La Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) fue creada en 1961 bajo la presidencia de John F. Kennedy, como parte de un esfuerzo para promover el crecimiento económico y social en países en desarrollo, especialmente en el contexto de la Guerra Fría.
Desde sus inicios, la misión de USAID ha sido proporcionar ayuda económica, técnica y humanitaria a naciones que enfrentan desafíos en áreas como salud, educación, infraestructura y gobernanza. A lo largo de las décadas, la agencia ha desempeñado un papel clave en la política exterior de Estados Unidos, operando en más de 100 países y adaptando su estrategia a los cambios globales.
A medida que la situación mundial fue evolucionando, USAID amplió su enfoque. En sus primeros años, la agencia se concentró en la lucha contra la pobreza y el fortalecimiento de la democracia en los países en desarrollo. Sin embargo, a lo largo del tiempo, los programas de USAID se ajustaron para abordar problemas emergentes, como los conflictos armados, el cambio climático y las crisis migratorias.
En el contexto de Guatemala, USAID ha financiado diversos programas de seguridad alimentaria y nutricional. Por ejemplo, en 2017, USAID/FFP aportó $30.1 millones a programas de asistencia alimentaria en el país.
Además, en 2011, un programa de seguridad alimentaria benefició a 24,400 familias de pequeños productores agrícolas, así como a 100,000 niños de entre 6 y 36 meses de edad y 50,000 mujeres embarazadas y lactantes.
No obstante, a lo largo de su historia, USAID también ha sido objeto de controversias, especialmente por la percepción de que sus proyectos responden más a los intereses estratégicos de Estados Unidos, que a las necesidades reales de las comunidades locales. Por ejemplo, algunas críticas apuntan a que en ciertos casos, sus programas en América Latina parecen estar más orientados a fortalecer la influencia geopolítica de Estados Unidos, que a mejorar las condiciones de vida de las poblaciones receptoras.
Este debate sobre la naturaleza y los objetivos de los proyectos de USAID se intensificó en enero de 2025, cuando la administración del presidente, Donald Trump, implementó una reestructuración radical de la ayuda exterior, afectando profundamente a la agencia. A través de la Orden Ejecutiva 14169, se suspendieron la mayoría de los programas de ayuda, lo que resultó en la eliminación de aproximadamente el 83% de las iniciativas de USAID. Este giro drástico, en línea con la política de “América Primero”, priorizó los asuntos internos de Estados Unidos por encima de sus compromisos internacionales.
Como consecuencia, programas clave, como el de Fortalecimiento de la Gobernanza Democrática en América Latina, fueron desmantelados, lo que dejó vacíos significativos en sectores esenciales como la educación, la salud y el desarrollo económico.
La reducción de fondos para USAID en América Latina tuvo consecuencias profundas y visibles en varios sectores clave, afectando especialmente la educación, la salud y el desarrollo económico. En países como Guatemala, Honduras y El Salvador, donde la agencia había financiado programas de seguridad alimentaria, fortalecimiento institucional y apoyo a comunidades vulnerables, la desaparición de estos fondos amenaza con aumentar la pobreza y la migración irregular.
Según datos del Banco Mundial, en 2022 la cooperación internacional representó hasta el 5% del Producto Interno Bruto (PIB), en algunas economías centroamericanas, lo que demuestra la importancia crucial de estos recursos para el crecimiento y la estabilidad social. Además, informes de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), advierten que la disminución de la ayuda internacional podría obstaculizar el desarrollo de infraestructura, la creación de empleo y el acceso a servicios básicos.
Uno de los ejemplos más representativos de este impacto negativo es la paralización del programa “Jóvenes con Propósito” en Guatemala, que tenía como objetivo beneficiar a 25,000 jóvenes en un periodo de cinco años en departamentos como Huehuetenango, Quetzaltenango y Guatemala.
