Los orígenes y evolución de la navidad
Primeros Cristianos
El cristianismo no comenzó siendo una religión oficial, pues en el Antiguo Imperio Romano existía fricción entre las autoridades y los primeros cristianos, porque, aunque los romanos eran tolerables, el mensaje cristiano tenía elementos que hacían peligrar pilares esenciales para la estabilidad del imperio romano. Por lo que, al ser perseguidos, estos generalmente se reunían en catacumbas, casas o algún lugar secreto.
La festividad más importante para los primeros cristianos era la Cena del Señor (la Santa Cena o la Última Cena). Se celebraba en memoria de la crucifixión de Cristo, según la instrucción de Cristo a sus discípulos en Juan 13, simbolizaba su sacrificio, segunda venida y tenía un fuerte simbolismo escatológico, que relacionaba la segunda venida de Cristo con los acontecimientos de los últimos días, la esperanza de los primeros cristianos en medio de la persecución.

Para esta celebración, los primeros cristianos organizaban una comida comunitaria, con pan y vino (los elementos principales de la Cena del Señor), que era un momento de esperanza, unidad, reconciliación, comunión y se compartían alimentos. Esta celebración se realizaba a menudo, posiblemente todos los domingos (día de resurrección de Cristo), aunque hay estudiosos que sostienen que se hacía diariamente, en cada reunión de los primeros cristianos.
Fiesta de la Epifanía
Ya para el siglo II, con el crecimiento del cristianismo, las iglesias primitivas de oriente y de occidente celebraban el día 6 de enero la fiesta de la epifanía. Palabra que proviene del griego epi-faneia, que significa manifestación. En esta festividad, las iglesias primitivas conmemoraban la visita de los Reyes Magos al pequeño Jesús como la primera manifestación al mundo pagano del Hijo de Dios hecho hombre; esta visita también se traduce en el cumplimiento de las promesas mesiánicas.

Los regalos que los Reyes Magos dieron a Jesús poseen un simbolismo teológico; cada uno de ellos destaca un elemento mesiánico. Oro, símbolo de la realeza, ya que el mesías prometido vendría de la casa de David. Incienso, símbolo de la divinidad, la encarnación del verbo y Mirra, símbolo del sacrificio que ha de pasar el mesías según la profecía del siervo sufriente de Isaías.
Otro elemento por el cual las iglesias primitivas celebraban la fiesta de la epifanía era porque con la visita de los reyes al pequeño Jesús, se conmemoraba la primicia de los gentiles, es decir, la promesa de que la actividad mesiánica no se limitaría solo a los judíos, sino a todos los pueblos. Según el evangelio de Mateo, los Reyes Magos no eran judíos, venían de otras tierras, eran gentiles.
25 de diciembre como fiesta de Navidad
La fijación del 25 de diciembre como nacimiento de Jesús surge muchos años después con la legalización del cristianismo (Edicto de Milán). El 25 de diciembre ya era una fecha de celebración para los romanos, donde se conmemoraba el Sol Invictus, culto a la divinidad solar Apolo.
Según la periodista Berta Erill, el emperador Constantino: “probablemente con la intención de superponer las prácticas cristianas a otras más antiguas, estableció el 25 de diciembre para la conmemoración del nacimiento de Jesús”.

Evolución de la Navidad hasta nuestros días
A lo largo de los siglos, la celebración de la Navidad evolucionó. Los puritanos ingleses y estadounidenses prohibieron la Navidad por su origen pagano y no gozó de popularidad en Estados Unidos, hasta la época de la Guerra Civil, donde se reforzaron los valores de la familia.
Según la periodista Erin Blackmore: “En 1870, tras el fin de la guerra, el Congreso convirtió la Navidad en la primera fiesta federal del país”, donde se agregaron costumbres como el intercambio de regalos y las luces navideñas.

Retrato teológico del nacimiento de Jesús
El nacimiento de Jesús de Nazaret es el clímax de la teología cristiana, el cumplimiento de un número de promesas realizadas por Dios a lo largo del Antiguo Testamento, que van desde el acontecimiento conocido como la gran caída hasta los profetas post exílicos (profetas cuyo ministerio tuvo lugar después del exilio babilónico).
La promesa tras la gran caída
En el Génesis se encuentra la historia de la creación del mundo y del pecado de la humanidad (la gran caída). Este pecado, producto de la desobediencia y el orgullo de Adán y Eva, rompe la comunidad inicial de Dios con la humanidad. Sin embargo, en medio del castigo a Adán y Eva, Dios anuncia una promesa: “Y pondré enemistad entre tú y la mujer, y entre tu simiente y su simiente; él te herirá en la cabeza, y tú lo herirás en el calcañar.” (Génesis 3:15).

