Esta pequeña crónica refleja el sentir de todos los niños, al ver la realidad adulta pasar.
Lucía disfrutaba de regresar del colegio, hacer sus tareas y jugar toda la tarde.
Veo que mi papá siempre está trabajando y mi mamá se la pasa limpiando la casa todos los días, ninguno descansa.
Entre la dura cotidianidad de la vida adulta de sus padres, Lucía se preguntaba: ¿Por qué nunca descansan? ¿Por qué nunca los veía sonreír?
Creo que me gustaría que mis papás pasaran más tiempo conmigo, que jugaran conmigo, o por lo menos que tuvieran tiempo para que saliéramos a pasear los fines de semana. Me gusta mi casa, pero quisiera estar más con ellos.
En el mundo moderno, los niños observan cómo sus padres se dedican enteramente al mundo laboral o a atender las necesidades que la vida adulta demanda. Y muchas veces, la adultez absorbe la esencia de las personas. Cuando se pierde la esencia, es como si se escondieran los juguetes.
La realidad adulta es tan absorbente, que metafóricamente, los juguetes se pierden por debajo de la casa. Las personas llegan a olvidar la razón elemental por la que desempeñan sus actividades y dejan de lado la naturaleza de lo que los hace moverse.

Me da miedo crecer, no quiero dejar de jugar con mis juguetes, ver la tele o salir a jugar con mis amigos. Me gustaría que mis papás fueran más tranquilos y jugaran conmigo.
Los niños son los mejores observadores del mundo y se fijan en la rapidez con la que pasa la vida de los adultos. Lucía es el ejemplo de ello, pues siendo niña, solo quiere tener el tiempo de sus padres para pasar tiempo con ellos.
Mientras más crecemos, parece que actuamos de forma errática o automática, olvidamos disfrutar los pequeños momentos, disfrutar como cuando fuimos niños, olvidamos jugar con nuestros juguetes y disfrutar las pequeñas cotidianidades.

Es momento de recuperar nuestros juguetes, es nuestra responsabilidad hacer que los niños no teman crecer, que la adultez aparezca en sus vidas de manera natural. Es deber de los adultos tomarse la vida con más calma, dando un buen ejemplo a las futuras generaciones.
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Marcela Tornoé
Estudiante de comunicación y periodismo. Apasionada por el periodismo de investigación y la acción climática. Mi objetivo es contar historias.










