Heridas Ixiles

Existen heridas emocionales que a pesar del tiempo, nunca llegan a sanar. Tal es el caso de don Vicente, persona sobreviviente al Conflicto Armado, quien al contar las atrocidades que atestiguo y sufrió, hace un viaje al pasado que aún le trae lágrimas y amargos recuerdos.

Han pasado ya 26 años desde la Firma de La Paz, acto que se llevó a cabo el 29 de diciembre de 1996 y puso fin al Conflicto Armado Interno que golpeó al país durante 36 años. Todos en algún momento hemos escuchado sobre los terribles actos inhumanos que fueron llevados a cabo durante esa época y muchas veces llegamos a pensar que es algo que ya quedó en el pasado y únicamente se encuentra plasmado en los libros o artículos de quienes han escrito sobre ello. Pero la realidad es otra, las personas que vivieron en carne propia lo tormentoso del Conflicto Armado, aún lo tienen presente día a día, en especial las personas que residen en aquellas comunidades donde se desarrolló la mayor violación de derechos humanos. 

Batzchocola es una comunidad indígena ixil situada 48 kilómetros de Nebaj, municipio ubicado al norte del departamento de El Quiché. El acceso es un poco complicado, debido a que el camino es de terracería y consta de muchas subidas y bajadas donde la piedra suelta, las curvas cerradas y los derrumbes están presentes en todo momento. Esta comunidad está rodeada de montañas que guardan miles de historias, como por ejemplo la historia de cuando los abuelos formaron la comunidad, la historia de cuando comenzaron a construir sus casas y ese lugar se convirtió en su hogar, pero las montañas también guardan las historias de todo el sufrimiento que se vivió durante el conflicto armado. Batzchocola es el hogar de don Vicente Rivera Raymundo, este lugar lo vio nacer y crecer, lo vio formar su familia, pero también lo vio sufrir el tormento del Conflicto Armado.

Esta es la vista que se tiene estando en Batzchocola, un lugar rodeado de montañas. Foto: Dulce María Zapeta

Don Vicente recuerda que la comunidad era muy tranquila antes de que el ejército y la guerrilla llegaran, las pocas casas que había estaban dispersas, los hombres se dedicaban a la agricultura y las mujeres tejían güipiles y cuidaban de su familia. Hasta que de pronto, la guerrilla irrumpió en la tranquilidad de la comunidad, les llegaron a decir que unieran fuerzas para derrocar a los terratenientes y dejar de vivir en la pobreza, algunas personas sí se interesaron por la propuesta, pero otras decidieron hacer caso omiso. El cuidador de una finca aledaña le contó al ejército que la guerrilla había visitado Batzchocola y ahí empezó la pesadilla para la comunidad. 

El ejército llegó a la comunidad y empezó a atormentar a sus habitantes, desde la primera vez que llegaron mataron a varias personas, quemaron las casas, destruyeron las pertenencias de la gente y mataron a sus animales. Quienes huyeron a la montaña esperaron a que el ejército se fuera. Pasados los días, regresaron a Batzchocola y volvieron a construir sus casas con nylon y láminas viejas que encontraron, pero el ejército nuevamente regresó y esta vez destruyó la milpa y quebró las piedras de moler, dejándolos así sin su sustento. A los muertos no los podían enterrar de manera digna, esperaban a que el ejército se fuera de la comunidad para bajar de la montaña a recoger los cuerpos. Únicamente cavaban un agujero entre la montaña, echaban un poco de cáscara de pino debajo y encima del cadáver y con la ropa ensangrentada los enterraban.

Reporte del ejército, el cual se puede encontrar en el archivo conocido como Operaciones Sofia, imagen tomada de: https://nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB297/Operation_Sofia_lo.pdf

El papá de don Vicente era agricultor y se dirigía a Trapichitos, comunidad que queda a unos 20 minutos de distancia de Batzchocolá a trabajar la tierra, iba acompañado de su hija llamada María, cuando en el camino sintió una “corazonada” y le dijo a su hija que se quedará unos cuantos metros atrás de él y que si le pasaba algo, que se escondiera. Siguieron caminando y de pronto aparecieron elementos del ejército.

