En la tercera década del siglo XXI vivimos una crisis democrática y no es la falta de libertad, sino el uso irresponsable de ella. En Guatemala, las heridas abiertas de un conflicto armado establecen una cultura del miedo y el silencio por una guerra que provocó apatía, exilios, desapariciones y mucha muerte. En 2024, las generaciones que vivimos “la paz” no hemos sido instruidos a usar la libertad.
Hoy es poco probable que las fuerzas estatales arresten, desaparezcan o ejecuten extrajudicialmente a un estudiante, sindicalista, activista o político de oposición. No es desmeritar, pero las acciones son más enfocadas a silenciar, criminalizar con la instrumentalización del sistema de justicia, o aislar a grupos disidentes. Las persecuciones aún existen, eso no se puede dudar, pero son más en el plano penal y psicológico, y no en la fuerza física.
Los últimos casos de violencia policial conocidos mediáticamente son los disturbios durante las manifestaciones del 21 de noviembre del 2020 en contra de la aprobación del Presupuesto General de la Nacional para el 2021.
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Sin embargo, este texto no se refiere a la violencia ejercida por las fuerzas de seguridad, o bien, las manifestaciones ciudadanas que exigen condiciones dignas y autoridades competentes.
En tiempos de una aparente tranquilidad, el activismo y la ciudadanía se conforman con actividades virtuales, publicaciones en redes sociales, el sensacionalismo, los bulos y las teorías conspiranoicas. Una realidad agravada por años de confinamiento y distanciamiento social por la pandemia del COVID-19. La causa de estas actitudes es la carencia de una alfabetización mediática y el fomento del pensamiento crítico.

Desde hace unos años, en Guatemala el término “corrupción” se ha banalizado y usado como peyorativo contra cualquier persona que no comparta los ideales o visión de un grupo. Sin alguna prueba que lo respalde, más allá de las publicaciones en redes sociales.
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Un ejemplo de esto es la era de la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (Cicig) bajo la dirección de Iván Velásquez, y el Ministerio Público de Thelma Aldana. Los “jueves de Cicig” llegaron a revelar muchos casos contra funcionarios y operadores de justicia, pero que propusieron más narrativas que soluciones a un sistema corrompido por el abuso de autoridad, incumplimiento de deberes, tráfico de influencia, sobornos y estafas.
¿Cuál es la causa de los bulos (fake news, noticias falsas)?
En 2018, el diario El País tuvo la oportunidad de preguntarle a Noam Chomsky y esto respondió:
“La gente se percibe menos representada y lleva una vida precaria con trabajos cada vez peores. El resultado es una mezcla de enfado, miedo y escapismo. Ya no se confía ni en los mismos hechos. Hay quien le llama populismo, pero en realidad es el descrédito de las instituciones”.
Chomsky dijo que la desilusión conduce a la población a no creer en los hechos. La desconfianza orienta a las personas en el aislamiento físico, mental y académico.
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Los acontecimientos son puestos en duda, mientras las opiniones se cotizan por los cielos. Esto es la posverdad.
En 2017, el diccionario de Oxford catalogó el concepto “posverdad” como la palabra del año.
El filósofo, humanista y pensador británico A.C. Grayling, sostuvo en 2017 que un ingrediente clave en la cultura de la posverdad son las redes sociales donde una opinión puede opacar cualquier evidencia.
Oxford define la posverdad como el fenómeno que se produce cuando “los hechos objetivos tienen menos influencia en definir la opinión pública que las opiniones que apelan a la emoción y a las creencias personales”.
Esto fue notorio en 2020 y 2021 con la credibilidad de las noticias sobre el COVID-19 y las vacunas. Además, hay quienes creyeron en remedios milagrosos altamente peligrosos y otros aún creen que las medidas sanitarias fueron parte de un plan de control de la población mundial.