Mediante esta promesa, se anunciaba que un día futuro, el maligno, representado con la serpiente, sería destruido por un descendiente de Eva, que le heriría la cabeza. También era una promesa de sacrificio, porque quien habría de vencer a la serpiente también sería herido por ella.
A lo largo del Antiguo Testamento, Dios reitera esta promesa a través de pactos realizados con los patriarcas hebreos. Algunos de estos pactos son:
Abraham (Génesis 22:18) “En tu simiente serán benditas todas las naciones de la tierra.”
Se interpreta como la promesa de Dios a Abraham de que de su linaje provendría un descendiente específico que traería bendición a todas las naciones de la tierra. |
Jacob (Génesis 28:14) “Todas las familias de la tierra serán bendecidas por medio de ti y de tu descendencia.”
Jacob roba la bendición de su hermano Esaú, engañando a su padre y su hermano al enterarse, jura vengarse y por eso termina huyendo. Mientras huía, tiene un sueño peculiar en donde recibe la promesa de que en su simiente se encontraría la bendición de las naciones. |
Judá (Génesis 49: 10) “Siempre tendrás en tus manos el cetro que te hace gobernante.”
Judá fue quien propuso a sus hermanos la venta del envidiado José como esclavo. Para no matarlo, pero beneficiarse económicamente de su hermano menor.
Años después se arrepintió de sus actos e intercedió por Benjamín en el caso de la copa de José en Egipto. Como parte de su bendición, recibió la promesa de que uno de sus descendientes sería el rey eterno.
David (2 de Samuel 7) “Y cuando tus días sean cumplidos, y duermas con tus padres, yo levantaré después de ti a uno de tu linaje, el cual procederá de tus entrañas, y afirmaré su reino.”
Después de su arrepentimiento, Dios da a David la promesa de un rey eterno, cuyo reino no tenga fin. El mesías sería descendiente de David, por ello en los evangelios se menciona a Jesús como Hijo de David.

El mesías prometido habría de ser descendiente de Adán, de Abraham, de Jacob, de Judá y de David. Mateo y Lucas son los dos únicos evangelistas que abordan el tema del nacimiento de Jesús de Nazaret, como antesala a la narración del nacimiento, incluyen una breve genealogía de Jesús de Nazaret, donde se reflejan estas promesas.
En la teología cristiana, la genealogía de Jesús de Nazaret también es un símbolo de la gracia y el perdón de Dios, porque quienes la integran no eran personas perfectas y habían cometido acciones desagradables, por lo que podrían ser considerados indignos para participar de tan importante genealogía, pero se habían arrepentido y Dios les había dado un lugar en la genealogía del mesías.
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Las profecías de un Mesías
Antes del exilio de los hebreos a Babilonia, el profeta Isaías tiene una visión de un rey sufriente, la cual era una profecía mesiánica que describe un rey despreciado y sufrido que traería paz y salvación.
Después del exilio de Babilonia, los profetas Hageo, Zacarías y Malaquías profetizaron la llegada de un Rey y mensajero de Dios que trajera libertad y un nuevo pacto.

Menciona el teólogo Gerardo Corpeño: “La mayoría de los judíos del primer siglo habían asociado la llegada del reino de Dios (la llegada del mesías) con tres expectativas: a) El regreso de Israel del exilio, b) La derrota de sus enemigos (especialmente los romanos) y c) El retorno de Yahvé a Sion”.
El mesías esperado por los judíos del primer siglo estaba vinculado con la realeza (por la expectativa de restauración nacional), y realizaría dos acciones importantísimas: reconstruiría el templo y pelearía la batalla final contra los romanos, los enemigos en ese momento de los judíos.

Estas expectativas fueron cumplidas, pero no de la manera en que se esperaba, Jesús de Nazaret era descendiente de la casa de David, pero nació en una familia humilde, en una aldea de clase baja, encarnando la marginalidad y la falta de estatus. Reconstruyó el templo, pero no de una forma física (Juan 2:19) y peleó una batalla final, pero no contra los romanos, sino contra el maligno, como se había prometido en el Génesis.
Significado teológico del nacimiento de Jesús de Nazaret
Menciona Xabier Pikaza que, para Anselmo de Canterbury, (monje, teólogo y arzobispo del siglo XII), la encarnación, el nacimiento de Jesús de Nazaret, era una demostración del amor y el perdón incondicional de Dios por la humanidad.
Debido a que el único capaz de reparar la culpa e impedir la destrucción era el mismo Dios, este tomó la decisión de realizar la tarea “pero no desde fuera, imponiéndose sobre los hombres, sino poniéndose en su lugar”. Aunque es muy probable que el nacimiento de Jesús de Nazaret no haya sido el 25 de diciembre, la historia de su nacimiento en Belén recuerda la empatía, el amor y el perdón incondicional.

Bibliografía
- Blakemore. E. (2021). La celebración de la Navidad a lo largo de los siglos. https://www.nationalgeographicla.com/historia/2021/12/la-celebracion-de-la-navidad-a-lo-largo-de-los-siglos.
- Corpeño. G. (2016). El significado de la cruz en la cristología de N.T. Wright y Richard Bauckham. Guatemala. Editorial Centro de Investigación Núñez y Taylor.
- Pikaza. X. (2023). Curso de teología patrística. Historia y doctrina de los padres de la iglesia. España. Editorial Clie.
- Santa Biblia, versión Reina-Valera 1960.
- Soto. E. (2024). Una festividad pagana de la antigua roma originó la navidad tal y como la conocemos. https://historia.nationalgeographic.com.es/a/origenes-navidad_6901
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Sue Estrada
Abogada y Notaria en ejercicio. Interés en temas relacionados al Derecho, Política, Filosofía, Teología y Literatura Universal.










