Dismorfia corporal y su relación con la salud

Alrededor de 1.75 miles de millones de personas usan redes sociales, lo que las expone a influencias sobre una “imagen corporal perfecta”, aumentando el riesgo de desarrollar Trastorno Dismórfico Corporal (TDC). Este trastorno puede enfocarse en cualquier parte del cuerpo, evolucionando hacia conductas autodestructivas y una sensación persistente de fealdad.

El trastorno dismórfico corporal (TDC) es un trastorno conocido desde hace cientos de años, incluso desde culturas milenarias. Sin duda alguna el tema de la imagen corporal siempre ha sido una problemática compleja a lo largo de la historia de la humanidad. Hasta hace unas décadas se ha intensificado su estudio, investigación y diálogo. 

Durante los últimos años, se ha desarrollado un avance significativo para su comprensión con base en los distintos aspectos relacionados con el TDC, sin embargo, aún es algo infradiagnosticado e infravalorado. 

El nombramiento del TDC como trastorno mental ha sido diferente en los dos sistemas de clasificación más utilizados: la Clasificación Internacional de Enfermedades (CIE) propuesta por la Organización Mundial de la Salud (OMS) y el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) de la Asociación Americana de Psiquiatría (APA).

En la última edición del DSM-5, el TDC se considera un trastorno del espectro obsesivo-compulsivo. Por tanto, se incluye en la nueva categoría de Trastorno Obsesivo-Compulsivo y Trastornos Relacionados. En cuanto a la próxima edición de la CIE, parece que las previsiones apuntan en la misma dirección que la adoptada por el DSM-5.

No obstante, las características clínicas del TDC están bastante bien definidas, ya que el núcleo del trastorno reside en la existencia de una preocupación persistente por un defecto focal o generalizado en torno a la apariencia física. La preocupación no corresponde con la realidad del posible defecto, que o es poco importante o inexistente en este caso y el estado constante de preocupación motiva comportamientos más o menos repetitivos (en su mayoría poco saludables e incluso riesgosos) cuya finalidad es esconder, disimular, o eliminar el defecto.

Las preocupaciones pueden estar focalizadas en cualquier parte del cuerpo, cambiar a lo largo del curso del trastorno y aumentar hasta llegar a una conducta autodestructiva y sobre todo sin ningún tipo de fundamento.

En la mayor parte de estos casos, las personas afectadas por el TDC relatan tener una sensación generalizada de fealdad o de que algo no está bien con ellos.

Dismorfia corporal
(Revista Chilena Nosotras, 2024)

Se ha demostrado en algunos estudios que en respuesta a esta preocupación se llevan a cabo comportamientos repetitivos que consumen mucho tiempo durante el día, un aproximado entre tres y ocho horas.

Los comportamientos pueden ser tan minúsculos como mirarse en el espejo o en cualquier superficie reflectante durante varias veces al día, observarse detenidamente y compararse con otros, vestir de una forma determinada en la cual se esconde aparentemente el “defecto”, broncearse  o maquillarse en exceso para disimular u ocultar el propio defecto, también preguntar a terceros sobre la propia apariencia de forma repetitiva o tocarse repetidamente el defecto. 

Se menciona también la evitación de situaciones sociales en las que se genere ansiedad en torno a la imagen corporal, como acudir a playas, piscinas, graduaciones e incluso bodas, donde usualmente se toman muchas fotografías o se utilizan vestimentas ajustadas y un poco más reveladoras de lo usual, sobre todo se genera en la época de verano. 

También el acudir a la escuela o al trabajo, hasta evitar las relaciones personales, afectivas e íntimas.

Es muy frecuente en pacientes con TDC y puede llevar al confinamiento del paciente en su propia casa.

Además, estos pacientes son grandes consumidores de recursos estéticos, incluyendo tratamientos dermatológicos, dentales e incluso quirúrgicos.

