El tema central de este pequeño escrito ya no va dirigido plenamente a la educación, más bien, se enfoca en un problema real; algo que compete a todos: el hombre y sus mil caras. El mismo, como algo elemental, como algo profundo, no es solamente materia ni cerebro, es alma y es corazón. Pero hoy por hoy, hacer reflexiones en torno al lado filosófico y académico de él, ya no basta; mejor centrarse en lo real, en lo vivido, en lo que se puede escurrir como lo “humanista”.
La reflexión sobre las mil caras del hombre viene por medio de la experiencia en un entorno personal, aquellas que han dejado una huella en los últimos días por cuestiones laborales y educativas. Como hombre (aquí hago referencia al término general y de condición humana) lo que más asusta es ver la cantidad bárbara de características elementales que se deben tener, de valores trascendentales como lo son el bien, el amor, la humildad, la sencillez y la conciencia por el prójimo.
Pero, lamentablemente salen a resurgir aquellos momentos bestiales, esas fijaciones malignas del hombre, el egoísmo, la arrogancia, la forma de pensar negativa, la poca empatía y la poca justicia social. Todo viene, debido a una experiencia de varias. Donde se labora actualmente, el factor tecnológico es algo vital para la supervivencia, pero se debe ser honesto que el humano vale más allá del anterior; una visita a un departamento de oriente, específicamente a un centro asistencial de salud, deja una reflexión compleja sobre la necesidad y la falta de cumplimientos a los derechos humanos.
Cuando se puso un pie allí, se vio la precariedad latente, la injusticia y la incoherencia. Comencemos por el factor de entrada, una secretaria, la cual atiende desde un pequeño escritorio de madera viejo a todos los afiliados que quieren ingresar a sus citas o esperan poder ser atendidos; junto con ella un policía que ordena con su valentía y fuerzas a gente furiosa, desesperada o urgida de atención. Los dos, viven a través de una pequeña galera de lámina que no cubre del sol, de la lluvia, ni de otro factor externo que tenga la naturaleza. Al acercarse a ella, su cara decía muchas cosas, tenía mil facetas en una y su solicitud –más allá de la implementación de un sistema tecnológico– era poder tener un lugar digno para trabajar.

Vivir ocho horas al día en esas condiciones es inhumano, pero dentro del mismo lugar hubo más precariedades, condiciones nefastas pero los trabajadores administrativos podían tener el lujo de pedir comida rápida, de estar en sus oficinas con aire acondicionado, riendo y atendiendo muchas veces con una energía negativa. Afuera los afiliados no tenían ni siquiera un baño limpio, agua para tomar, espacios frescos ni atención de calidad. El director médico, detalló las malas condiciones y lo que ha luchado por tener un lugar digno para la salud. Ahora toda esta situación viene a demostrar que no se puede tener un sistema tecnológico que sobrepase las necesidades básicas de un hospital. Es algo insólito, iluso, y en una opinión personal inhumana. Se invierten grandes cantidades en tecnología, claro no es negativo ni tampoco malo, pero eso se podría usar mejor en remodelar y mantener lo básico en el lugar.
No se está en contra tampoco del avance, pero no se puede usar la tecnología para mejorar todo antes de tener lo digno y elemental. Cuando se hizo el comentario con compañeros de trabajo, se recibió una respuesta que hace pensar que el hombre tiene tanto, pero sigue siendo tan poco:
“A nosotros no nos interesa eso”; “no nos incumbe”; “no podemos hacer nada”; “lo que nos interesa es implementar el sistema, ya que hagan ellos es su clavo”; “no es nuestro problema, dediquémonos a lo que nos toca”
Con el respeto que se merecen las áreas tecnológicas y ciencias técnicas, se les dice, que poca capacidad humana y moral tienen. Es algo confuso ver que solamente se tiene la potestad de recomendar soluciones a través de instrumentos, pero no velar por el recurso humano. Si la comodidad la tiene uno la deben tener los otros, si se bebe agua todos tienen ese derecho; no tener condiciones básicas y aún con ello obviarlas es ver que la faceta del hombre se pudrió.
Existe tanto en el alma como en el corazón, y no es una generalización, pero existen muchos en este proyecto que les gustaría velar por la gente, pero el alma es producir y vender, no tener una visión prospectiva del trabajo y de los demás. Al ser un ente de mil caras, es evidente un cambio abrupto, un cambio radical en muchas ocasiones, pero el dinero, la ambición, la poca conciencia humana y crítica, han hecho de este ente un animal salvaje y que tiene tanto, pero demuestra ser tan poco.
Related Tags
Oscar Ramírez
Licenciado en Ciencia Política (Universidad Rafael Landívar) y Magister en Docencia Superior (Universidad Mesoamericana de Guatemala). Soy una persona apasionada por la historia y la educación, además del fútbol y las buenas platicas con los amigos y la familia. Mi intención es aportar con mis escritos al análisis crítico y realista de varios factores de la realidad socio-nacional.






