Conocemos el curso natural de la vida. Pero, ¿quién te enseña sobre el duelo? Esa tan temida ausencia que te hiela los huesos y te hace pensar que los días no tienen fin.
Sientes tener un agujero en el estómago; entre infinitos porqués te encuentras derramando las lágrimas más saladas. Tú que compartiste con ellos juegos y películas los fines de semana, comidas calientes en la mesa, viajes y sorpresas dentro de sus posibilidades e imaginación. ¿Te dijeron qué hacer o a dónde ir? ¿Qué papel presentar o a quién llamar?
En el duelo no solamente les lloramos a ellos, también a esa parte dentro de nosotros que ya no será. Se nos quiebra la voz, nuestras rodillas tiemblan y nos invade el egoísmo de no tenerlos más. Aparece entre momentos, como oleadas grandes y fuertes que van hacia nosotros, que vuelcan todo y nos dejan ahí… Empapados de dolor e incluso reclamos. Entre estudios, conversaciones y charlas, concluimos que el proceso de atravesarlo no es para nada lineal. Diversas áreas se pueden ver afectadas por una pérdida: desde lo emocional y social hasta lo cognitivo e incluso espiritual. Sí, sé que también has levantado la mirada y preguntado a las nubes: “¿por qué?”.
Le hablamos al cielo, colibríes y esperanzas se aparecen frente a nosotros, la radio o esa lista de reproducción suelta con esa canción que tanto cantaban. Pensamos en señales y respuestas; en formas y colores diversos para decirnos a nosotros mismos que vamos a estar bien y logramos aprender que el tiempo no es nada más que las perspectivas saliendo a flote, suavizando y acompañando el proceso. El duelo no es algo que desaparezca o se supere, es un camino hacia la adaptación.
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Tal vez se fueron con temor, tal vez cruzamos su pensamiento. Tal vez no tengamos que entenderlo todo al cien por ciento. Unos se van por enfermedad, otros porque desean no estar y a otros les arrebatan sus días. Es importante saber que ninguna pérdida pesa más que otra; no existe palabra ni hecho que minimice tu sentir ni tu pensar.
Si eres un chico, no tienes que aferrarte a la idea de no llorar porque tu fortaleza se mide con tu capacidad de no hacerlo. Si eres una chica, no hay tal cosa como ser ¨demasiado sensible¨. Dentro del entorno social en el que hayas transitado o te hayas criado, muchas veces hay mitos y tabúes sobre el abordaje de las emociones y la conducta en sí.
Por esto, recuerda que puedes buscar ayuda en familia, amigos y sobre todo, profesionales que se dedican a la salud mental. Recibe las emociones como amigas, permiteles tocarte y luego suéltalo todo. Respira profundo, no te sientas juzgado y acércate a aquello que te da luz.
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Desde la esperanza, me atrevo a decir que cada vez que sale el sol, vemos oportunidades que nos ofrecen un nuevo viaje con ellos viviendo siempre en nuestro corazón. Y por el tiempo que nos quede en este mundo, vamos a recordar lo dulce que fue tenerlos a nuestro lado. En las cotidianidades, practicamos lo aprendido. La resiliencia nos acompaña día a día, cultivando la idea de volvernos a encontrar después de cruzar ese puente.

Escrito por: Sofía Rojas
Trabajo en el ámbito corporativo, tutora de inglés entre momentos. Entusiasta de las palabras, jilguero y música de corazón. Voy buscando mi camino y reinventándome en el proceso.









