Dentro de las redes sociales (Facebook, Instagram, X y Tik Tok) se encuentran individuos que han visto en ellas una forma de ganarse la vida, los llamados influencers. El anglicismo “influencer”, recogido por el Observatorio de palabras de la RAE, hace referencia a una “persona con capacidad para influir sobre otras, principalmente a través de las redes sociales” (Real Academia Española, 2021, Observatorio de palabras). El valor del influencer reside en su capacidad para crear confianza ante el público objetivo, que, a través de su imagen, permite dotar de credibilidad.
En la actualidad, los políticos han visto una oportunidad para dar a conocer cada una de sus acciones, principalmente en su quehacer como legisladores y sin importar su postura ideológica, se han apropiado de las redes sociales con el fin de promover su imagen, discurso e ideales.


La Ley de Emisión de Pensamiento dice en su artículo 5 que: “La libertad de información es irrestricta y los periodistas tendrán acceso a todas las fuentes de información. En lo relativo a los actos de la administración pública, se estará sujeto a lo preceptuado en el artículo 75 de la Constitución”. Desde un aspecto jurídico, las acciones que realizan los diputados y diputadas no son incorrectas, al contrario, crear este tipo de contenido crea un interés en la juventud, principalmente para que se fijen aspectos coyunturales con tinte político.
Sin embargo, debemos tener presente que puede resultar un show mediático el contenido que comparten, ya que es a conveniencia propia.
Videos, fotos, reels o publicaciones son contenidos a la medida de cada político, incluso les puede resultar fácil contratar a una empresa que pueda dirigir sus publicaciones y editarlas. Pero no se debe de dejar de lado la importancia de la investigación periodística, como personas comprometidas con la verdad, no debemos dejar que nos manipulen. Estamos en la obligación de informarnos de manera correcta.
Seguir a tu político favorito en redes sociales no es malo, pero debes de tener presente que su contenido es una manera de influir en vos. Sus publicaciones no siempre pueden ser informativas, sino que en su trasfondo, te quieren convencer de que están haciendo su trabajo de manera adecuada.
Por otro lado, hablando del contenido publicado por los funcionarios, considero innecesario mostrar a niños, niñas, mujeres o ancianos en estados de vulnerabilidad, mostrando hospitales, centros de atención o escuelas. Ya que al ver esos videos, NO estamos fiscalizando, únicamente estamos consumiendo contenido de una persona que comparte información a su conveniencia.
Motivemos a que los servidores públicos compartan sus agendas de trabajo, reuniones, contratos o alguna situación de relevancia, no simplemente compartan a dedo sus fotografías o videos. Las transmisiones en vivo son una manera eficaz de transmitir sucesos inmediatos, por ejemplo. Pero como sociedad, debemos notar que estos no sean manipulados y que verdaderamente informen.
Y quienes estén en contra de no publicar su trabajo, deberían pensar si quieren seguir siendo servidores públicos, porque le deben rendir cuentas al pueblo guatemalteco, no solo en redes sociales, sino cambios reales en temas sociales, políticos y económicos.

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Elías Talé
Maya K´iche´ de Totonicapán, Licenciado en Trabajo Social por la USAC, catedrático universitario, columnista y comunicador.







1 comentario
Excelente artículo. Gracias por brindar una perspectiva informada e invitarnos a cuestionar lo que vemos.