Por lo que las cirugías plásticas y los tratamientos estéticos han ido en aumento durante, llevando a pacientes a incluso llegar a un tipo de adicción, siendo sumamente riesgoso para su salud psicológica, pero también física, llevando a algunos a la muerte en casos extremos. Se estima que más del 70 % de los pacientes con TDC buscan y reciben este tipo de tratamientos.

Dismorfia corporal
Pacientes de TDC son grandes consumidores de recursos estéticos, incluyendo tratamientos dermatológicos, dentales e incluso quirúrgicos. (Foto: BBC News Mundo, 2022)

Es importante mencionar que el diagnóstico del TDC requiere especificar el grado de comprensión del problema que presenta un paciente, ya que puede oscilar desde un nivel bueno o adecuado, hasta aquellos casos en los que la preocupación adquiere niveles de convicción realmente delirantes que pueden llevar a trastornos secundarios como la anorexia en casos de TDC relacionados a la talla o peso corporal.

Aproximadamente, una tercera parte de los pacientes se sitúan cerca del extremo delirante, lo que complica el tratamiento y aumenta de manera notable la comorbilidad asociada, incluyendo la ideación suicida.

La segunda característica diagnóstica hace referencia a la presencia adicional de dismorfia muscular, más frecuente en hombres que en mujeres con TDC.

Las preocupaciones del paciente se refieren a que el cuerpo está poco o insuficientemente desarrollado en cuanto a la masa muscular, que es muy frecuente en atletas fisicoculturistas o bodybuilders.

En estos casos es muy  frecuente el uso de anabolizantes, esteroides androgénicos y ejercicio excesivo focalizado en la musculatura o dietas demasiado rígidas para aumentar la masa muscular, entre otros comportamientos asociados.

odelo cognitivo-conductual del Trastorno Dismórfico Corporal adaptado de Fang y Wilhelm
(Foto: Modelo cognitivo-conductual del Trastorno Dismórfico Corporal adaptado de Fang y Wilhelm, 2015)

Por último, aunque no se trata en este caso de un especificador, el DSM-5 incluye entre los criterios diagnósticos, la diferenciación con los Trastornos Alimentarios como la anorexia y la bulimia o la combinación de ambas conocida como analimia. Las preocupaciones se centran básicamente en el peso y la figura, más frecuentemente en pacientes femeninas con TDC.

La mayoría de los estudios publicados sobre los mecanismos y procesos que subyacen a la psicopatología del TDC, se han centrado en la cognición y solo unos pocos han abordado además los aspectos emocionales del problema, dejando ciertos sesgos de percepción, interpretación, y memoria de estímulos relacionados con la apariencia física que están presentes en la base del trastorno, ya sea en su inicio o en su mantenimiento.

Las observaciones clínicas sugieren que los pacientes con TDC atienden de manera selectiva a sus defectos físicos y desatienden o ignoran el resto del cuerpo, pero como se mencionó anteriormente, con el tiempo puede incrementar a otras áreas o rasgos corporales. 

Los estudios enfocados a la neuroimagen coinciden con tales observaciones clínicas: en general, estos pacientes presentan un procesamiento focalizado en el detalle, en lugar de un estilo más global u holístico. Esto les impide comprender de manera adecuada los detalles de una imagen como un granito o una espinilla en la cara. Esto les lleva a percibir ese detalle de un modo distorsionado y/o exagerado.

En cuanto a la edad, se han descrito casos de inicio tan temprano como los cinco años y tan tardíos como los 80. No obstante, la edad de inicio habitual se sitúa en torno a los 16 años, aunque pueden detectarse síntomas claros en desde los 12 o 13 años.

Trastorno dismórfico corporal y el papel de las redes sociales

Redes sociales Dismorfia corporal
(Foto: SocialStar Tecnología de Shopify, 2023)

En la actualidad no es nada raro que veamos repletas de fotografías de cuerpos “perfectos” con abdominales marcados, piel satinada y figuras con curvas pronunciadas.

