El legado de una mujer para todas las guatemaltecas
Hilda Morales Trujillo, a sus 81 años, se siente satisfecha por haber incidido en que los títulos académicos de la Universidad de San Carlos de Guatemala (USAC), obtenidos por las mujeres se emitieran en género gramatical femenino, acompañar las propuestas para reformar los códigos Civil y de Trabajo, ser una de las pioneras en la conservación de la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer (Cedaw) y ser promotora de la Convención de Belém do Pará en Guatemala.
Faltan cinco minutos para las diez de la mañana, la hora acordada. Hilda Morales se conecta a la reunión virtual y se excusa para ir por un vaso de agua. Regresa rápido, se sienta y lo primero que pronuncia es “bueno, aquí estoy”.
Con una trayectoria jurídica de más de 55 años, Hilda es maestra de educación primaria y se graduó en 1970 de abogada y notaria de la Usac, pese a que en primera instancia pensó estudiar pedagogía.
Gestionó para que el Consejo Superior Universitario de la Usac acordara que los títulos profesionales extendidos a las mujeres, se escribieran en género gramatical femenino, a fin de hacerlas visibles en una época en la que había pocas egresadas.
Lo logró, pese a que el de ella aún se imprimió en masculino –se observa en su tesis de licenciatura, la cual dedicó a su familia–. Años después, se especializó en derecho sindical y de trabajo en un posgrado que cursó becada en Roma, Italia. Luego estudió una maestría en derechos humanos en la misma casa de estudios.

La maestra Morales Trujillo y experta en derechos humanos, recuerda que su primer trabajo fue como maestra de educación primaria en un colegio de la Colonia La Florida, atendiendo dos grados a la vez, luego fue secretaria en un colegio del centro de la capital, para costear sus estudios universitarios y apoyar a su familia.
Hilda nació en Flores, Petén, el 26 de septiembre de 1943. Escuchó la primera denuncia de una mujer violentada cuando hacía su pasantía. Entonces descubrió su misión de vida: ayudar a las mujeres víctimas de discriminación y violencia.

Una experta en enfoque de género
Hilda Morales Trujillo es experta independiente, por Guatemala, en el Comité de Expertas del Mecanismo de Seguimiento de la Convención de Belém do Pará, desde sus inicios en 2005.
En los años 90 del Siglo pasado, fue designada por la Rectoría de la Usac, a la Asamblea de Delegadas de la Oficina Nacional de la Mujer (ONAM), en donde compartió con delegadas de otras instituciones y organizaciones, igualmente comprometidas en el cambio de la condición y situación de las mujeres. Entre ellas, la abogada Carmen Yolanda López. Ambas participaron en la propuesta e incidencia para reformar varias leyes, entre otras, el Código de Trabajo y el Código Civil.
“El Artículo 131 del Código Civil establecía al hombre como el administrador de los bienes del matrimonio, y que el marido podía oponerse a que la esposa trabajara fuera del hogar. ¡¡Nosotras lo derogamos!! De igual manera, al darnos cuenta de una serie de normas del Código de Trabajo eran discriminatorias de las mujeres, y que se le llamaba ‘descanso’ el periodo pre y posnatal”, explica López.
La trayectoria de Morales Trujillo motivó que, en 2004, Amnistía Internacional le otorgara el premio “Embajadora de Conciencia” en Madrid. Su labor también la promovió a ser procuradora adjunta II en la Oficina del Procurador de los Derechos
Humanos (PDH), cargo que ejerció de 2012 a 2017. “Es una conocedora y experta en equidad de género”, detalla su amiga Gladys Bailey.

Los libros y la naturaleza, el inicio de su revolución
Con una formidable memoria, Morales Trujillo narra su infancia como si hubiese sido ayer. “Nos mudamos con mi familia de Petén a Cobán cuando yo era bebé. Mi padre tenía un terreno pequeño y se dedicaba a la agricultura”, asevera. Añora su niñez rodeada de naturaleza. Recuerda a su madre quien fue maestra en algunos lugares de Petén, se adaptó a esa nueva realidad elaborando quesos, mantequilla y otros derivados del producto obtenido de las vacas.
Una experiencia muy fuerte vivida en ese lugar, fue un incendio producido en el bosque. Ella recuerda el ruido que hacían los árboles al caer y la angustia vivida por sus familiares y demás pobladores. Como consecuencia, su padre hipotecó el terreno y se decidió mudarse en familia a Guatemala para continuar su historia.
Añora sus días en la escuela de Santa Cruz Verapaz, Alta Verapaz, recalca. Fue la niña que más aprendió. Su docente impartía clases en los tres primeros años de primaria, en español, pero las demás alumnas solo hablaban poqomchi’. Eso despertó en su conciencia la necesidad de una educación bilingüe e inclusiva; “todavía falta por hacer”, acota, a pesar de que ha pasado tanto tiempo desde que ella estuvo en esa escuela.

