlar los sueños y cuestiona si realmente alguna vez despertamos por completo.

Me encontraba comprando en un supermercado. Me acerqué al área de snacks, pero había dos personas hablando justo donde estaba mi chocolate favorito. Les pedí permiso y tomé uno. Ambos me miraron intensamente.

No dijeron nada, pero de alguna forma supe que me habían descubierto, algo dentro de mí sabía que yo no debía estar allí. La barra de chocolate desapareció de mis manos. Volteé a verlos y seguían observando, murmurando entre sí. Caminé, pero el pasillo era interminable. Entonces lo entendí: esto es un sueño.

Desperté en mi cama, estaba agitada, así que fui a lavarme la cara. Al hacerlo, me astillé el dedo con un mueble. El dolor fue inmediato. La sangre no dejaba de salir. Tomé mi teléfono y lo manché sin querer. Intenté limpiarlo, pero la mancha no desaparecía.

También puedes leer: Aprendiendo a habitar el vacío

Quise escribirle a alguien, pero las palabras eran borrosas, difusas. Como si de pronto hubiera olvidado cómo leer. Entonces lo supe: esto también es un sueño. Desperté en mi cama nuevamente. El dedo estaba intacto, sin herida, sin sangre. Pero aún dolía. Y no pude evitar preguntarme: ¿Estoy soñando de nuevo?

Lo inquietante no fue el sueño, fue la claridad. La sensación de saber que algo estaba mal mientras seguía atrapada dentro de ello. Y esa experiencia, lejos de ser rara, tiene nombre: sueños lúcidos.

Acerca de los sueños lúcidos

Un análisis publicado en Consciousness and Cognition (2016) recopiló más de 30 estudios. De acuerdo con dicho análisis, se estima que alrededor del 55 por ciento de las personas ha experimentado al menos un sueño lúcido en su vida. Sin embargo, solo alrededor del 23 por ciento los ha vivenciado con frecuencia y es menor aún la cantidad de personas que logran controlarlos.

Porque darse cuenta de que estás soñando es apenas el primer paso. Dirigir lo que ocurre dentro del sueño, esa es otra historia. Pasamos aproximadamente un tercio de nuestra vida durmiendo. Y entonces surge una pregunta inevitable: Si pasamos tanto tiempo en ese estado, ¿por qué no aprovecharlo?

Para algunos, los sueños son una puerta. Un espacio donde se puede volar, cambiar escenarios, reencontrarse con alguien, crear sin límites. Otros los ven como una herramienta: desbloquear ideas, procesar emociones, encontrar respuestas que en la vigilia no aparecen. Tal vez los sueños no son solo descanso, sino una forma de exploración.

Según distintos estudios científicos, los sueños lúcidos ocurren generalmente durante la fase REM, cuando el cerebro está altamente activo, pero el cuerpo permanece temporalmente paralizado para evitar que actuemos lo que soñamos. El neurocientífico Stephen LaBerge demostró que es posible ser consciente dentro de un sueño e incluso, interactuar con él.

Sin embargo, a veces el sueño se resiste, se distorsiona y se fragmenta. Las figuras nos observan, los espacios no terminan y las palabras pierden sentido. De pronto nos volvemos extraños en nuestra propia realidad.

Como si el sueño no fuera un espacio que habitamos, sino uno que también nos observa. Y entonces ocurre algo aún más inquietante: sentimos. Podemos llegar a sentir dolor, sabores, miedo, tristeza, incluso amor.

Te puede interesar: El papel de los sueños lúcidos en la salud mental: cómo pueden aliviar la ansiedad y el estrés, según expertos

Porque, aunque el cuerpo está inmóvil, el cerebro sigue activo. Durante el sueño se activan las mismas regiones que procesan sensaciones y emociones cuando estamos despiertos.

Por eso, el dolor en un sueño puede sentirse completamente real, y a veces no desaparece de inmediato. No hay sangre, no hay marca, pero el cuerpo recuerda. Porque para el cerebro la experiencia fue real.

En el otro extremo está la parálisis del sueño: cuando la mente despierta antes que el cuerpo. No puedes moverte. No puedes hablar. A veces, incluso, sientes que no estás solo.

