Economía política de los salarios

Si Bernardo Arévalo tiene intenciones de transformar la economía de Guatemala, debe promover la inversión pública en el sector servicios y priorizar políticas de innovación, capacitación técnica, formalización y desarrollo de infraestructura. Los ajustes a los salarios servirán de poco por si mismos.

En materia económica, el presidente Bernardo Arévalo ha hecho un mejor trabajo que Alejandro Giammattei, pero la vara está muy baja… Podría hacerlo mucho mejor. Al hablar de salarios mínimos, el papel puede decir una cosa, pero la realidad puede decir otra. De hecho, para hablar de salarios mínimos, primero es necesario hablar del modelo económico en general.

¿Qué dice la teoría?

El objetivo principal del capitalismo es obtener ganancias. La ganancia es la diferencia entre el precio de un bien y el costo para producirlo. Por lo tanto, las ganancias se pueden obtener aumentando los precios o reduciendo los costos. El problema para aumentar los precios es que tanto compradores como inversores suelen gravitar alrededor de los precios más bajos; si los precios aumentan, los compradores y los inversores disminuyen. La alternativa, entonces, es reducir los costos.

La reducción de los costos consiste en aumentar la productividad y se consigue por medio de la reducción de los salarios; el aumento de la intensidad y duración de la jornada laboral; o el cambio tecnológico. Sin embargo, tanto la reducción de los salarios como el aumento de la intensidad y duración de la jornada laboral enfrentan límites prácticos y sociales, así que en el largo plazo el cambio tecnológico explica la mayor parte del crecimiento de la productividad. Se obtienen menores costos de operación a través de mayores costos de capital. En palabras simples, se reducen los costos al aumentar la inversión. Esto significa que el crecimiento de la productividad requiere inversión.

Es importante aclarar que el cambio tecnológico no consiste únicamente en el aprovechamiento de la tecnología para la simple automatización del trabajo, en ese caso la tecnología no hace más que desplazar a los trabajadores. Para que el cambio tecnológico se traduzca en aumento de la productividad es necesario que, de forma paralela, se creen nuevas tareas para los trabajadores. Esto requiere, a la vez, de la formación de capacidades. Es decir, la inversión en tecnología requiere acompañarse de inversión en mano de obra. En efecto, el crecimiento de la productividad requiere formación.

El aumento de la productividad puede traducirse en un aumento de los salarios reales, pero esto solo ocurre cuando el cambio tecnológico no tiene como objetivo reducir los salarios sino aumentar la producción para reducir los costos. Esto obedece a la tendencia de que operaciones a mayor escala logran costos menores. Sin embargo, el aumento de los salarios reales no es una consecuencia natural del crecimiento de la productividad. Son, en cambio, resultado de disputas entre empleadores y trabajadores. Puesto que el interés de unos es la relación de los salarios con las ganancias y el interés de otros es la relación de los salarios con los costos de vida, la dinámica gira alrededor del poder. Dicho de otra manera, la inversión puede resultar en un aumento de los salarios, pero esto no siempre es así. En definitiva, el crecimiento de la productividad crea dinámicas de poder.

El incremento de la demanda de mano de obra provoca que las empresas paguen salarios más elevados; por el contrario, la reducción de la demanda de mano de obra provoca que las empresas paguen salarios más bajos. Así, el desempleo se convierte en un elemento fundamental para regular la relación entre el crecimiento de la productividad y los salarios reales. Tasas de desempleo más altas debilitan la posición de los trabajadores e inclinan la dinámica de poder en favor de los empleadores; a la vez debilitan las instituciones que apoyan a los trabajadores. Dicho de otro modo, la inversión puede acompañarse de incrementos en el desempleo para favorecer a los empleadores. Por tanto, los trabajadores necesitan herramientas para equilibrar la dinámica de poder, tomando relevancia el Estado.

Las instituciones estipulan quién tiene poder en la sociedad y para qué fines se utiliza. De ahí que, históricamente, las élites económicas en todo el mundo han optado por construir instituciones que inclinen a su favor las dinámicas de poder. La estrategia consiste, básicamente, en oponerse a cualquier cambio, incluido el tecnológico. 

