La violencia y sus diferentes expresiones son elementos incrustados en toda la naturaleza humana, es muy difícil generalizar que la mayoría de estas diferentes expresiones detonen o se hagan presentes en cada persona; de alguna u otra forma, la violencia y su gen salen a relucir o intentan colarse en los momentos más álgidos que se experimentan dentro del desarrollo cotidiano.
Intentar definir la violencia es una tarea muy compleja y a su vez interpretativa, muchos autores la han estudiado y el objetivo general de su definición es llegar a explicar esa confrontación o momento donde una persona o varias hacen uso de su facilidad de poder y control, sobre otras. Puede explicarse también como la acción de un poderoso frente a un dominado; incluso, con el aprovechamiento de condiciones físicas, psicológicas, morales, económicas y emocionales para doblegar la integridad de un similar.
Los deportes existen por una razón: la distracción y acondicionamiento para las situaciones físicas del humano. En general, podría decirse que son para otras cosas, pero obviando los temas económicos y políticos, el deporte es un juego creado para fortalecer la salud, integridad y condición de una persona. Y es aquí, donde entra el tema del fútbol.
Desde hace más de 100 años existe este pequeño deporte, compuesto de 22 jugadores que corren detrás de un balón para anotar en una portería el mismo y así acumular goles. Esta es la definición básica, si no consideramos la más técnica dada por las ciencias deportivas o por los puristas o especialistas del juego.
El fútbol es el juego más sencillo del mundo, no se necesita de un gran terreno mientras se tenga un par de piedras o palos que simulan una portería, algunos compañeros que equivalga a dos equipos, y los más importante, un balón (no importante su condición).
Se juega en las calles en los barrios, en las colonias, en las obras de construcción; no existe ningún lado donde el fútbol no haya penetrado y dejado su huella, pero hay un elemento que ha estado abatiendo su razón de ser y es el de la violencia.
El contacto es una pieza fundamental de este deporte, las entradas fuertes, los codazos, los empujes, el choque de cuerpos, etcétera. Forman parte de esa dinámica humana del juego, pero las reglas de este y su internacionalización, crean una especie de institución formal (cuando se juega con árbitro) o informal (cuando desde el inicio se pacta o se saben cuáles son las ilegalidades que se cometen en un juego); es un tipo de protección frente a la integridad de los jugadores.
Desde aquí y la poca razón del uso de la fuerza, comienza la violencia.
Las entradas fuertes, los roces, los empujones, los insultos, intimidaciones son cuestiones que forman parte del juego y la génesis de esos pequeños ciclos de violencia que pueden surgir en un campo de juego; esto no es independiente para lo interno, salpica al ambiente fuera de la cancha y permea el ambiente personal de cada espectador o aficionado a un equipo que vea el juego.
Muchas veces la violencia de estos juegos hace que los ánimos se intensifiquen entre los afines a un equipo y el otro, lo que promueve a una violencia física, psicológica y emocional.
Un partido puede llegar a convertirse en un coliseo de batalla, donde el amor y la pasión por el juego dejan de ser el enfoque principal.
Análisis de la pelota y el mazo desde la experiencia personal
Para dar un ejemplo más clarificador sobre el análisis que se realiza sobre la violencia del fútbol es factible comentar una experiencia personal dentro de estos campos de juego.
Donde resido, existe una pequeña liga de equipos, muchos son locales (“de la colonia”) y otros son invitados o externos. Lo último ha llevado a crear rivalidades y rencores un poco fuertes que se transforman en violencia por esa idea de “invasión de territorio”.
Al iniciar los partidos, algunos limpios, otros con características de guerra, se ha notado que existe la ley del dominador y el dominado. Un equipo fuerte lleno de jugadores con experiencia (ya sea de calle o de alguna academia deportiva), frente a uno que tiene solamente aficionados que han desarrollado el gusto por el deporte como un pasatiempo más.
Las confrontaciones suelen alimentarse cuando el dominado enfrenta con su mismo juego violento al dominador, los golpes y las intimidaciones son acciones de una dominación creada por la idiosincrasia del juego; esa demostración excesiva de bestialidad y de poder frente un similar.
En la liga local, el último torneo terminó con una batalla campal de golpes, donde los involucrados fueron desde los jugadores hasta la afición de ambos equipos, incluyendo espectadores que defendían “el honor del territorio”.
Solamente se ha visto que los animales o las bestias salvajes pelean o sean hostiles frente a una invasión territorial o por el honor de una manada. Los humanos al tener el uso de razón podrían evitar las acciones bestiales, pero la condición violenta y álgida del fútbol domina hasta al más sabio y puede descontrolar hasta al más pacífico. Se sabe que no siempre es una totalidad de personas las que pelean, pero la entrada a un enfrentamiento grupal involucra y hasta cierto punto incumbe al miembro del equipo por intentar sobrevivir o defender lo suyo.
Llama la atención para este tipo de situación, que no es la única presenciada, existen personas que han llevado su educación por los suelos, aquellos que han tenido diferente formación e incluso una cristalización de valores; al final se ven manchados por la violencia que genera este tipo de situaciones.
Conclusión: el fútbol no es un conflicto territorial
La profundización sobre el tema da para muchas investigaciones y hojas de escritura, pero el acercamiento a un caso palpable y una experiencia recibida permite tener un pequeño balance sobre las actitudes, emociones y acciones a las que puede llevar ese gen violento que el humano posee dentro sí; siendo el deporte una actividad que permite mucho dinamismo con el cuerpo y la conexión emocional, no es de extrañarse que el gen en mención realce en este pasatiempo.
Desde el nivel aficionado, hasta el profesional, el fútbol está lleno de cuestiones que pueden ser tomadas en cuenta para analizar la cultura y la tradición de los practicantes; agregando, estas situaciones recurrentes dejan muchas veces una experiencia negativa, aquella que aleja tanto a jóvenes como grandes de querer participar en el deporte y sus actividades correspondientes.
La experiencia, el juego, las ganas de ganar y el divertirse son aquellas cuestiones que, con el gen de la violencia expuesto, se minimizan, en algunos casos el miedo y la intimidación son expresiones que vetan de querer una convivencia sana y pacífica dentro del fútbol; lamentablemente en algunos casos, esta violencia ha llegado a dejar enfrentamientos con saldos fatídicos.
Diferenciar la rivalidad con la bestialidad es una reflexión necesaria para todos los aficionados y jugadores de este deporte, que un parecer personal, sigue siendo el pasatiempo más hermoso y fácil de practicar para todos.
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Oscar Ramírez
Licenciado en Ciencia Política (Universidad Rafael Landívar) y Magister en Docencia Superior (Universidad Mesoamericana de Guatemala). Soy una persona apasionada por la historia y la educación, además del fútbol y las buenas platicas con los amigos y la familia. Mi intención es aportar con mis escritos al análisis crítico y realista de varios factores de la realidad socio-nacional.











1 comentario
Excelente aporte.
Es el deporte más querido en el mundo pero sus fanaticos y algunos jugadores dejan muchas veces sin sabores con su actitud anti deportiva. También hoy por hoy es un gran negocio y han dejado fuera la esencia del deporte.