El monopolio de la navidad

La asociación entre Coca-Cola y la Navidad se ha normalizado a través del tiempo y en tal grado que muchas personas asocian la temporada festiva con el logo rojo y blanco de la marca inconscientemente. Esto representa un dilema ético: ¿Es apropiado que una entidad capitalista coloque su marca en el corazón de una entidad capitalista y coloque su marca en el corazón de una celebración cultural y religiosa tan universal como la Navidad?

Coca-Cola es una de las megasempresas más presentes en todo el mundo, el ser tan antigua le ha permitido aprovechar ciertos momentos históricos para posicionar su marca. Durante la Segunda Guerra Mundial, por ejemplo, Coca-Cola se encargó de que el ejército de Estados Unidos tuviese Coca-Cola a su disposición como símbolo de bienestar de las tropas norteamericanas mientras que, en Alemania, se ideó un nuevo producto para ser distribuido al ejército nazi, la Fanta, puesto que en un escenario geopolítico tan delicado. venderles el mismo producto a ambos bandos podría perjudicar a la imagen de la marca. 

Estas y otras tantas ingeniosas y cuestionables estrategias de marketing han consolidado a Coca-Cola Company como uno de los emblemas del capital y por supuesto, existen contradicciones sustanciales entre las “prácticas comerciales” de la compañía y lo que pretende representar en el imaginario colectivo de sus consumidores.

Hay muchos factores a tomar en consideración al momento de evaluar el éxito en las estrategias de marketing de la marca, sin embargo, creo que una de las estrategias más redituables para la compañía ha sido que la mayoría de sus campañas se basan en establecer vínculos afectivos con el producto y evidentemente, las fiestas navideñas fueron clave para este objetivo.

La temporada navideña, un tiempo lleno de tradiciones, celebraciones familiares y valores compartidos, ha sido transformada en una plataforma publicitaria masiva por empresas como la mencionada. A lo largo de décadas, la compañía ha desempeñado un papel significativo en la capitalización de la Navidad, consolidando su marca a expensas de la esencia original de estas festividades. 

Coca-Cola ha sabido capitalizar la época navideña a través de campañas publicitarias masivas que presentan al icónico Santa Claus con su traje rojo y blanco disfrutando de una Coca-Cola. Aunque la imagen del Santa moderno se ha popularizado gracias en parte a las estrategias de marketing de la compañía, esto ha llevado a una apropiación casi monopolística de un símbolo culturalmente arraigado.

En la década de 1930, Coca-Cola creó anuncios navideños que presentaban a Santa Claus con un traje rojo y blanco, colores que coincidían con la marca. Estas campañas ayudaron a popularizar la imagen moderna de Santa Claus y asociar la bebida con el espíritu navideño en la mente de las personas. Así es, la imagen que actualmente tenemos de Santa Claus fue popularizada por Coca-Cola. En otras palabras, prácticamente Coca Cola “inventó” a Santa Claus, un icono de la cultura occidental.

La asociación entre Coca-Cola y la Navidad se ha vuelto tan entrelazada que muchas personas, especialmente los más jóvenes, identifican la temporada festiva con el logo rojo y blanco de la marca. Esto plantea un dilema ético: ¿es apropiado que una entidad corporativa coloque su marca en el corazón de una celebración cultural y religiosa tan universal como la Navidad?

Esta apropiación de la Navidad por parte de la compañía no solo es un tema de identidad cultural y comercialización excesiva, sino que también plantea preocupaciones sobre la saturación de mensajes comerciales en un periodo que debería estar centrado en valores más trascendentales como la colectividad, la solidaridad y la paz.

© Haddon “Sunny” Sundblom / The Coca-Cola Company

Además, esta apropiación mercantil ha eclipsado otras tradiciones y simbolismos asociados con la temporada navideña. La promoción de un consumo excesivo y el enfoque en la compra de productos como una forma de celebrar han desplazado aspectos más profundos y significativos de esta festividad.

Si bien es cierto que el marketing estacional no es algo que exclusivamente Coca-Cola haga, es innegable que Coca-Cola ha sido hábil en su estrategia publicitaria y ha contribuido a la formación de la imagen contemporánea de Santa Claus, debemos reflexionar sobre los límites de la capitalización en festividades arraigadas en la historia y la cultura de diversas sociedades. 

El monopolio de la Navidad por parte de Coca-Cola plantea cuestiones sobre la influencia del capitalismo en las tradiciones culturales y recalca la necesidad de preservar la autenticidad y el significado más profundo de estas festividades en lugar de permitir que sean deterioradas por intereses comerciales. Es necesario cuestionar el equilibrio entre la tradición, la celebración auténtica y la presión consumista impuesta por el sistema.

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