Anteriormente se ha expuesto que el capitalismo consiste en obtener ganancias y que las ganancias se obtienen reduciendo costos. Para reducir costos hay opciones con límites en el corto plazo y opciones con potencial en el largo plazo. Las opciones con potencial en el largo plazo requieren inversión y formación, pero crean dinámicas de poder. El Estado es quien finalmente siempre define esas dinámicas de poder. Si tiene instituciones fuertes las equilibra por medio de políticas en favor de los trabajadores y si tiene instituciones débiles las inclina definitivamente en favor de los empleadores.

¿Qué dice la práctica?

Desde 1951 hasta 2023, la tendencia de la productividad laboral en América Latina ha sido la de no crecer. Aunque, por supuesto, ha habido períodos donde la productividad laboral ha incrementado, también donde ha disminuido y, en términos generales, se ha estancado. Esto, entre otros factores, es resultado de los altos niveles de informalidad, la baja inversión en innovación y tecnología y la baja calidad educativa en la región. Se ve, entonces, que Guatemala comparte realidades con sus vecinos. El crecimiento de la productividad es bajo porque no hay empleo, no hay inversión y no hay educación.

Desde 1991, las economías con mayores tasas de crecimiento en la productividad laboral a nivel regional han sido Chile, República Dominicana y Costa Rica. ¿Cómo es posible que dos vecinos cercanos tengan un crecimiento de la productividad mayor al de Guatemala?

De 1988 a 2023, en Costa Rica la productividad laboral creció 2.3 % por horas trabajadas y 1.9 % por trabajador, superando el promedio latinoamericano. Esto ha sido resultado de la introducción de las empresas costarricenses en el comercio de bienes y servicios sofisticados para la exportación y la atracción de la inversión extranjera directa en sectores de alta tecnología. En consecuencia, se prevé que la productividad laboral continúe creciendo en el largo plazo.

De 1991 a 2023, en República Dominicana la productividad laboral creció 2.4 % por horas trabajadas y de 1988 a 2023 creció 2.0 % por trabajador, superando también el promedio latinoamericano. Esto ha sido resultado de la acumulación de capital no tecnológico y la cantidad de mano de obra. En consecuencia, se prevé que la productividad laboral reduzca su crecimiento en el largo plazo, puesto que no se acumula capital tecnológico y tampoco hay un énfasis en la calidad de la mano de obra.

Las experiencias comparadas muestran en la práctica lo que postula la teoría. Aunque hay dos vías para que la productividad crezca, una tiene gran potencial en el largo plazo y otra tiene límites prácticos y sociales en el corto plazo, como se ha observado con Costa Rica y República Dominicana, respectivamente. Ahora se expondrá el caso restante.

De 2006 a 2023, en Guatemala la productividad laboral creció 0.7 % por horas trabajadas y de 1988 a 2023 creció 0.4 % por trabajador, lo que la ubica entre los países de más bajo crecimiento de la productividad laboral en América Latina. Esto ha sido resultado de la escasa inversión interna, los altos niveles de informalidad, la mala calidad de la mano de obra, la debilidad de las instituciones y la deficiente infraestructura nacional. En Guatemala se han combinado estrategias de corto plazo para el crecimiento de la productividad con dinámicas de poder donde el Estado ha inclinado la balanza en favor de las élites por medio del debilitamiento de las instituciones.

¿Qué se puede hacer al respecto?

En 2023, el aumento nominal al salario mínimo no se tradujo en un aumento real. A excepción de la Ciudad de Guatemala, en los otros 21 departamentos del país el aumento real del salario mínimo fue de -0.67%, -0.38% y -1.33% para los sectores agrícola, no agrícola y exportadora/maquila. Esto significa que la inflación tuvo un efecto mayor en el salario mínimo que el aumento fijado por el gobierno.

En 2024, el aumento nominal al salario mínimo se tradujo en un aumento real. Sin contar a la Ciudad de Guatemala, en los otros 21 departamentos del país el aumento real del salario mínimo fue del 8.31 %, 8.31 % y 4.37 % para los sectores agrícola, no agrícola y exportadora/maquila. En otras palabras, el aumento fijado por el gobierno tuvo un efecto mayor en el salario mínimo que la inflación.

