Cada vez que una bandera guatemalteca ondea fuera de nuestras fronteras, no solo representa un país en el mapa: representa los sueños, el talento y la energía de una juventud que quiere transformar su presente y construir un mejor futuro para todos.
Durante el mes de julio, tuve el honor de llevar la bandera de Guatemala hasta la Escuela de Verano para Oficiales de Gobierno en Moscú – Rusia, compartiendo esta responsabilidad con mi compatriota Feliciana Zapón. Éramos las únicas dos guatemaltecas en un grupo de alrededor de 100 jóvenes líderes y funcionarios provenientes de todos los rincones del mundo: Rusia, Bielorrusia, Serbia, Italia, Argelia, Mali, Sudáfrica, Zimbabue, Indonesia, Tailandia, Filipinas, Armenia, Pakistán, Palestina, Argentina, Venezuela, Ecuador, Brasil, Bolivia, Costa Rica, México, entre otros.
Durante varios días, convivimos en un entorno donde las culturas, los idiomas y las ideas se entrelazaban, recordándome que no hay país tan pequeño que no tenga nada que aportar, ni país tan grande que no tenga nada que aprender. Lo que viví allí no solo fue un encuentro internacional, sino una experiencia que reafirmó la fuerza y el potencial de la juventud guatemalteca en el escenario global.

La diversidad étnica y cultural era fascinante. Cada conversación, cada acento, cada historia me recordaba que vivimos en un mundo multipolar, es decir, un escenario internacional en el que el poder, la influencia y la toma de decisiones no se concentran en un solo país o región, sino que se distribuyen entre múltiples actores con visiones y prioridades distintas. Este contexto abre oportunidades únicas para países como Guatemala, que pueden establecer relaciones con diversas potencias y regiones, diversificar su cooperación internacional y ampliar su presencia global en educación, comercio, innovación y desarrollo.
Ver nuestra bandera entre tantas fue profundamente valioso; confirmaba que Guatemala está dando pasos firmes para hacerse escuchar y llegar más lejos en la escena internacional.
Durante la Escuela de Verano, la cual combinó conferencias magistrales, mesas redondas, talleres prácticos y simulaciones de alto nivel, abordamos temáticas clave para el liderazgo y la gestión pública contemporánea: administración pública basada en valores y peculiaridades culturales, digitalización de los procesos de gobierno, cooperación internacional, diplomacia juvenil, liderazgo territorial e intercambio de buenas prácticas en proyectos para el desarrollo. Discutir estos temas en un entorno multicultural no solo amplía la visión, sino que permite comprender cómo distintas naciones enfrentan desafíos similares con enfoques innovadores. Este tipo de formación internacional es esencial, porque ofrece herramientas y perspectivas que trascienden nuestras fronteras y que, adaptadas a la realidad guatemalteca, pueden fortalecer nuestras instituciones y proyectos de desarrollo.
Asimismo, trabajamos en grupos multidisciplinarios para diseñar proyectos innovadores para la juventud. Mi mesa estaba conformada por representantes de Pakistán, Indonesia, Mali, Argelia y Guatemala. A pesar de nuestras diferencias culturales y profesionales, nos unía un mismo objetivo: construir un mejor país, una mejor sociedad, una mejor educación y un mejor mundo para todos.

El resultado fue extraordinario: nuestro equipo ganó el primer lugar con una propuesta para crear una plataforma digital que reúna todas las oportunidades de formación, intercambios y becas que Rusia ofrece a jóvenes del mundo. La idea surgió al identificar que, aunque existen múltiples programas (desde cursos especializados y festivales internacionales, hasta becas completas para estudios superiores), muchas veces la información está dispersa y los jóvenes no saben dónde encontrarla ni cómo aplicar. Nuestra propuesta buscaba centralizar esa información y establecer una red de embajadores juveniles en Rusia para guiar y motivar a otros.
Más allá del reconocimiento, esta experiencia me reafirmó que el networking y las alianzas estratégicas son una de las mayores riquezas que ofrecen estos espacios. Conocer a jóvenes de todos los continentes, intercambiar visiones y explorar posibles proyectos conjuntos es sembrar semillas que pueden convertirse en colaboraciones reales. Las alianzas internacionales permiten que ideas innovadoras crucen fronteras y se adapten a distintas realidades, multiplicando su impacto.
Para mí, como internacionalista, este proyecto reafirmó la importancia de la cooperación internacional, del intercambio de buenas prácticas y de contar con plataformas donde las juventudes puedan proponer y liderar soluciones. Sin embargo, estos logros no son cuestión de suerte: son fruto de la preparación constante, de construir un perfil sólido y de atreverse a postular a oportunidades que pueden transformar tu vida académica y profesional.
Te recomendamos leer el resumen de nuestro episodio de Telegrafo Talks: T2E7: Becas y oportunidades para estudiantes guatemaltecos con INDESGUA
La juventud guatemalteca es diversa, talentosa, apasionada y está cada vez más preparada. Sin embargo, para que sigamos presentes en escenarios globales, es fundamental fomentar más espacios de formación, fortalecer las redes internacionales y abrir puertas a quienes sueñan con representar al país.
Por eso, mi llamado es claro: jóvenes guatemaltecos, busquen oportunidades internacionales, participen, aprendan, representen y construyan redes. La representación de Guatemala en el extranjero no solo fortalece nuestra imagen como nación, también abre puertas a nuevas colaboraciones que pueden traer beneficios concretos para nuestras comunidades.
Cada vez que uno de nosotros cruza fronteras con la bandera de Guatemala en el corazón, no solo se abren nuevas posibilidades para nuestro futuro: también estamos trazando caminos para que otros jóvenes puedan seguirlos. Y en ese viaje, no solo nos representamos a nosotros mismos, sino a todo un país que quiere y merece llegar más lejos.

Representar a Guatemala en un escenario internacional no es solo un honor, es una responsabilidad que transforma. Esta experiencia en la Escuela de Verano fue un recordatorio de que, cuando la juventud se prepara, conecta y colabora más allá de las fronteras, se convierte en un motor capaz de impulsar cambios reales. No hay país tan pequeño que no tenga nada que aportar y no hay país tan grande que no tenga nada que aprender, y Guatemala lo demostró con ideas, talento y liderazgo. Volví con nuevas ideas, aliados estratégicos y la certeza de que el nombre de Guatemala puede resonar fuerte en cualquier parte del mundo. Lo que vi y viví confirma que nuestro país tiene en su juventud una fuerza imparable, lista para abrir caminos y construir un futuro que hoy apenas comenzamos a imaginar.
Si desean conocer más sobre cómo acceder a estas oportunidades, los invito a leer mi columna sobre becas internacionales, donde comparto recursos y consejos para dar ese primer paso hacia el mundo.
Related Tags
Ana Corado
Licenciada en Relaciones Internacionales con especialidad en Seguridad Internacional en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Especialista en temas de cooperación internacional, programas y proyectos de cooperación, alianzas estratégicas, entre otros.