Con una inversión inicial de 11 millones de dólares por parte de USAID, este programa buscaba mejorar las oportunidades educativas y laborales mediante la formación académica, técnica y en habilidades interpersonales, además de prácticas de servicio comunitario. Sin embargo, la reducción de fondos no solo ha puesto en riesgo la continuidad de este programa, sino que también ha provocado la pérdida de cientos de empleos entre docentes, capacitadores y personal administrativo que trabajaban en su implementación. La falta de estos recursos ha dejado a miles de jóvenes sin alternativas de formación y empleo, generando un efecto dominó en la economía local y agravando aún más la ya precaria situación del mercado laboral en el país.
Puedes escuchar
Ante esta situación, los gobiernos de los países receptores han reaccionado de diversas maneras. Mientras algunos intentan sustituir la ayuda internacional con fondos nacionales o nuevas alianzas, otros se han mostrado preocupados por la falta de alternativas inmediatas. En El Salvador y Honduras, la eliminación de programas de desarrollo ha incrementado la dependencia de la inversión extranjera, especialmente de actores como China y la Unión Europea, lo que está reconfigurando el mapa geopolítico de la región.
En Guatemala, la escasez de financiamiento ha afectado proyectos cruciales en áreas como la lucha contra la desnutrición infantil y el acceso a la educación en zonas rurales. Este panorama no solo debilita las economías locales, sino que también reduce la influencia política de Estados Unidos en la región, dejando un vacío que otros actores globales están dispuestos a llenar.
Los nuevos actores en la Cooperación Internacional: China, la UE y actores no estatales
China, a través de su Iniciativa de la Franja y la Ruta, ha emergido como un actor clave en el financiamiento de proyectos de infraestructura y desarrollo en diversas regiones del mundo, incluida América Latina.

En Guatemala, por ejemplo, China ha financiado importantes proyectos de infraestructura, como el Puente Belice, lo que refuerza su influencia económica. Pero este modelo, basado en préstamos e inversiones, también ha generado preocupaciones sobre el endeudamiento y la falta de transparencia en la implementación de estos proyectos.
La Unión Europea, por otro lado, ha reconfigurado sus estrategias de cooperación con un enfoque más centrado en la sostenibilidad, los derechos humanos y la lucha contra el cambio climático. A través de instrumentos como el Fondo Europeo de Desarrollo y sus acuerdos comerciales, la UE ha logrado fortalecer relaciones con países en desarrollo, no solo en términos económicos, sino también en defensa de principios democráticos y de gobernanza.
En América Latina, la UE ha sido crucial en apoyar programas de fortalecimiento institucional, como el Programa de Cooperación con el Sector Justicia en Guatemala, que promueve la transparencia y la lucha contra la corrupción, así como, el Programa de Empleo Digno.
A este panorama se suman los actores no estatales, como las ONG internacionales, fundaciones y empresas privadas, que están ganando protagonismo en la cooperación. Las ONG, como Oxfam y Save the Children, implementan programas directamente en comunidades locales, enfocándose en áreas como la salud, la educación y el empoderamiento de las mujeres. Además, muchas empresas privadas a través de iniciativas de responsabilidad social empresarial, como las de Nestlé y Cemex, establecen alianzas público-privadas que promueven el desarrollo económico y social.
Críticas y desafíos de la Cooperación Internacional
Una de las principales críticas a la cooperación internacional, especialmente la proporcionada por actores como USAID, es la politización de la ayuda. En muchos casos, la asistencia no solo responde a necesidades de desarrollo, sino que está vinculada a intereses geopolíticos y económicos de los países donantes.
Esto se traduce en proyectos que pueden favorecer a ciertos gobiernos o sectores, en lugar de abordar las necesidades reales de las poblaciones vulnerables. Además, la ayuda puede utilizarse como herramienta de influencia, condicionando el apoyo a la adopción de políticas que no siempre son las más adecuadas para los contextos locales, lo que genera desconfianza.
