Si tuviera que definir este año en una sola palabra, lo haría con la palabra “Aprendizaje”. Además de enfrentarme a problemas totalmente nuevos, al hallarme en entornos muy distantes de los habituales, también conseguí un enorme avance en el ámbito profesional. Soy estudiante de derecho y al haber finalizado todos mis cursos, tuve la oportunidad de estar en las aulas de mi alma máter, ya no como estudiante, sino como auxiliar de cátedra.
Me siento agradecido, no tan solo por esa excepcional oportunidad, sino porque me forzó a enfrentarme a un sistema al que desconocía casi en su totalidad. La enseñanza, como profesión, no es para nada fácil; y, aunque el riesgo fue grande, la recompensa que obtuve excedió todas las dificultades. Ahora que puedo descansar un poco, tengo la oportunidad de reflexionar sobre todo lo que he aprendido. Algo en lo que he reflexionado mucho, es sobre la problemática existente en las universidades: el estudiante que se ha atado a sí mismo a aprender, pero no a comprender.
La paradoja del estudiante: aprender sin comprender
Me topé con un fenómeno muy curioso: al inicio del año, muchos estudiantes (a quienes saludo desde este espacio) se reunían conmigo después de clases, con el fin de preguntar sobre aquellos conceptos que no habían entendido. Después de haberles explicado el contenido, y de asegurarme de que lo tenían memorizado, cada uno se retiraba con la esperanza de retenerlo hasta que llegara el día del examen.
Conforme pasaron los meses, en otros cursos, cuando les preguntaba a dichos estudiantes sobre los mismos conceptos, incluso cuando les hice las mismas preguntas, descubrí con sorpresa que no solo no lo entendían (por lo que no podían contestar las preguntas), sino que olvidaban haberlas estudiado alguna vez. Esto no es para nada nuevo, puesto que conversando con otros compañeros auxiliares y con los catedráticos, describen las mismas experiencias, tanto en estudiantes recién inscritos como con aquellos que ya se encontraban al término de la carrera.
De esta cuenta, me propuse a analizar los métodos a los que estaba acostumbrado a aplicar en las aulas, así como aquellos totalmente contrarios, a los que podía hallar un uso práctico.
La trampa de la memoria a corto plazo
La lectura repetida y el discurso explicativo son las dos técnicas con las que pueden obtenerse resultados prontos y satisfactorios. Se explica al estudiante lo que debe saber, este lo repite en su examen o en una exposición y se entiende que ha aprendido lo necesario. El problema comienza una vez que se le pregunta al estudiante el mismo contenido a los meses e incluso al año. He encontrado que, aun cuando en un inicio logró describir el artículo de una ley o el párrafo de una obra con sobrada exactitud, después encontró dificultades para recordarle. Comprendí entonces, que la mayoría de estudiantes solo se preocupan en recordar lo que necesitan para obtener notas satisfactorias en sus exámenes, solamente para olvidarlo con el paso de las semanas y los meses.
Te podría interesar: 10 técnicas de estudio que pueden potenciar tu aprendizaje
Esto evidencia que el estudiante se encuentra en una crisis de aprendizaje, reforzando aquellas técnicas de estudio que facilitan la memorización a corto plazo y, a posteriori, resultando en que pierdan la habilidad para retener conocimiento a largo plazo. Y, lo que es más peligroso, da como resultado que pierdan el interés de comprender aquello que leen.
En la abogacía, el estudio exhaustivo y profundo de nuevos conocimientos técnicos es muy importante; más que eso, es necesario para que el(la) estudiante de derecho y el(la) abogado(a) sobrevivan en una sociedad que constantemente produce nuevos hechos jurídicos que deben estudiarse. Fenómenos como la innovación tecnológica, nuevas formas de comercio digital y la expresión de opiniones en redes sociales cada vez más restrictivas, son algunos ejemplos.
¿Por qué es mortal para un abogado dejar de aprender?