Sin mediar palabra, le dispararon al papá de don Vicente, María corrió a la casa para avisar lo que había sucedido, esperaron a que se fuera el ejército y fueron a enterrar a su papá. 

 “A cada poco venían a corretearnos y asustarnos, perseguían las huellas que encontraban en la montaña y a veces así nos encontraban, nos corrían entre la montaña y los ríos… así fue en ese tiempo”.

Caminando con don Vicente entre las calles de terracería que forman parte de Batzchocolá. Foto: Dulce María Zapeta

“Cuando paso lo de mi papá fue entre el año de 1983 y 1985, ese mismo año el ejercito nos correteo entre la montaña y se llevaron a mi esposa, a mi hijo mayor y a mi mamá, agarraron a uno de mis hermanos y lo mataron, lo tiraron en el río que pasa aquí abajo, pero recuperamos su cuerpo porque quedo atrapado en un arbolito, cuando eso paso yo ya no aguantaba la tristeza, ya no se haya uno”

A su cuñado lo capturaron y torturaron disparándole en el brazo. Era tanto el dolor físico que sentía que él mismo pidió otro balazo para que lo mataran y así lo hicieron, don Vicente junto con la ayuda de otros hombres que permanecían escondidos fueron a recoger el cadáver y lo enterraron.

Don Vicente creía que su esposa y su hijo estaban muertos, ya que pasó un año y medio sin saber de ellos hasta que un conocido de ambos se encontraba en Nebaj arreglando unos trámites personales, cuando de repente se encontró a la esposa de don Vicente. El hombre sorprendido, pero a la vez feliz fue a buscar a don Vicente para contarle que su esposa estaba viva y fue así como su familia pudo estar junta de nuevo, pero notaron que su hijo había cambiado, el niño se comportaba de manera diferente. 

Cuando el ejército los agarró y se los llevó, la esposa de don Vicente llevaba cargado a su hijo en la espalda, pues tan solo tenía 18 meses de edad y en ese momento quedaron atrapados en medio de la balacera, el niño se asustó demasiado con el ruido de los disparos y la tensión vivida en ese momento y nunca pudo recuperarse de ese trauma. El año pasado (2022) “tomó la decisión de tirarse al río que pasa acá abajo y no encontramos el cuerpo. Nunca se olvida esto, lo tenemos en nuestro corazón, nunca lo olvida uno porque esta penetrado en nuestro corazón… a veces me da pena decir esto, porque fue muy fuerte, la pasamos muy fuerte” agrega don Vicente mientras su rostro y su mirada se tornan tristes.

Vista del río que pasa debajo de Batzchocolá, foto tomada en época de verano, foto: Dulce María Zapeta

El conocido triángulo Ixil, ubicado en el norte del departamento del Quiché y conformado por los municipios de Nebaj, Chajul y Cotzal, fue uno de los más afectados durante el Conflicto Armado, así como don Vicente, muchos sobrevivientes viven con heridas emocionales que aún no logran sanar. Las violaciones que vivieron las tienen presente hasta el día de hoy y no es para menos. 

En el documento “Operación Sofia” se puede encontrar de manera detallada los reportes que los elementos del ejército escribían sobre sus operaciones en el sector. Si bien todo lo sucedido durante la guerra interna pasó hace casi ya tres décadas, es algo que no debemos olvidar por respeto a la memoria de todos aquellos que fueron víctimas de actos tan crueles e inhumanos los cuales, mayormente eran dirigidos por el racismo hacia los pueblos indígenas.

“Es algo que duele recordar, pero que debemos mencionar para que no vuelva a ocurrir”. 

Don Vicente en la cocina de su hogar, al momento de contarnos lo vivido durante el conflicto armado. Foto: Dulce María Zapeta
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