También se percibió demasiada tensión innecesaria a finales del 2023 por el temor de un golpe de Estado, o bien, la posibilidad que Bernardo Arévalo no asumiera como presidente de Guatemala. Esto causó los bloqueos y manifestaciones de octubre cuando diferentes sectores salieron a las calles para impedir el tránsito vehicular a nivel nacional.
El resultado fue el esperado. La economía de muchas personas se vio afectada, hubo enfrentamientos entre guatemaltecos y finalmente el 14 de enero del 2024 sí tomó posesión Arévalo. No vale la pena calificar si las acciones fueron buenas o malas, pero sí aclarar que hubo matices.
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En julio de 2020, Fernando Vallespín (catedrático de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de número de la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas) menciona que atravesamos una política de masas con una “guerra de teclados” por la disputa ideológica se ha democratizado.
En conjunto la posverdad y la desinformación causan una cultura intolerante y vulnerable a la crítica y poco apta para el debate basado en evidencia y no en opiniones. Un efecto de esta mezcla es la cancelación mediática que es propensa a caer en calumnias.
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Esto es una crítica dirigida a la ciudadanía, los medios de comunicación, periodistas, funcionarios y los usuarios de las redes sociales. Todos tenemos derecho a la libertad de expresión, pero eso no justifica que todas las opiniones son correctas, hay opiniones que son equivocadas, confusas y hasta manipuladoras.
Es sumamente peligroso cuando personas se autodenominan abanderados de la democracia, la transparencia o la verdad porque denotan su necesidad de impregnar en sus discursos un estado emocional y no racional.

El artículo 35 de la Constitución Política de la República de Guatemala indica:
“Libertad de emisión de pensamiento. Es libre la emisión del pensamiento por cualesquiera medios de difusión, sin censura ni licencia previa. Este derecho constitucional no podrá ser restringido por ley o disposición gubernamental alguna”.
No obstante, el artículo agrega que quien use esta libertad para faltar el respeto de la vida privada o a la moral es responsable según dicte la ley.
Esto incluye publicaciones sin fundamentos, carencia de fuentes, declaraciones y documentos que respalden el objetivo de comunicar.
Veo con mucha preocupación que periodistas, activistas, estudiantes, prensa y creadores de contenido se les olviden que "comunicar" es un servicio, una industria y una responsabilidad. pic.twitter.com/WPtKi74dQ0
— Gabo (@Gabo_Molina13) October 15, 2024
“Quienes se creyeren ofendidos tienen derecho a la publicación de sus defensas, aclaraciones y rectificaciones”,
también dice la Constitución
Redactar y publicar en redes sociales involucra un derecho, pero confiere una responsabilidad de qué decimos, cómo lo decimos y a quiénes va dirigido.
Terminar con el círculo del miedo es necesario, pero no por ello vamos a silenciar otras voces para imponer ideas. Guatemala necesita una población más educada a nivel académico, social, económico, ambiental y político. Esto requiere pensamiento crítico para discernir, libertad de expresión para manifestarse y pluralidad de ideas para no obsesionarse con pensamientos.
Esto es un llamado para que se habiliten más espacios de diálogo en base a argumentos, donde se critiquen las opiniones, no se ataquen a las personas. Además, sí es un señalamiento para entornos que sirvan como cajas de resonancia y no como impulsores de crecimiento.
Somos más libres que nunca para opinar, pero necesitamos aprender a ser responsables de esa libertad por el bien común de la población y el territorio, o bien como dice la Jura a la Bandera guatemalteca “en nombre de la sangre y de la tierra”.
Referencias
- Barrios Alvarado, A. (21 de noviembre del 2020). Presupuesto 2021: Las imágenes que marcaron la jornada de manifestaciones en Guatemala. Política. Prensa Libre. Disponible aquí.
Rodríguez, F. (29 de noviembre del 2020). ¿Quién prendió el fuego en las protestas contra Giammattei y el Congreso?. Plaza Pública. Disponible aquí.
Martínez Ahrens, J. (9 de marzo del 2018). Noam Chomsky: “La gente ya no cree en los hechos”. Cultura. Babelia. ElPaís. Disponible aquí.
Coughlan, S. (12 de enero del 2017). Qué es la “posverdad”, el concepto que puso de moda el “estilo Trump” en Estados Unidos. BBC News Mundo. Disponible aquí.
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Gabriel Morales
Periodista egresado de la USAC. A veces fotógrafo, otras redactor y algunas autor de críticas fílmicas o sociopolíticas. Creyente de la libertad, la educación y la democracia. Siempre estudiante. Miembro de la Junta Directiva de Telégrafo.










