El mundo premia al ganador. Se celebran los nacimientos. Nos excitamos al saber que hemos vencido una pelea. Sin embargo, la pérdida se percibe en el imaginario colectivo como algo negativo, cuando muchas veces es necesario.
Nuestro ciclo de vida es dual. La pérdida y la ganancia van ligadas una a la otra, tal como lo están la vida de la muerte o el fracaso del éxito. Pese a que el optimismo tóxico nos diga lo contrario, el hecho de perder un empleo, una relación o incluso, ver morir a un ser querido, forma parte de nuestros procesos naturales.
Es preciso aclarar que no deseo romantizar la pérdida, sino valorarla en su justa medida. Además, aprender a sobrellevar estas situaciones define en gran medida la calidad de vida que nos espera. Aunque no son circunstancias fáciles ni sencillas, nos encontramos cara a cara con ellas de forma constante.
No somos eternos, al menos no físicamente. Nuestros vínculos también son finitos, quizás exceptuando algunas conexiones extraordinarias que tampoco están exentas de distanciamientos, diferencias, entre otros retos propios de la afectividad humana.

Por esta razón, es crucial reflexionar sobre el manejo de la pérdida, el fracaso y el duelo como parte de la experiencia humana. La poeta Elizabeth Bishop escribió unas líneas sobre este tema en su texto “El arte de perder”.
Sugiero leer el poema repetidas veces y en voz alta.
Sí, la pérdida conlleva muchas cosas, pero reflexionando sobre ella, quizás caigamos en cuenta que no es precisamente un desastre, sino una parada en el camino donde nos detenemos, pero a la vez, no dejamos de avanzar en este recorrido llamado vida.
El arte de perder (fragmento)
Pierde algo cada día. Acepta el tumulto
de llaves de puertas pérdidas, la hora malgastada.
El arte de perder no es difícil adquirirlo.
Practica entonces perder más aún, y más rápido:
lugares, nombres, y el sitio al que se suponía
que viajarías. Nada de esto será un desastre.
Perdí el reloj de mi madre, y -¡mira!- la última, o
penúltima de tres casas que amaba se fue.
El arte de perder no es difícil adquirirlo.
-Hasta al perderte a ti (la voz bromista, un gesto
de amor) no habré mentido. Es evidente que
el arte de perder no es demasiado difícil de adquirir
aunque parezca por momentos (¡Escríbelo!) un desastre.

Related Tags
María Alejandra Guzmán
Periodista, redactora y gestora de actividades culturales en Guatemala con amplia experiencia en creación de contenido digital.








