El poder de la trascendencia

A pesar de que no pensemos en la posibilidad de la muerte a diario, esta es una posibilidad incesante en todo momento. No sabemos cuando llegará el día de nuestra partida, pero sin duda alguna, llegará. Mi intención al plantear esto no es iniciar crisis existenciales ni nada por el estilo. Creo importante disfrutar y vivir sin miedo a la muerte. No obstante, la muerte juega un papel importante en esta vida. La posibilidad incesante puede ser motivadora. No hay tiempo que perder. Ese es mi mensaje de hoy.

En medio de la coyuntura del año pasado, Arjona alzó su voz. “La historia; que juega a las escondidas, disimula su apariencia para no dejarse ver. Utiliza su don de lo invisible para ser testigo eficaz de todo lo que pasa. No obstante lo invisible, se asegura de todas maneras y se esconde en las esquinas (…) y escribe todo lo que pasa con rigor minucioso para no dejar nada sin testimonio” Estas palabras se las dedicó Arjona a Guatemala al utilizarlas con la intención de darle fuerza al pueblo en momentos de crisis.

Recientemente, las palabras de Arjona surgieron en mis pensamientos bajo un contexto distinto. Mi nombre es Caterina y llegué a este mundo un domingo de 20 de abril del 2003 como parte de la familia Méndez. Hasta donde yo sé, no hice nada para merecer esta familia. Llegué a este mundo con poca (nula)  información. Sin embargo, mi realidad a partir del día de mi nacimiento se debe a la familia en la que me tocó nacer. Crecí con sus valores. Recibí lo que me pudieron ofrecer. Y principalmente, crecí con el ejemplo de las personas a mi alrededor y con el legado que dejaron mis antepasados.

Dicen que los niños aprenden por el ejemplo. Considero que hay pocas cosas tan ciertas como esta en la vida. Un niño es como plastilina. Su entorno lo moldea; lo que escucha y lo que ve, le dan forma a su carácter e influencian sus acciones a corto y a largo plazo.

Tomando esto en consideración, vuelvo a las palabras de Arjona. “La historia; que juega a las escondidas, disimula su apariencia para no dejarse ver.” Lamentablemente, mi abuelo murió antes de que yo naciera. Y aunque no tuve la oportunidad de conocerlo, hasta cierto punto, siento que lo conozco debido a las huellas trascendentales que dejó en este mundo. No tuve la oportunidad de hablar con él sobre sus prioridades, pero por la forma en que educó a sus hijos, sé que era un hombre soñador, trabajador, y honrado. Sé que no era conformista, porque ninguno de sus hijos lo es.

Mi abuelo no publicó en los periódicos cada obra de caridad que hacía; sin embargo, sé que era una persona generosa que ayudó muchísimo al estar en vida a su comunidad. Sé esto porque sus hijos continúan con este legado.

Arjona muy acertadamente dijo: “(La historia) utiliza su don de lo invisible para ser testigo eficaz de todo lo que pasa”. Mi abuelo trabajó en vida para construir una empresa fuerte que fuera de bien para su familia y para el mundo. No lo vi trabajar, pero hoy veo la empresa. Una empresa que continúa arduamente existiendo bajo la visión de ser un vehículo de transformación humana.

Pocos saben que las crepas son una parte relativamente reciente en la historia de la empresa. Mi abuelo ni siquiera llegó a ver cómo la empresa se integró en la industria gastronómica. No llegó a ver la cantidad de frutos que su semilla logró echar. Pero sembró una buena semilla —de eso no cabe duda.

Jesús sabiamente dijo “Por sus frutos los conoceréis ¿Acaso se recogen uvas de los espinos, o higos de los abrojos? Así, todo buen árbol da buenos frutos, pero el árbol malo da frutos malos. No puede el buen árbol dar malos frutos, ni el árbol malo dar frutos buenos (Mateo 7:15-20).”

Más que una reflexión, los pensamientos que comparto son una invitación a que nos planteemos dos preguntas el día de hoy:

  1. ¿Qué impacto estoy teniendo en las personas a mi alrededor y en mi entorno?
  2. ¿Qué quiero dejar en este mundo?

A pesar de que no pensemos en la posibilidad de la muerte a diario, esta es una posibilidad incesante en todo momento. No sabemos cuando llegará el día de nuestra partida, pero sin duda alguna, llegará. Mi intención al plantear esto no es iniciar crisis existenciales ni nada por el estilo. Creo importante disfrutar y vivir sin miedo a la muerte. Pues la muerte juega un papel importante en esta vida. La posibilidad incesante puede ser motivadora. No hay tiempo que perder. Ese es mi mensaje de hoy. 

Hace un tiempo leí una frase que decía: “El día que comprendí que lo único que me voy a llevar es lo que vivo, empecé a vivir lo que me quiero llevar.” Mantengo esta frase presente y la combinó con la sabiduría de Jesús. Nuestra vida es efímera, pero podemos dejar frutos que sean de mucho bien para los que siguen. 

Mi abuelo se fue, pero su espíritu sigue presente, al igual que el de todas las personas bondadosas que utilizaron su vida para hacer actos de bien y dejar legados. La sombra de los parques no es casualidad, es producto de actos de bondad. 

Poco es tan hermoso y poderoso como sembrar un árbol pensando en que su sombra será para el bien de las siguientes generaciones…

1 comentario
  1. Me encanto tu inspiradora historia, gracias por hacer un llamado a “Celebrar la vida” con la invitación de replantearnos cada día ¿Quienes somos?, ¿Hacía donde vamos?, ¿Cuál es el sentido de nuestra vida? y ¿Que es realmente la muerte?.

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