Entre la fe y la coerción: el control psicológico en sectas y el caso Lev Tahor

¿Te has preguntado cómo captan las sectas a sus seguidores? Descúbrelo en este análisis de las estrategias de manipulación psicológica empleadas por estos grupos. A partir del caso Lev Tahor, este artículo examina cómo el control social y la coerción pueden vulnerar la autonomía individual y derivar en violaciones a los derechos humanos.

En la humanidad, las religiones fomentan los códigos morales, la esperanza y las costumbres; pueden funcionar (para quienes la practican) como respuestas a interrogantes existenciales como ¿de dónde vengo? Y ¿a dónde voy? Entonces, constituye una parte importante del ser. No obstante, líderes religiosos perversos toman ventaja de ello y guían a sus adeptos al radicalismo a través de las sectas. 

Este es un término peyorativo que se le acuña a los Nuevos Movimientos Religiosos (NMR), de acuerdo con el doctor en criminología Eddy Morales. Las sectas son grupos autónomos que comparten creencias en común y que son enseñadas por un líder, caracterizado por ser carismático, megalómano y narcisista hacia sus adeptos (sumisos y oprimidos).

Cegados por la doctrina sectaria, los creyentes pueden perder la autonomía de su vida. Según Morales, obtener el control social de una persona y luego, de un grupo, es posible mediante las tres fases de manipulación psicológica que se detallan a continuación.

Captar al sujeto para convertirlo y retenerlo

La primera fase de manipulación psicológica es la captación. En esta, Morales asevera que el líder religioso se muestra amistoso, seguro y seductor ante el sujeto para llamar su atención. Además, expresa una falsa exaltación de los valores del oyente y resalta sus carencias o necesidades; suele utilizar la presión grupal para fomentar la unión de la persona al grupo espiritual.

Una vez captada la atención de la persona, se procede con la conversión. El objetivo es transformar la personalidad del sujeto. Por ende, el guía religioso controla o reinterpreta la información de la persona y sus relaciones sociales (busca aislarla de lo ajeno y acercarla a lo propio). Se modifica el lenguaje, pues se induce un vocabulario alineado con los intereses del grupo religioso (como llamarse hermanos entre sí, decirle gurú o mesías al guía, etc.).

Las sesiones, clases, plegarias y demás aspectos formativos también son una herramienta para adecuar al sujeto a los fines del grupo religioso. Añadido a ello, se introduce una visión dicotómica de la vida (similar al dualismo), donde se fortalecen los conceptos contrarios entre sí (como el cielo y el infierno, lo bueno y lo malo, entre otros).

Crédito: iShutter

Por último, la tercera fase se identifica como la retención de los adeptos. En esta se busca dificultar el abandono de los miembros del grupo. Como estrategia, se fomenta el temor y la culpabilidad en sus acciones (se les castiga si desobedecen). En las sectas extremistas, se debilita el organismo a través de dietas y se establecen condiciones precarias de vida, además de ejercer control económico.

Las tres fases mencionadas impiden que el creyente religioso tome decisiones bajo criterios propios. Lo hacen según la voluntad del líder. Pero ser creyente de una religión o deidad no siempre significa doblegarse ante ella. Por tanto, debe resaltarse que estas cualidades son distintivas de las sectas, donde la esencia de la religiosidad no es el bienestar del sujeto, sino su alienación y el sometimiento de su conciencia a la del líder. 

De allí que las creencias y el pensamiento distinto al de la secta ameriten rechazo y castigo por parte del líder, quien, en casos extremos, puede convertirse en un criminal.

Lev Tahor: los crímenes de los Helbrans

La secta Lev Tahor opera desde 1980 en cuatro países principales: Estados Unidos, México, Canadá y Guatemala, asegura BBC News. Su fundador fue Shlomo Helbrans y su nombre, planteado en hebreo, significa “corazón puro” (a esto alude el líder al inculcarles a los adeptos la “pureza” del grupo). Son jasídicos (una corriente del judaísmo, aunque judíos han desconocido a esta comunidad) y ortodoxos por sus prácticas.

Crédito: Getty Images

Su rigidez y apego a las normas los caracterizan, además de las túnicas negras que portan. El grupo sectario arribó a San Juan la Laguna, Sololá, Guatemala, poco después de 2013, registra BBC News. Esto luego de que Helbrans pasara años en Quebec (Canadá), donde fue señalado por negligencia infantil. 

Previamente, el grupo pasó por Israel, aunque antes se había concentrado en Estados Unidos, donde el líder fue arrestado y procesado legalmente por secuestro. De eso, el resultado fueron dos años en prisión, imputados por el tribunal de Nueva York en 1993.

Más adelante, en 2016 Lev Tahor se movilizó a Oratorio (Santa Rosa), donde falleció Helbrans durante un ritual en un río y el liderazgo se le otorgó a su hijo: Nachman Helbrans. En 2018, este ingresó a prisión por el secuestro de dos menores de edad. Y ese fue solo el inicio.

El viernes 20 de diciembre de 2024, alrededor de 480 autoridades y profesionales de Guatemala allanaron la granja habitada por Lev Tahor en Oratorio, detalla The New York Times. Trabajadores de la Procuraduría General de la Nación y del Ministerio Público (MP) rescataron a 160 niños, niñas y adolescentes (NNAs), informó Alejandro Córdova, procurador de los Derechos Humanos. 

Este operativo fue el resultado de una denuncia que cuatro menores de edad realizaron en noviembre del mismo año, luego de huir de Lev Tahor. Por su parte, el relato de Yisrael Amir (sobreviviente de la secta) refleja las técnicas de manipulación psicológica del líder.

Amir, un menor de edad que regresó a su hogar

“Teníamos que hacer lo que quisiera porque era un hombre santo… Nos dijo que había venido del cielo para ‘reparar’ a la gente y que tenía poderes sobrenaturales”, le explicó Armir a BBC News en una entrevista. Años antes, fue obligado a casarse con otra niña del grupo; tuvieron un hijo siendo menores de edad.

El sobreviviente comunicó que para atraer a nuevos adeptos, Helbrans se acercó a menores de edad y les prometió a sus padres llevarlos a un “paraíso con animales”. No obstante, el líder los forzó a vivir en condiciones precarias: dormir en camas de piedra, con imposición de vestimenta y una dieta restringida (de un solo tiempo de comida) que los debilitó físicamente. 

Helbrans también aisló a los niños de sus padres y les prohibió contactarlos. Les negó el acceso a la educación y tecnología, pero les obligó a memorizar los escritos de Helbrans. También les restringió ir al baño (solo iban cuando el líder lo autorizaba). 

Otros castigos fueron azotes con cinchos, cables y cerchas calientes, explica el periodista Manuel Escobar para el medio nacional No Ficción. Por último, Amir señala al grupo ortodoxo de violaciones a los NNAs durante los “baños de purificación”.

Crédito: Getty Images

Visto de esta forma, Lev Tahor es un ejemplo de los daños que una secta puede ocasionar a las poblaciones vulnerables. Por ello, se busca captar a sujetos que están vulnerables o en crisis, ya sea financiera, psicológica o emocional, asegura la Asociación Española de Psicología Sanitaria (AEPSIS). 

El mensaje que utilizan los líderes religiosos para conectar con las personas se basa en su esquema mental, sus intereses y necesidades. Por lo tanto, dar a conocer las estrategias de manipulación psicológica resulta importante en la sociedad. Pues, como bien lo expresó Immanuel Kant, “la ilustración es la salida del hombre de su autoculpable minoría de edad”.

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