“El Éxodo de los fines y las aplicaciones” La Educación frente a la conquista del hombre y su realidad

Un éxodo se entiende como un viaje, una forma de desplazarse de lo que está presente buscando un futuro mejor o una dinámica diferente a la que se conoce, por lo tanto, hablar de fines dentro de este, conlleva a construir un objetivo. Y ambos, ya unidos, conforman una aplicación diaria o esporádica; es el hombre quien hace todo este proceso. Oscar Ramirez, hace una aproximación crítica de cómo la educación frente a la conquista propia del hombre se convierte en un viaje que sigue teniendo mucho que analizar para una mejor aplicación práctica en la actualidad.

Los hombres son algo más que un ser consciente y analítico, más allá de su fuerza y capacidad para reformar y cambiar; ellos, buscan conectar con sus raíces, pero a la vez, conllevan reflexiones latentes en torno a su experiencia y sus aprendizajes. Estos, fueron los que llegaron a formarles su caminar y su acción, además de su comportamiento frente a la comunidad global.

Un éxodo se entiende como un viaje, una forma de desplazarse de lo que está presente, buscando un futuro mejor o una dinámica diferente a la que se conoce, por lo tanto, hablar de fines dentro de este, conlleva a construir un objetivo. Y ambos, conforman una aplicación diaria o esporádica; es el hombre quien hace todo este proceso.

Lo que se intenta establecer dentro de este escrito es comparar como Jacques Maritain en su conferencia titulada: “Los fines de la Educación” [publicada como texto en 1959], ya hablaba sobre el ritmo vital de una educación progresiva y humana. Fue en 1943 cuando dictó su conferencia en la Universidad de Yale, pero sus postulados no se alejan de una realidad latente dentro del sistema educativo. Actualmente, el mismo se ha convertido en un terreno de pruebas, donde los educandos y los educadores buscan la verdadera razón de su trabajo. Por ello, es un éxodo que busca sus fines, los cuales pueden sentirse aún incompletos.

Maritain fundamenta que:

La tarea de la educación no consiste, evidentemente, en esta abstracción platónica que es el hombre en sí mismo, sino en formar a un niño determinado, que pertenece a una nación, a un medio social y a un momento histórico dado.  (1959, p. 2).

No se trata del debate clásico existencialista ni moral, más bien, es sobre la tarea de enseñar y de fundamentar el conocimiento en la educatividad de los otros.

Por ello, la vida en un entorno social ya es algo construido, cuestión que debate entre lo que se debe hacer y lo que no, agregando lo clásico del debate filosófico “el ser en sí y el ser para sí”. La educación es ambas, ya es lo que se estableció a través de la historia, pero al mismo tiempo, siempre está buscando en qué reflexionar, cuándo cambiar. Maritain (1959), se dio a la tarea de transitar por siete errores educativos; todos conllevan una carga importante, pero para efectos prácticos, se hace un enfoque de los más aplicativos a la realidad educacional y humana actual.  

Como un primer error, están los desconocimientos de los fines (1959, p.3), aquellos que intrigan, que no permean en la razón de ser de la educación. Actualmente, tanto en la educación superior, como en la media y las de menor escala [inicial], los fines están siendo tergiversados. La formación sigue siendo maquinaria o excesiva en juegos y ocio; la búsqueda de didáctica no está mal, pero sin una rigidez en el contenido y un equilibrio entre la formación del alumno para la profesionalidad o la antesala para ella, el desequilibrio es grande y complejo. 

El segundo error, es el tema del pragmatismo (1959, p.12), la educación no debe de ser una herramienta rígida ni mucho menos estática. La vida misma es una faceta de cambios constantes, todos los hombres buscan su razón de ser, por ello anhelan los cambios [algunos muchas veces se resisten], pero nadie en el mundo añora seguir en el mismo peldaño inicial. La educación es similar, no pasa siempre en un lugar fijo, busca mutar; y reflexiona sobre los fenómenos que existen dentro de su propio avance social y cultural. 

Un tema que es importante tocar y es colocado como un tercer error, es el intelectualismo (1959, p.18). La educación no se puede revestir de gala únicamente para los mal llamados “intelectuales” ni mucho menos configurarse en una palestra exclusiva; ella debe ser libre y adecuada para todos dentro de la comunidad. En la actualidad, los intelectuales junto con su arma “educativa” ya no educan por amor ni por conciencia, lo hacen por ambición y arrogancia, existen profesores que buscan solo el acto de poder o de auto admiración; lo que se puede denominar como personalismo académico.

Es erróneo que en las sociedades actuales aún existan personas educadas que no proponen cambios para el contexto en el que viven. En donde su conocimiento sea solamente para impresionar y ser un “erudito”. En la docencia hay muchos de estos personajes y los profesionales con estos elementos, también son peligrosos para la comunidad, debido a que se centran criticar o hacer memorizar, en lugar de propagar, animar, debatir, promocionar y amar. 

Como último error, está el que dicta que todo puede aprenderse (1959, p. 21). El hombre tiene la capacidad de conocer muchos elementos al máximo, pero no es una máquina que pueda procesar todo al mismo tiempo. En su marcha busca conectar sus experiencias con las esferas educacionales y con aquellas que están fuera de lo anterior. La primera, “son aquellas entidades colectivas que siempre han sido reconocidas como especialmente encargadas de las tareas educativas de la enseñanza: la familia, la escuela, el Estado y la iglesia” (p.23); y la segunda, hace referencia “a todo el campo de la actividad humana, particularmente el dolor y el trabajo cotidianos; las duras experiencias de la amistad y el amor…” (p.24).

Como seres racionales, el aprender todo es una tarea imposible, aquella que nunca se puede lograr. El problema concierne en que los que lo intentan, se convierten en una especie de “todólogos”, alguien que se convierte en un arrogante intelectual y busca satisfacer su necesidad de actuar frente a su propio nepotismo. El servicio a la comunidad por medio de la educación no se da sabiéndolo todo, se da siendo un experto y especializado en áreas acordes a las competencias y habilidades desarrolladas por medio de la experiencia humana y educativa.

A manera de conclusión, es factible observar que el hombre no es un ser perfecto, sino, es un ser fluctuante. En donde su alma y cuerpo buscan retribuir cuestiones de satisfacción personal, así como de servicio hacía los demás. Actualmente, este servicio se ve mermado por el egoísmo y el intelectualismo; la educación debe basarse en la realización personal por medio de la educabilidad; esa que nos permite enseñar, pero a la vez aprender. 

No existe una educación de calidad que en su pasado no haya tenido errores, pero hoy el desafío existe dentro de errores comunes y los cuales han socavado el principio de la enseñanza amorosa y preventiva. No funciona tener una sociedad educada de manera mecánica, más bien, es preciso construir una realización personal por medio de la escuela comunitaria y social. Teniendo como objetivo hacer que los fines sean tan enriquecedores tanto particular como general y que, además, sea acorde al contexto y a la realidad que vive.

Por ahora, sigue la búsqueda de ese éxodo.

Referencia

Maritain, Jacques. (1959). Los Fines de la Educación. Ediciones JM.

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