El dicho de que «portero sin suerte no es portero» resulta apropiado. Sí hay diferencias perceptibles en favor de los trabajadores entre el gobierno de Giammattei y el gobierno de Arévalo. Una de ellas, el aumento nominal, es atribuible a una intervención pública propia; la otra, la disminución de la inflación, no es atribuible a una intervención pública propia. Aunque en la discusión pública se ha promovido un discurso que antagoniza con el aumento al salario mínimo argumentando que aumentará la inflación y el desempleo, la realidad es que el potencial aumento de los costos para las empresas como resultado del aumento al salario mínimo no es estadísticamente significativo. Se estima que sea del 1.21 %, 0.49 %, 0.31 % y 0.38 % para las micro, pequeñas, medianas y grandes empresas, respectivamente.

Lo cierto es que el golpe de suerte que atinó el presidente Arévalo con el aumento real al salario mínimo no tendrá ningún efecto en el corto, mediano o largo plazo, si no se acompaña de intervenciones públicas para aumentar el crecimiento de la productividad. A nivel nacional, alrededor del 66 % de las empresas se ubican dentro del sector comercio, siendo el sector económico más grande del país. Sin embargo, el comercio no atrae la inversión en tecnología ni requiere la formación de la mano de obra que se traduciría en crecimiento de la productividad. 

Sí Arévalo tiene intenciones de transformar la economía de Guatemala, debe promover la inversión pública en el sector servicios. A nivel nacional, alrededor del 20 % de las empresas se ubican dentro del sector, siendo el segundo más grande del país. A diferencia del comercio, los servicios sí pueden atraer inversión en tecnología y requieren formación de mano de obra, lo que se traduciría en crecimiento de la productividad.

Si el mandatario tiene intenciones serías de transformar la economía de Guatemala, debe construir un «campeón nacional»; es decir, debe priorizar una industria que tenga la capacidad de transformar el modelo productivo del país y focalizar los recursos públicos en acciones orientadas a su desarrollo. 

Además del aumento al salario mínimo, que de poco servirá por sí sólo, debe desarrollar políticas de desarrollo de infraestructura, de inversión en tecnología, de formación de mano de obra, y de formalización, alrededor del campeón nacional. Solo así, el crecimiento de la productividad se traducirá en crecimiento real de los salarios en Guatemala.

Si el presidente Arévalo tiene intenciones serias de transformar la economía de Guatemala, debe tomar decisiones que dirijan al país hacia el cambio, empezando por el cambio tecnológico para aumentar el crecimiento de la productividad. La excesiva prudencia a veces esconde demasiado miedo. Por eso es importante recordar que la estrategia de las élites consiste, básicamente, en oponerse al cambio. Por eso es importante recordar que las instituciones estipulan quién tiene poder en la sociedad y para qué fines se utiliza ese poder. A un año del inicio de su gobierno, el llamado es a utilizar el poder para transformar la economía de Guatemala. Sin miedo al cambio. El poder lo tiene el pueblo, por medio del presidente Arévalo, por primera vez en muchos años. Es un deber histórico utilizar ese poder para beneficiar al pueblo.

Carlos Yax

Politólogo. Especialista en Estadística Aplicada. Estudios en Derecho.

Referencias 

Acemoglu, D., Robinson, J. A. (2018). Por qué fracasan los países: Los orígenes del poder, la prosperidad y la pobreza. México: Editorial Crítica.

Acemoglu, D. y Johnson, S. (2024). Poder y progreso: Nuestra lucha milenaria por la tecnología y la prosperidad. México: Editorial Crítica.

Caraballo Gómez, P. (2024). Análisis del crecimiento de la productividad en América Latina: Casos de Costa Rica, Guatemala y República Dominicana. Costa Rica: Consejo Monetario Centroamericano.

Instituto Nacional de Estadística (2022). Directorio Nacional Estadístico de Empresas. Guatemala: Gobierno de Guatemala.

Shaikh, A. (2022). Capitalismo: Competencia, conflicto y crisis. México: Fondo de Cultura Económica.

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