Lawrence Lessig, un reconocido jurista estadounidense y profesor en la Universidad de Harvard, en muchos de sus artículos, explica que en la abogacía, los profesionales tienen el deber ineludible de comprender la tecnología que modela el mundo moderno para poder gobernarla mediante leyes relevantes y efectivas. Esta comprensión no es opcional, sino un requisito para la supervivencia misma de la relevancia del derecho.
Por su parte, Eugenio Zaffaroni, eminente jurista argentino y exjuez de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, explica en sus obras cómo el derecho debe ser entendido en su relación simbiótica con la comunidad y el entorno, superando la visión antropocéntrica y estática. El profesional del derecho tiene la obligación de formarse continuamente para comprender los nuevos paradigmas sociales y ambientales, bajo el riesgo que de no hacerlo, la norma se convertirá en un instrumento irrelevante frente a realidades nuevas y cada vez más complejas.
Estrategias prácticas para un aprendizaje que perdura
A raíz de este problema, decidí aplicar aquellas técnicas de aprendizaje que había utilizado mientras aún me encontraba estudiando. Al inicio de la clase, comenzaba con una serie de preguntas sobre lo que los estudiantes habían visto en la sesión anterior.
Los reubicaba en la etapa del curso en la que nos encontrábamos, haciendo que conectaran el conocimiento anterior con el nuevo.
Seguidamente, al comenzar con la exposición del contenido, me detenía cada quince o veinte minutos, pidiéndole a los estudiantes que describieran en sus propias palabras lo más importante de lo que se acababa de explicar.
Posteriormente y preferiblemente al final de cada semana, en vez de los conocidos cuestionarios, implementaba un caso simulado, en donde era obligatorio recuperar los conceptos, teorías e instituciones aprendidos.
También puedes leer: Becas y oportunidades para estudiantes guatemaltecos con INDESGUA
Además de todo lo anterior, utilicé una técnica denominada por varios autores como “Entrelazado” o Interleaving, traducido del inglés. En vez de estudiar un solo tipo de problema o concepto hasta dominarlo, antes de pasar al siguiente, mezclé diferentes temas entre sí. Esta fue la técnica más desafiante para mí, pero resultó increíblemente efectiva.
En el litigio, es muy común que en un mismo caso se manifiesten dos o más ramas del derecho. Un caso que a simple vista es meramente penal, puede desembocarse en ramas como el Civil, Administrativo y Laboral. Todas las ramas del derecho están entrelazadas, conectadas a través de sus instituciones y enraizando esta conexión en los derechos de cada persona. Por lo tanto, métodos como el Interleaving y similares son herramientas valiosas para los catedráticos, ya que colocan al estudiante en una posición en la que tiene que analizar todas las respuestas posibles para un único problema. Los mejores abogados son aquellos que encuentran las soluciones más simples a problemas aparentemente intratables.
La recompensa de enseñar para la vida
Los resultados que obtuve me demostraron que el uso de técnicas innovadoras para la docencia universitaria es positivo y logra los fines que se pretenden alcanzar. Lo que resulta en un beneficio tanto para el estudiante que está ansioso por aprender, como para el catedrático experimentado que busca producir a los próximos defensores, jueces y fiscales que defenderán los intereses del pueblo guatemalteco.
Finalmente, aunque el aprendizaje personal fue grande, sé que me falta mucho que aprender. Solo me queda recomendarle a mis compañeros estudiantes que estén abiertos a practicar rutinas a las que no están acostumbrados, a introducirse en escenarios nuevos y a arriesgarse aun cuando la desventaja sea muy grande.
El estudio de la justicia, aunque difícil, es un deber honorable.

Escrito por: Ángel Salazar
Soy estudiante de Derecho de la Universidad de San Carlos de Guatemala, en proceso de someterme a mis examenes privados y elaborar mi tesis. Considero que la creación de estos espacios de libertad de expresión son vitales para que las nuevas generaciones fortalezcan las habilidades y talentos que son vitales para el impulso de la sociedad guatemalteca, como lo son la escritura, la lectura crítica, la investigación científica y la inclusión en temas políticos de gran relevancia nacional.












