El lucrativo negocio del VIH para las organizaciones sin fines de lucro

Pese a la gran ayuda que las organizaciones no gubernamentales brindan a la comunidad LGBT en función de prevenir y tratar el VIH, hay ciertos aspectos dentro de esta industria que son motivo de preocupación y que dan la impresión que se está priorizando el generar dinero, más que proporcionar la ayuda que se jactan de dar a las poblaciones de riesgo.

El virus de inmunodeficiencia humana (VIH) continúa siendo un tema tabú en Guatemala. A pesar de los avances que se han dado en función del acceso a tratamientos y la eliminación de estigma con relación a la enfermedad, aún existe mucho trabajo por hacer. Es allí donde entran las organizaciones no gubernamentales (ONG), las cuales llevan ya varios años ofreciendo estos tratamientos a poblaciones de riesgo. Sin embargo, ¿alguna vez se han preguntado cómo estas organizaciones generan ingresos y si sus intereses son puramente altruistas a al momento de proveer esta ayuda?

No es ningún secreto que las grandes farmacéuticas a nivel mundial perciben una gran cantidad de ingresos como resultado de la producción y distribución de antirretrovirales, los medicamentos que se utilizan para tratar el virus de inmunodeficiencia humana (VIH). Como es el caso con muchos fármacos, las patentes de los fabricantes impiden la creación de alternativas genéricas de bajo costo, lo cual ha hecho que estos tratamientos sean extremadamente costosos y queden fuera del alcance de las personas que más los necesitan. Es así como las ONG han implementado programas para suministrar estos medicamentos sin ningún costo, mientras se cumplan ciertas condiciones.

El financiamiento que reciben estas organizaciones supuestamente está condicionado por ciertas métricas, las cuales, de acuerdo a personas que han trabajado en algunas de ellas (cuyos nombres serán omitidos de esta columna), no solo tienen un impacto negativo en las poblaciones a las que va dirigida la ayuda, sino también en el personal que la ofrece. Una de estas métricas es la cantidad de diagnósticos positivos que debe conseguir cada uno de los miembros del equipo, ya sea contactando a personas en línea, o bien, abordándolos en persona. Esto es bastante común en eventos LGBT, como el desfile que se lleva a cabo tradicionalmente en junio, fiestas de la comunidad, espectáculos de drag o discotecas gay.

Foto de DepositPhotos

Ahora bien, no es que haya algo inherentemente malo en buscar personas que tengan VIH con el fin de brindarles tratamiento. El problema es que el enfoque que se le da a esta búsqueda, no es con el fin de prevenir el contagio, sino más bien, de mostrar números a los donadores para garantizar que estos continúen financiando los proyectos y salarios de la organización con cantidades millonarias. Es tanta la presión por cumplir con estas métricas, que existe una expectativa implícita de que aquellos que son llevados a realizarse pruebas, den positivo al virus, ya que de eso dependen los trabajos de muchas personas.

De acuerdo a un ex empleado de una de estas organizaciones, presuntamente es tanta la urgencia por conseguir diagnósticos positivos, que una vez se consigue uno, se trata de establecer una cadena de contacto por diferentes medios para encontrar más. Uno de los contactos es a través de redes sociales. 

Primero, se determina por medio de qué red social salió el individuo. Por ejemplo, si este provino de Facebook, se le pide al colaborador que ingrese el perfil del paciente y revise quién le ha dado “Me encanta” a las fotos para agregar a dichos individuos y ofrecerles la prueba de VIH. Todo esto bajo la suposición que uno de ellos, pudo haber sido el origen del contagio. El proceso se realiza sin pedir permiso al paciente. Así sucesivamente, se va formando una especie de esquema de pirámide, donde se espera que un resultado positivo produzca varios más.

Es preocupante pensar que un diagnóstico positivo pueda abrir las puertas para que una organización crea que tiene luz verde para indagar en las vidas privadas de los pacientes y contactar a sus conocidos con el fin de inflar sus números. De igual forma, este tipo de ejercicios promueven que la situación se convierta en un chisme dentro de las organizaciones, o bien, que por contactar a alguien por redes sociales que quizás haya tenido contacto sexual con el paciente, se pueda exponer el estado serológico del mismo a terceros.

Otro aspecto que es importante resaltar, es que una vez alguien recibe un diagnóstico positivo, viene otra métrica, que es la vinculación para que reciba el tratamiento. Es decir, que el paciente inmediatamente después de ser diagnosticado comience a recibir sus medicamentos por parte de la misma organización. Esto suena bastante bien inicialmente; sin embargo, se ignora por completo el lado humano que conlleva ser el receptor de esta noticia. No todas las personas que son diagnosticadas con VIH logran asimilarlo en ese preciso momento. Hay un proceso de duelo involucrado, el cual debe ser tratado cuidadosamente por un profesional de la salud mental. Por lo que presionar u orillar a la persona tratarse, puede ser contraproducente en algunos casos.

Hasta cierto punto, uno debe preguntarse si existe un interés porque el VIH no desaparezca por completo, o al menos se controle, al punto que el número de casos nuevos se reduzca considerablemente. Cuando el énfasis es puramente reactivo y no preventivo, no se está atacando de raíz el problema. Muchos de los contagios que surgen en la comunidad, ocurren a raíz de dos problemáticas que están entrelazadas. 

La primera son los jóvenes que son echados de sus casas y deben recurrir a prácticas riesgosas como el trabajo sexual para sobrevivir. La segunda, es la falta de educación sexual. Al no ofrecer iniciativas que pretendan sacar a la juventud LGBT de las calles, solo se está haciendo la mitad del trabajo.

Sí, se pueden seguir dando frascos de pastillas, tanto para prevenir la transmisión del VIH, como para tratarlo, pero como se mencionó anteriormente, no les conviene a las farmacéuticas, ni a las ONG que disminuya la demanda. 

Personalmente, me enoja pensar que una pastilla como Truvada, que ahora las organizaciones dan como PrEP (profilaxis preexposición), bajo su versión genérica llamada Emtricitabina/Fumarato de disoproxilo de tenofovir, tuviera una patente activa desde que fue aprobado su uso médico en 2004, hasta el 2020, resultando en billones en ganancias para su fabricante.

Como muchas otras situaciones en Guatemala, mantener a la población ignorante ayuda a que cierto grupo de personas que carecen de ética, continúen lucrando con la desgracia ajena y el VIH no es ninguna diferencia. 

La prevención de esta enfermedad debe ser liderada por trabajadores a los que les apasione el tema y que al mismo tiempo, posean el conocimiento y las habilidades para llevarlo a cabo. No debemos permitir que algo tan delicado, se convierta en una cacería lucrativa de seropositivos para que las élites se llenen los bolsillos de dinero. Por lo que insto a la comunidad a exigirle a estas asociaciones que rindan cuentas y que no solo den discursos sobre ser lugares seguros y aliados, sino que sus acciones lo demuestren.

1 comentario
  1. Excelente artículo. Muchas gracias por evidenciar la realidad de muchas ONG que únicamente buscan llenarse los bolsillos, sin importarles la salud integral de los usuarios. Como psicólogo clínico, sostengo que debe haber un profesional preparado para actuar en situaciones en las que un diagnóstico pueda generar una fuerte inestabilidad en la persona que recibe la noticia. Utilizar el shock y el miedo de la persona para vender la idea de que el medicamento es la solución, y hacer que se sienta obligada desde el primer momento a tomarlo, también es una forma de aprovecharse de la vulnerabilidad de una persona.

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