Crédito: Magnific

Se calcula que entre un 20 y un 30 por ciento de las personas experimentará al menos un episodio a lo largo de su vida. Dos caras del mismo fenómeno: en uno, tienes el control total; en el otro, no tienes ninguno. Pero ambos nacen en el mismo lugar. Y en ese mismo límite difuso entre el sueño y la vigilia, muchas personas describen una experiencia aún más desconcertante: la sensación de salir de su propio cuerpo.

No es un sueño cualquiera, es la impresión de flotar, de observarse desde afuera, de recorrer espacios con una claridad que se siente distinta, casi más real. Para algunos, es lo que se conoce como un desdoblamiento o experiencia extracorporal.

Según la ciencia, este fenómeno ha sido estudiado como una alteración en la percepción del propio cuerpo, relacionada con la actividad de regiones cerebrales como la unión temporoparietal, encargada de integrar la información sensorial y espacial.

Desde otras perspectivas, en cambio, se interpreta como una separación entre el cuerpo físico y la conciencia. Dos formas de explicarlo y una misma experiencia. Y, nuevamente, la misma sensación inquietante: que la realidad no es tan estable como creemos.

Este fenómeno ha sido estudiado por la ciencia como una alteración en la percepción del propio cuerpo. Crédito: Magnific

Perspectiva freudiana

Más allá de la ciencia, los sueños también han sido interpretados como un lenguaje del inconsciente. Para Sigmund Freud, los sueños eran una vía de acceso a deseos y conflictos ocultos. Otros enfoques más actuales los describen como un proceso de integración emocional, una forma en la que el cerebro ensaya escenarios y reorganiza experiencias.

A lo largo de la historia, los sueños no solo han sido objeto de interpretación, también han sido fuente de creación. Mary Shelley concibió la idea de Frankenstein tras una pesadilla que la dejó profundamente perturbada. Dmitri Mendeleev, por su parte, aseguró haber visualizado en un sueño la estructura de la tabla periódica, organizando los elementos de una forma que, hasta entonces, no lograba resolver despierto.

No son casos aislados. Son recordatorios de que, mientras dormimos, la mente sigue trabajando a su manera. Tal vez no se trata solo de lo que soñamos, sino de lo que nuestra mente es capaz de construir cuando dejamos de intentar controlarla.

Quizás aún no hemos comprendido del todo su potencial. Puede ser que no se trata solo de controlarlos, sino de entender por qué queremos hacerlo.Porque en un mundo donde buscamos tener el control de todo, los sueños siguen siendo uno de los pocos lugares donde ese control es frágil, inestable y profundamente impredecible. Porque la próxima vez que despiertes en tu cama, podrías preguntarte lo mismo: ¿Y si aún no te has despertado del todo?

Escrito por: Karen Sandoval

Licenciada en Relaciones Internacionales con Maestría en Logística y operaciones, escritora y poeta guatemalteca. Me gusta plantear dudas sobre diversos temas sociales y aportar ideas en cuanto a temas de comercio internacional. Además, por medio de la poesía he encontrado una herramienta terapéutica y de conexión con los lectores, con la que comparto mis emociones.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *





Las opiniones expresadas en este artículo son exclusivamente responsabilidad de su autor. Revista Telégrafo firme con su compromiso de promover el pensamiento crítico y libertad de expresión en la sociedad guatemalteca, brinda espacios abiertos, auténticos y sin filtros para que personas de distintos sectores de la sociedad puedan expresarse, sin embargo, la publicación de este artículo no supone que el medio valide su argumentación o la verdad de sus conclusiones.
You May Also Like
Leer más

Alcalde, Síndico o Concejal

¿Es el Alcalde o Alcaldesa la “máxima autoridad” en un municipio? NO.La máxima autoridad en un municipio es el Concejo Municipal. Empecemos por conocer cuáles son los elementos de un municipio, tal como lo establece el artículo 8 del Código Municipal:
Leer más
Leer más

Heridas Ixiles

Existen heridas emocionales que a pesar del tiempo, nunca llegan a sanar. Tal es el caso de don Vicente, persona sobreviviente al Conflicto Armado, quien al contar las atrocidades que atestiguo y sufrió, hace un viaje al pasado que aún le trae lágrimas y amargos recuerdos.
Leer más