El bono demográfico y la oportunidad de transformar Guatemala

El arrepentimiento puede presentarse cuando con el pasar del tiempo y uno se da cuenta de oportunidades que en su momento fueron mal aprovechadas. Guatemala, hoy tiene una gran oportunidad: el bono demográfico. ¿Sabes de qué se trata esto?

Al despertarme y abrir los ojos, lo primero que hice fue revisar mi celular. Luego de ver mensajes, entré a Instagram, la plataforma de redes sociales que más frecuento, donde vi una frase que me impactó: “Desearía que hubiera una manera de saber que estás en los buenos tiempos antes de realmente dejarlos”. Al leer esta frase, apagué mi celular y volví a cerrar los ojos. ¿Qué hacemos?, me pregunté. ¿Qué hacemos para que los guatemaltecos nos demos cuenta de que estamos en tiempos realmente buenos, antes de que sea demasiado tarde?

Guatemala actualmente está atravesando un bono demográfico; lo que, puesto de manera muy simple, quiere decir que el país está en un momento de su historia, en donde los jóvenes representan una mayoría de la población total. Este momento se debe a varias razones complejas que hoy, con el fin de transmitir un mensaje contundente y con la intención de sembrar curiosidad en ti, no voy a mencionar. 

Creo que es importante que seamos muchos los guatemaltecos los que estemos informados sobre el tema, por lo que te insto a investigar más sobre el tema. Sin embargo, más allá de todas las complejidades, es valioso saber que el bono demográfico representa un momento irrepetible y maravilloso para el país. Hoy tenemos una de las poblaciones más jóvenes de América Latina, con un promedio de edad de 19 años. Según la ENEI, el 60% de la población total tiene menos de 30 años.

Muchos otros países han pasado por un momento similar en su historia, en donde la distribución de su población se vuelve favorable. Luego de incontables estudios, el bono demográfico se determina como una ventana de oportunidad para crecimiento económico y desarrollo sostenible. En nuestro caso, más que una ventana, podría ser una puerta para salir del subdesarrollo. No solo son los jóvenes los que están en la edad propicia para trabajar, sino que, por su edad y nivel de energía, este grupo mayoritario cuenta con muchas características favorables para la transformación del país.

Para los jóvenes es más fácil aprender y desaprender. Esta es una característica importante porque, como bien dice Residente: “Si quieres cambio verdadero, pues camina distinto”. Muchos guatemaltecos se sienten frustrados con el país porque sienten que no cambia. Pero la frustración colectiva no cambiará, hasta que los individuos y sus comportamientos cambien. 

¿Qué cambios necesitamos hacer los guatemaltecos en nuestra forma de actuar y de ver las cosas?, ¿Qué hábitos, costumbres y modismos nos conviene cambiar?, ¿Qué mentalidades y perspectivas nos conviene integrar?

Imaginen eliminar “es que” del vocabulario de los guatemaltecos. Es que es un puente a las excusas y a la mediocridad. Quitar este puente, utilizado con demasiada frecuencia, generaría grandes cambios no solo en la forma en que los guatemaltecos se comunican, sino también, la forma en la que se enfrentan a situaciones.

Los jóvenes también destacan por ser soñadores. Esta es una característica que le puede aportar mucho al país. Por años hemos escuchado “en Guatemala no se puede”. Es momento de mostrarnos a nosotros mismos que sí se puede y para esto, primero hay que creer. Creer para crear.

Muchos economistas al ver el bono demográfico, también ven una gran oportunidad para crecer la economía. Un país con una población en donde la mayoría pertenece al grupo en edades económicamente activas, proporciona condiciones muy favorables al tener que invertir menos en otros grupos de edades (baja tasa de dependencia) y contar con un gran potencial para producir.

Podría extenderme al hablar de la(s) gran(des) oportunidad(es) de un bono demográfico, no obstante, tengo que remarcar que los beneficios de este no son automáticos. De igual forma que un hijo pide salud, educación de calidad, cariño y apoyo para crecer y convertirse en un ser humano contribuyente, en una escala más grande, necesitamos suplir las necesidades de una gran cantidad de jóvenes para ser capaces de exigir algo de ellos y que el bono demográfico llegue a traducirse en algo positivo para el país. 

De no suplir las necesidades de los jóvenes, en vez de beneficios positivos, muy probablemente veremos más violencia, migración y desempleo. Los estudios que examinan los posibles beneficios, también consideran que el bono demográfico podría ser una amenaza, empeorando la situación actual de un país.

La vejez es inevitable. Dicho esto, esa mayoría que hoy está compuesta por jóvenes capaces de ser agentes en la transformación del país, va a envejecer. La cuestión es: en 30 años, ¿tendremos un país mejor o peor? La respuesta a esta pregunta depende de nuestra capacidad para reconocer la importancia de la juventud en el momento presente. Hoy, la posibilidad de transformar Guatemala en uno de los países más fuertes y prósperos de la región es palpable. ¿Qué hay que hacer para que la transformación sea posible y cómo podemos aprovechar el bono demográfico? Te dejo con esta pregunta.

 

Puedes leer más de Caterina en: El poder de la trascendencia

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