Abordar la coyuntura electoral en este momento podría parecer prematuro, sin embargo, resulta innegable que ya transitamos por un año preelectoral. Las calles se encuentran saturadas de vallas publicitarias que buscan sumar simpatizantes, a los más de treinta partidos políticos y comités cívicos en gestación. Ante esta dinámica política, nos encontramos en un momento crucial para analizar el rol de las juventudes en la democracia.
El bono demográfico en Guatemala constituye a las juventudes como un número significativo del padrón electoral, con el potencial de ejercer una ciudadanía plena. Incluso se ha señalado que en los pasados comicios de 2023 tuvo un papel relevante, sin embargo, hace falta cuestionarnos: ¿qué tanto le importa a la clase política que las juventudes, más allá de emitir su voto, estén formadas políticamente? Es preciso subrayar que dicha educación debe fundamentarse en el rigor de la ciencia política, alejándose del adoctrinamiento ideológico que tanto divisionismo ha generado a nuestra nación.
Es importante reconocer las deficiencias que tenemos en torno a nuestra cultura cívica, desde la educación primaria y básica se nos enseña el himno, la bandera y otros símbolos patrios; lo cual no está mal, pero deja fuera temas fundamentales.
Se omite hablar sobre los procesos electorales, la incidencia de los pueblos originarios en los asuntos públicos y el papel activo que juega el ciudadano joven. Por otro lado, la educación superior y la grave crisis institucional que enfrenta la USAC, es alarmante constatar cómo las pocas posturas críticas que surgen son sistemáticamente silenciadas.
“En materia de juventudes, la participación política es fundamental, no solo porque a través de ella puede este grupo generar incidencia en las decisiones públicas, sino que también el rango etario asociado a las juventudes se vincula con la adquisición de una serie de derechos y deberes ciudadanos que, a su vez, se concatenan con mecanismos de participación convencional, como la posibilidad de votar o postularse para un cargo de elección popular.” (López y Medina Chapas, Marco normativo para la participación cívico-política de las juventudes, página 15, 2025)

Frente a la situación que se nos presenta, debemos analizar de qué manera se puede incluir a las juventudes, no solamente para que emitan su voto, sino para que participen activamente en la vida política.
Es necesario pasar del discurso a la acción, de modo que sus aportes se conviertan en una herramienta para innovar la realidad. Asimismo, debemos revitalizar la práctica de los Gobiernos Escolares como una vía para fortalecer el conocimiento cívico desde la niñez, sobre todo, erradicar los estigmas familiares, tal como: “está mal hablar de política en casa”. De lo contrario, nuestro país seguirá condenado al populismo, corrupción y demagogia.
Es indignante que a pesar de llevar décadas viviendo bajo un modelo democrático, el sector juventud siga excluido. Mientras tanto, los candidatos y políticos no se cansan de repetir en sus discursos que las juventudes son la esperanza del país. ¡Basta de la hipocresía de llamarnos el futuro cuando, ni siquiera somos relevantes en el presente!
Apoyándonos en las diversas herramientas tecnológicas, resulta importante educar, concientizar y motivar la participación activa de las juventudes. Hoy enfrentamos un alarmante adormecimiento tecnológico en el país que urge revertir, impulsado en gran medida por los tan conocidos “influencers guatemaltecos”, figuras que acaparan la atención ofreciendo entretenimiento superficial, atrofiando por completo la capacidad de razonamiento y el sentido crítico de la niñez y juventud.
También puedes leer: ¿La muerte académica que todos vimos venir?
Frente a la apremiante necesidad de fomentar el análisis, el debate y la cultura cívico-electoral, resulta oportuno evocar la célebre premisa de Salvador Allende: “Ser joven y no ser revolucionario es una contradicción hasta biológica”. En este sentido, la juventud no debe entenderse meramente como una etapa de vida, sino como una fuerza proactiva capaz de intervenir, construir y aportar.
Independientemente de su inclinación ideológica estimado lector, debemos comprender que las juventudes deben ser incluidas en las agendas políticas, no para ser consideradas simbólicamente, sino como sujetos políticos y otorgarles los derechos que les corresponden. El mensaje es claro: hablar y hacer política no es malo; puede que los políticos sí, pero es decisión nuestra cambiar esa realidad.
Related Tags
Elías Talé
Maya K´iche´ de Totonicapán, Licenciado en Trabajo Social por la USAC, catedrático universitario, columnista y comunicador.