Otro desafío importante es la sostenibilidad a largo plazo. Muchos proyectos financiados por USAID y otros actores internacionales, no logran perdurar más allá del periodo de financiación. Esto sucede porque en ocasiones, no se involucra activamente a las comunidades locales en el diseño y ejecución de los proyectos, lo que limita la capacidad de autogestión cuando la cooperación cesa.
La dependencia de la ayuda externa es otro factor crítico: algunos programas contribuyen a crear un ciclo de dependencia, donde los países receptores no desarrollan las estructuras necesarias para sostener su propio progreso.

Ante este escenario, es imperativo replantear la estrategia de cooperación de Guatemala y explorar nuevas oportunidades. La cooperación internacional no puede depender exclusivamente de un solo actor, sino que debe diversificarse mediante la búsqueda de alianzas estratégicas con otros socios y modalidades de cooperación.
Entre las alternativas viables se encuentra el fortalecimiento de la Cooperación Sur-Sur, un modelo en el que los países en desarrollo colaboran entre sí para compartir experiencias, conocimientos y recursos sin depender exclusivamente de donantes tradicionales. Asimismo, la Cooperación Triangular, en la que un país con mayor desarrollo facilita la cooperación entre dos países en desarrollo, puede ser una vía para optimizar recursos y conocimientos.
Otra estrategia clave es la Cooperación Regional, que permite a los países vecinos unir esfuerzos para enfrentar desafíos comunes y fortalecer su posición en el ámbito internacional. Además, es fundamental fomentar una mayor cooperación técnica e intercambio de buenas prácticas, promoviendo el desarrollo de capacidades locales y la autosostenibilidad de los proyectos.
Puedes escuchar
La cooperación internacional es un reflejo de la geopolítica global y, como tal, está sujeta a los intereses de los países donantes. No obstante, en lugar de quedar a merced de estas decisiones externas, Guatemala debe asumir un rol más activo en la diversificación de sus alianzas y la búsqueda de nuevas fuentes de apoyo.
La innovación en los mecanismos de cooperación es clave para garantizar que el desarrollo del país no dependa de vaivenes políticos externos, sino que se construya sobre bases sólidas y sostenibles.
¿El fin o la transformación de USAID?
El futuro de USAID no parece estar marcado por su desaparición, sino por una transformación en su enfoque y prioridades. Aunque bajo la administración de Donald Trump se recortaron fondos y se adoptaron políticas más aislacionistas, la cooperación internacional sigue siendo una prioridad estratégica para Estados Unidos.
Los desafíos globales, como el cambio climático y las crisis humanitarias, seguirán exigiendo la cooperación de actores internacionales. Por tanto, aunque su influencia podría verse reducida, la necesidad de continuar con la cooperación sigue vigente, adaptándose a un nuevo contexto.
Es probable que USAID redirija sus esfuerzos hacia áreas como la sostenibilidad ambiental, la innovación tecnológica y la resiliencia económica, colaborando más estrechamente con actores no tradicionales y fortaleciendo la equidad e inclusión en el desarrollo.
En definitiva, el “fin” de USAID no será su desaparición, sino una adaptación a un mundo global cada vez más multipolar, donde la cooperación será más diversa y sostenible.
Los cambios en las dinámicas de cooperación internacional son inevitables, ya que dependen directamente de la política exterior de los países y de los gobiernos de turno. En un mundo globalizado y en constante evolución, las necesidades y los desafíos también cambian, lo que exige innovación y adaptación.
Conforme avanzamos, es fundamental explorar nuevas estrategias, tecnologías y formas de cooperación que respondan a los retos emergentes. La cooperación, por tanto, debe ser dinámica y flexible, ajustándose a un contexto en constante transformación para seguir siendo efectiva y relevante en el desarrollo global.
Related Tags
Ana Corado
Licenciada en Relaciones Internacionales con especialidad en Seguridad Internacional en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Especialista en temas de cooperación internacional, programas y proyectos de cooperación, alianzas estratégicas, entre otros.















