Desde joven, Jorge Mario Bergoglio entendió que la salud no solo es un asunto físico. A los 21 años, cuando cursaba el segundo año del Seminario, durante una epidemia de gripe en Buenos Aires, su vida pendió de un hilo por una infección pulmonar severa que culminó en la extirpación del lóbulo superior de su pulmón derecho. Décadas más tarde, en su papado, recordaría con humor la cicatriz que aún lo acompañaba, pero también con gratitud hacia quienes lo salvaron.
Extracto del libro Soñemos juntos:
“Cuando a los 21 años me enfermé con algo grave, tuve mi primera experiencia con el límite, con el dolor y la soledad. Me cambiaron las pautas. Durante meses, no sabía quién era y si me moría o no. Ni los médicos sabían si iba a sobrevivir. Me acuerdo que un día le pregunté a mi madre, abrazándola, si me iba a morir”
Francisco había dicho alguna vez que su vocación nació del deseo de “curar almas”, pero en el camino también fue paciente, y no pocas veces. En 1980, una colecistitis lo llevó de urgencia al quirófano con gangrena vesicular y peritonitis. El cirujano que lo operó, Juan Carlos Parodi, pensó que no sobreviviría, pero su fortaleza física y espiritual sorprendió.

A pesar de sus dolencias físicas, Francisco nunca dejó de responder a los momentos de mayor angustia colectiva. Durante la emergencia sanitaria por la COVID-19, mientras el mundo entero estaba paralizado por la incertidumbre, convocó un acto de oración extraordinario desde una Plaza de San Pedro vacía y bajo la lluvia. Conmovió al mundo al proclamar:
Papa Francisco
“Nos dimos cuenta de que estábamos en la misma barca, todos frágiles y desorientados; pero, al mismo tiempo, importantes y necesarios, todos llamados a remar juntos”
Con voz serena, pero firme, impartió una bendición Urbi et Orbi, recordando que su papel como pastor no se detenía ni siquiera frente al agotamiento ni al riesgo. Fue un gesto de consuelo global desde un cuerpo ya desgastado, pero con una fe intacta.
Durante los últimos años de su papado, volvió a enfrentar serios desafíos médicos: una cirugía intestinal en 2021, una operación por una hernia abdominal en 2023 y problemas crónicos de movilidad. Sin embargo, la peor crisis ocurrió a inicios de 2025. Una neumonía bilateral, sumada a una crisis asmática y complicaciones renales, lo llevó al límite.
Fue entonces cuando sus médicos contemplaron la posibilidad de suspender los tratamientos. Pero decidieron seguir adelante. Contra todo pronóstico, salió del hospital el 23 de marzo.
Puedes leer: El papa Francisco regresa al Vaticano tras cinco semanas en hospital por neumonía
Francisco falleció el lunes 21 de abril a las 7:35 a. m. en Roma, tras sufrir un ictus y un colapso cardiovascular. Murió como vivió: acompañado por médicos, guiado por la esperanza y fiel a su convicción de que curar también es acompañar.
Related Tags
David Molina
Médico y Cirujano egresado de la Universidad de San Carlos de Guatemala, con especialización en Administración Hospitalaria y Maestría en Epidemiología de campo. Experiencia en salud pública, sistemas de información en salud, vigilancia epidemiológica y fortalecimiento institucional. Fundador y miembro de la Junta Directiva de Telégrafo.