Es casi imposible no caer en la comparación con el propio cuerpo e imagen, sobre todo en edades mucho más influenciables, como la adolescencia, por lo que la imagen corporal se ha convertido en un producto. 

Se menciona mucho también la palabra “influencer” que según la Real Academia de la lengua Española (RAE) es: “un anglicismo usado en referencia a una persona con capacidad para influir sobre otras, principalmente a través de las redes sociales”. Básicamente, se dedican, en su mayoría, a vender esta imagen corporal perfecta, que sin duda ha sido un factor muy importante en la intensificación de los casos de TDC en las últimas décadas.

No obstante, los mismos influencers han sido parte de la población de pacientes con TDC. Muchos recurren a cirugías plásticas y tratamientos estéticos para seguir proyectando una imagen perfecta para todos sus espectadores a través de las redes sociales y distintas plataformas para creadores de contenido. También  optan por un uso excesivo de filtros, retoques de edición y otras herramientas, creando una ilusión constantemente para seguir generando influencia e ingresos en basándose en ello.

(Foto: EUDE Digital - Formación de Calidad avalada internacionalmente, 2024)

En la actualidad, 1.75 mil millones de personas hacen uso de las redes sociales y pasan un considerable porcentaje de su día frente a la pantalla de sus dispositivos. Ello los hace más vulnerables  a caer en la influencia constante de querer alcanzar esta imagen corporal perfecta, llegando a desarrollar un TDC con el tiempo por estar en constante exposición a este tipo de contenido y es un tema poco mencionado dentro de las mismas redes sociales.

Cantantes, actores  y modelos se incluyen también en una mayor tendencia a desarrollar un TCA debido a la alta rigidez de imagen corporal que se genera en esos medios, viéndose envueltos también en una constante remodelación corporal con base en las tendencias que se presentan y cambian de forma regular.

Otro factor muy importante dentro de las redes sociales que puede llevar a un TDC, la difusión  de dietas restrictivas y sugerencias para perder peso de una manera mucho más rápida y sencilla, pero no necesariamente saludable, ya que la mayor parte de este contenido no es generado por profesionales de salud o bajo su supervisión, lo cual  pone en peligro la salud de los usuarios.

El uso frecuente de las redes sociales que constantemente aumenta en la población joven e infantil, quienes también  se enfrenta a plataformas donde se desarrolla ciberacoso, críticas, burlas e intimidación, que  a su vez, intensifica el riesgo de que las personas desarrollen TDC.

El incremento del uso de plataformas para conferencias digitales o videollamadas por motivos laborales, estudiantiles y sociales, como Zoom, Skype y FaceTime, han causado que las personas se centren constantemente en su apariencia y por ende, aumenta la sensación de inconformidad con su aspecto sin el uso de filtros. 

Se ha demostrado que los filtros de videoconferencias tienen relación con una preocupación significativa de la apariencia personal y con una mayor ansiedad al regresar a las actividades sociales de manera presencial luego de la pandemia del covid-19.

Se ha evidenciado que las redes sociales causan adicción y no dudo que tú mismo has pasado pegado a la pantalla más de 30 minutos sin darte cuenta del tiempo transcurrido. 

Estudios recientes demuestran que el uso adictivo de las redes sociales puede estar relacionado con una baja autoestima y que se recurre a ellas para elevarla.

Se puede concluir que cualquier comportamiento en torno a la imagen corporal de forma compulsiva, sin duda interfiere en la salud psicoemocional de las personas. Vale recalcar que no existe un modelo definitivo de la imagen corporal perfecta.

Referencias 

1. Hartmann AS, Buhlmann U: Prevalence and Underrecognition of Body Dysmorphic Disorder. In Body Dysmorphic Disorder: Advances in Research and Clinical Practice, edited by Phillips KA. New York, NY, Oxford University Press, 2017. Disponible aquí. 

2. de Salud, S. (s/f). Trastorno dismórfico corporal. Gobierno de México. Disponible aquí. 

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