Siempre he visto que mi cuerpo es un objeto de consumo. Me he preguntado varias veces el porqué de esto y cómo los cuerpos de las mujeres se han convertido en un objeto para consumir. Opino que la pornografía fue quien decidió que los cuerpos estarían en venta, en específico, el de nosotras las mujeres.
En la pornografía, la representación de cuerpos estereotipados y normativos predomina. Aquí, aquellos que no se ajustaban a los criterios tradicionales de belleza fueron excluidos de la narrativa visual durante muchos años. Estos estándares de belleza, impuestos por la industria pornográfica, se encargaron de enfatizar la juventud y delgadez. Al final contribuyeron a la creación de una cultura obsesionada con la apariencia física.

El consumismo de los cuerpos es un fenómeno que se manifiesta en diversas formas, desde revistas para hombres hasta reality shows de televisión. La exposición constante a estas referencias de estética, en mi opinión, lleva a que las niñas crezcan con la expectativa de alcanzar esos ideales, pensando que solo a través de ellos, podrán obtener algún valor en la sociedad.
Por ejemplo, Demi Lovato, actriz que protagonizó “Camp Rock” en Disney Channel, sufrió de bulimia; según el artículo de Amy Scholten para Western New York Urology, menciona que las mujeres son más propensas a desarrollar un trastorno alimenticio. Demi Lovato ha manifestado en diversas ocasiones que estaba acomplejada por su cuerpo desde muy pequeña, debido a que no tenía un abdomen plano. Todo esto surge porque su cuerpo no se ajustaba a los cánones de belleza de la industria y era considerada “la niña gorda de Disney”.
Es increíble ver como los estándares en nuestros cuerpos, hace que nuestra realidad se distorsione. Cuando era pequeña, crecí con la idea de que ella y otras actrices eran personas con sobrepeso, solo porque así lo decían los medios. Los cuerpos se han convertido en un punto clave para la sociedad de consumo, influenciando así la promoción de objetos y mercancías a través de los medios de comunicación usando cuerpos femeninos.
Está claro que debido al consumismo corporal, la apariencia a menudo ha prevalecido sobre la salud. La pornografía también juega un papel en la promoción de estos estándares de belleza poco realistas, lo que refuerza la cosificación de las mujeres y el consumismo de sus cuerpos. Me doy cuenta de cómo mi cuerpo se convierte en mercancía y objeto de consumo meramente.

Es esencial cuestionar y reflexionar sobre el consumismo del cuerpo femenino influenciado por la pornografía. ¿Hasta qué punto estamos dispuestos a permitir que la estética esté por encima de la salud y la autenticidad? ¿Cuánto de la identidad de la mujer se tendrá que distorsionar por los estándares de belleza impuestos? La respuesta a estas preguntas debe ser basada en lo saludable entre la apariencia, la realidad, y la estética. Solo así vamos a poder liberar a la mujer del papel como objeto de consumo, y de las cadenas del consumismo corporal que ha atravesado, durante años.
Cristina Meyer
Estudiante de Periodismo en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Activista por los derechos de la mujer y la comunidad LGBTQ+. Me gusta desenvolver mis ideas a través de la escritura.






