Esta es la historia de Kenya Cuevas

Recientemente, escuché un podcast donde la invitada fue Kenya Cuevas y conforme avanzaba el episodio, solo podía pensar en la importancia de compartir y visibilizar historias como la suya. Esto para que podamos abrir espacios de diálogo donde hablemos de temas fuertes, pero necesarios para avanzar como sociedad.

Recientemente, escuché un podcast donde la invitada fue Kenya Cuevas y conforme avanzaba el episodio, solo podía pensar en la importancia de compartir y visibilizar historias como la suya. Esto para que podamos abrir espacios de diálogo donde hablemos de temas fuertes, pero necesarios para avanzar como sociedad. 

Así que conforme cuente partes de la historia de Kenya, intentaré comunicar mis pensamientos y hacer una reflexión sobre la transfobia, los estigmas sociales, los roles de género y el abandono.

Kenya Cuevas nació en Ciudad de México, es la menor de 7 hermanos y fue criada por su abuela materna, ya que su padre tenía otra familia y su madre emigró a los Estados Unidos. Sus hermanos consumían alcohol y drogas desde que ella tiene memoria; muchas veces la maltrataban y golpeaban por su forma de ser. 

Desde muy temprana edad, Keyna conoció la desintegración familiar y el abandono, incluso la violencia. Sus hermanos no la aceptaban porque “no se comportaba como hombre”. Desde niña se identificó como mujer. Jugaba con sus sobrinas, no le gustaba jugar con los hombres ni encajar en esos roles, pero lamentablemente, eso hizo que la violentaran en casa y en la escuela. 

Claramente, creció en un contexto vulnerable que marcó su infancia y el resto de su vida, sin siquiera ser consciente de ello. Lo cual es muy común en nuestra sociedad y se ha normalizado. 

Dentro de ese contexto, la abuela de Kenya siempre la defendía y cuidaba de los ataques de sus hermanos y hasta cierto punto, era su lugar seguro. Había alguien que se preocupaba por ella y era una figura materna… Nuevamente, una situación bastante cotidiana.

Desafortunadamente, su abuela falleció cuando ella tenía 9 años y quedó prácticamente desprotegida. Sus hermanos en medio de sus adicciones y de intentar sobrevivir, dejaron de cuidarla en todos los sentidos. Por tanto, Kenya decidió empezar a trabajar en casa de un vecino, haciendo la limpieza en su taller. Con los ingresos que obtenía se costeaba lo básico, como la alimentación. Podemos ver que en medio del abandono y de la violencia, la pobreza se volvió un factor importante.

Cuando uno de sus hermanos se enteró que estaba obteniendo ingresos, la obligó de manera violenta, nuevamente, a que pagara algunos gastos de la casa. Con pocas cosas en la maleta, con rabia y el corazón en las manos, Kenya decidió irse de su casa.

Kenya siempre supo que era diferente, ella se sentía extraña porque creía que solo a ella le gustaban los hombres. No tenía referentes en la época con quienes se pudiera identificar. Y lo peor, estaba siendo obligada por sus hermanos y por la sociedad, a encajar en un rol, género y orientación. Si lo pensamos ¿a cuántas personas no les ha pasado lo mismo?

Castigarse a sí mismos con el objetivo de ser aceptados en la sociedad para evitar ser marginados, violentados y discriminados…

Es duro pensar que así como Kenya, muchas personas no contaron con referentes transexuales, bisexuales, homosexuales, lesbianas, etc. en sus generaciones. 

Los estereotipos de la época eran: “Las locas, las jotas, las vestidas, la de la estética…” así, una lista de adjetivos que tristemente, sigue siendo una realidad. Vivir con el peso de sentirse mal por ser diferente debe doler. No únicamente eso, sino vivir en contextos de violencia, pobreza y abandono

En el caso de nuestra protagonista, hasta el día que salió de su casa, vio una mujer trans, en vivo y a todo color. En medio de ese abandono, rabia y sobretodo, inocencia, le pidió ayuda para verse como ella.

El consejo de la mujer trans fue que trabajara para pagar sus cosas. Le indicó que le hablara a los carros, consiguiera clientes, se fuera con ellos e hiciera lo que le pidieran, pero que les cobrara. Para una niña inocente, abandonada y sin rumbo, resultó una instrucción muy clara y que efectivamente, siguió.

Consiguió su primer cliente, hubo sexo más no penetración, escuchó la historia de Kenya, le dejó dinero en efectivo y le dejó pagada una habitación de hotel por una semana… En ese hotel, vivían trabajadoras sexuales que le enseñaron a arreglarse y la llevaron con una madrota para que iniciara en el trabajo sexual.

Con menos de 13 años, Kenya tenía fila de clientes por ser una niña… Era muy cotizada  (lamentablemente) sabemos el motivo. Sin embargo, le dio tranquilidad tener independencia y sentirse querida por sus compañeras. Después de vivir en vulnerabilidad en casa, sentía seguridad y pertenencia. No obstante, en poco tiempo, empezó a consumir drogas y a invertir su dinero en eso gracias a los clientes, que siendo una adolescente de 12 o 13 años, le presentaron el mundo de las sustancias. Fue en la misma temporada de su vida que descubrió que tenía VIH y aprendió a vivir con él.

Recordemos que para la época, el tema de los anticonceptivos era un tabú y más aún para mujeres transexuales que ejercían la prostitución

Al perder trabajo, dinero, independencia y amistades por las drogas, vivió 20 años en situación de calle y vivió con la esperanza de que su familia la buscara… Una vez más, el abandono no solo familiar sino de una sociedad indiferente, distante y fría, la hundieron. 

En esos años, fue acusada por consumir, vender y distribuir droga por lo que la enviaron a la cárcel. Kenya era culpable exclusivamente del segundo cargo, pero a cambio de continuar en situación de calle, no se opuso a la condena ni quiso pelear con el sistema, el mismo que constantemente vulneró sus derechos

Afortunadamente, en la cárcel dejó de consumir drogas y le dio un giro completo a su vida. Empezó a apoyar a las personas con VIH/SIDA que estaban en la cárcel y eso le otorgó sentido a su vida. 

Cuidaba de ellos, los instruía en materia de derechos, peleaba por ellos frente al sistema e incluso los acompañaba en su lecho de muerte porque al final del día, eran una familia. 

Al salir de la cárcel, con un nuevo propósito, Kenya empezó a velar por los derechos de las trabajadoras sexuales porque no existían las condiciones adecuadas para ejercer, tal como sucede en otras industrias. En este caso, faltaban insumos como condones o pruebas de VIH para protegerse y obtener tratamiento retroviral.

Tras años de esfuerzo, batallas y perseverancia, consiguió una cita con el Gobierno en turno y le proponen abrir una ONG, actualmente conocida como la “Casa de las Muñecas Tiresas”. Hoy tienen presencia en 7 ciudades y en 2 de ellas hay albergues. 

Uno de los albergues fue abierto en el 2020 a raíz de la pandemia, ya que las actividades económicas fueron pausadas indefinidamente y muchas mujeres se enfrentaron a situación de calle y pobreza. 

En la actualidad, la Casa de las Muñecas Tiresas cuenta con programa de estudios, asesoría de cambio de identidad, apoyo psicológico, acceso a salud pública, idiomas, programas deportivos y culturales.

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