Como instructora de danza árabe en Guatemala, es muy común observar que las personas que desean aprender “bellydance” se enfocan mucho en los beneficios físicos y emocionales de aprender una nueva habilidad, y la oportunidad de participar en shows y performances frente a familiares y amigos. Pero pocas veces tenemos espacios para profundizar en la cultura y el idioma que estamos representando a través de nuestra danza.
La danza árabe suele pensarse como una única manifestación homogénea con sus propios pasos, secuencias y música, pero la realidad es que ha evolucionado en diversos estilos, algunos más modernos y otros más tradicionales. También he notado que suele estar asociada únicamente a Egipto (tanto el Antiguo como el moderno). Sin embargo, la liga árabe está conformada por 22 países, cada uno con sus costumbres, tradiciones, danzas y expresiones culturales.
Dentro de los 22 países se encuentra Palestina, hoy bastante popular en medios de comunicación y redes sociales debido al conflicto que se desarrolla en esta parte del mundo. Muchas personas se han declarado solidarias con la causa palestina, comparten publicaciones, asisten a manifestaciones e incluso se identifican como pro-Palestina.

No obstante, pocas veces se profundiza en la riqueza cultural de este pueblo, más allá del marco del sufrimiento. Conocer su música, su arte, su gastronomía o sus danzas tradicionales como el dabke, también es una forma de resistencia y de apoyo: es negarse a reducir una identidad milenaria únicamente al dolor.
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¿Qué es el Dabke?
El dabke (دبکة, pronunciado “dabkeh” o “Dabka” en árabe) es una danza folklórica originaria del Levante árabe, especialmente practicada en Palestina, Líbano, Siria y Jordania. La palabra dabke significa “zapatear” o “golpear con fuerza el suelo”, lo cual refleja uno de los elementos más característicos de esta danza: los pisotones rítmicos y contundentes que marcan el paso de un grupo unido.
Hay diversas historias sobre su origen. La más aceptada y difundida es aquella que hace referencia a los hombres trabajando en los techos y dando pisotones fuertes para asentar los materiales de construcción. Con el paso del tiempo, esta práctica comunal se transformó en una danza popular, acompañada por instrumentos tradicionales como el mijwiz (una especie de flauta doble), la tabla o darbuka (tambores) y, en ocasiones, el canto improvisado o ataaba, que añade un componente poético y emocional.
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Actualmente, el dabke se interpreta en celebraciones como bodas, festivales y eventos nacionales, pero también ha encontrado un espacio en las manifestaciones políticas y actos públicos, sobre todo en Palestina.
El Dabke y su importancia en la identidad Palestina
Se pueden distinguir dos tipos de Dabke. El dabke popular, que es una danza social, comunitaria, asociado a festejos, celebraciones nacionales, y el Dabke coreográfico interpretado por bailarines y compañías de danza folklórica de manera profesional, con coreografías más estructuradas y elementos escénicos.
Sin embargo, en el contexto palestino, el dabke ha trascendido lo festivo para convertirse también en una poderosa herramienta de manifestación política y resistencia cultural. En muchas marchas y protestas, tanto en Palestina como en la diáspora, grupos de jóvenes irrumpen bailando dabke como un acto simbólico: sus pasos golpean el suelo como una forma de reclamar la tierra, afirmar su identidad y mostrar que, a pesar de la ocupación y el desplazamiento, su cultura sigue viva.
Bailar dabke en espacios públicos se ha vuelto una forma de visibilizar la lucha palestina desde el arte. Es una manera de expresar orgullo, pertenencia y también dolor, sin necesidad de discursos. Donde las palabras no alcanzan, el cuerpo habla.
Este poder simbólico y cultural fue reconocido oficialmente en el año 2023, cuando la UNESCO inscribió al dabke palestino en la Lista Representativa del Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Esta decisión no solo celebra el valor artístico de la danza, sino que también valida su papel como expresión colectiva de un pueblo que, a través del arte, defiende su historia, su dignidad y su derecho a existir.
Conocer y difundir el dabke es ir más allá de la solidaridad simbólica; es una forma de reconocer la humanidad y la riqueza cultural de un pueblo que ha sido históricamente silenciado.
Como artistas, como docentes y como espectadores, tenemos la responsabilidad de no quedarnos solo con la superficie. Bailar no es un acto neutro: también es una manera de contar historias. Y el dabke palestino nos recuerda que, incluso en medio del dolor, se puede resistir con ritmo, con memoria y con alegría.
Bibliografía

Escrito por: María Ester Guzmán
Filósofa, gestora cultural y bailarina profesional. Ha trabajado como redactora y editora SEO, especializándose en contenido multilingüe. Actualmente combina su pasión por la escritura y la danza, abordando temas culturales, sociales y de identidad desde una mirada crítica y sensible.