Asimismo, rememora leer el periódico El Imparcial, que su papá esperaba diariamente que llegara la camioneta con él, pues lo comentaban en familia. A esa experiencia le atribuye el gusto por la literatura, pues su casa siempre estuvo llena de libros y conversaciones sobre historia y literatura. Esto no ha cambiado, pues en su casa posee una biblioteca y además se encuentran libros en diversos espacios. Sus principales lecturas incluyen textos de sociología, derecho, derechos humanos y derechos de las mujeres.
“Comencé a luchar… y no paro”
A los 7 años, tras llegar a la ciudad capital, Morales Trujillo escribió su primera composición: una autobiografía. Comenta que ya en la secundaria que cursó en el INCA, llegó a ser jefa de redacción del periódico impreso denominado Vanguardia Estudiantil, así como en la radio que funcionaba durante los recreos, transmitiendo desde una ventana que daba al patio en cuyo centro se encontraba una vieja ceiba
Incondicional y activa: así es Hilda Morales Trujillo
Morales Trujillo menciona que perdió a su primer hermano en 1964; fue una muerte violenta que conmocionó a su familia y a sus compañeros de la Facultad de Economía de la Usac. Él era un muchacho de tan solo 22 años (Hilda tenía entonces 20 años y era estudiante de Derecho), de carácter alegre y había participado en la huelga de hambre llevada a cabo por trabajadores del IGSS y en las denominadas luchas de Marzo y Abril de 1962, contra el régimen de Ydígoras Fuentes.
“Hildita es una persona activa sin importar su edad. Es muy noble. Nunca nos deja sin una respuesta; es nuestra asesora incondicional. Estamos juntas en nuestras luchas”, comenta López.
López conoció a “Hildita” –como le gusta llamarla– cuando esta era delegada de la Usac en la Oficina Nacional de la Mujer (ONAM). Afirma que los intereses de la ahora jubilada fueron la educación y la legislación.
Su paso por la ONAM le incentivó a continuar impulsando y participando con otras mujeres, en análisis y cambios legislativos para eliminar la discriminación y la violencia contra las mujeres, así como para incluir los estudios de Género en la Facultad de Derecho de la Usac.
De su participación en la promoción de la Convención de Belém do Pará, pasó a formar parte activa en la Red de la No Violencia contra las Mujeres, buscando la creación de políticas públicas y leyes específicas para que desde el Estado se enfrente la problemática de las mujeres.
Recuerda las manifestaciones de protesta y por otro, la labor de incidencia para que las autoridades asuman su deber y obligación para con los derechos humanos de las mujeres.

Sus nietas, inspiración para enseñar
A Morales Trujillo le agrada platicar de sus pasatiempos. Menciona que le gusta leer y escribir sobre sociología y feminismo. ¿El libro más reciente? ¡Muchos! “Acabo de leer un estudio sobre la violencia contra la mujer en la política”, responde sin pensar mucho.
Aunque es un día nublado, sus ojos brillan aún más, cuando conversa sobre sus nietas. Tiene tres: una de 10 años, otra de nueve y la última de ocho. Morales
Trujillo disfruta enseñándoles poemas como “Margarita, qué linda está la mar”, uno de los poemas de Rubén Darío, “La Rosa Blanca” de José Martí, entre otros. Ellas la inspiran a luchar por las mujeres, pues afirma que a estas se les culpa por ser víctimas, según plasma en su ensayo “¿Por qué huyen las mujeres?”.
Añora su época de docente con ellas. Comenta que disfruta bailar rondas infantiles –aunque ahora ya no puede tanto como antes, menciona entre risas– y cantar melodías para niñas. Su lucha la dedica a su descendencia y las demás guatemaltecas que han sufrido.

“Puedo decir que tengo una satisfacción de saber lo que he sabido, de haber aprendido lo que he aprendido. Sé que fue una oportunidad la que yo tuve en la vida y la sigo teniendo en”, comenta Hilda.
Agrega que se siente honrada de poder escribir lo que quiere que otras mujeres conozcan. Ve hacia el lado izquierdo y dice que está lista para pasarle la estafeta a las nuevas generaciones.
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Le complace saber que hay hombres, sobre todo, jóvenes, aliados en la defensa de las mujeres y tiene esperanza en que se produzcan cambios positivos a pesar de las tendencias regresivas en el plano nacional e internacional..
Por ahora, Hilda se dedica a brindar conferencias sobre derechos humanos. Disfruta instruirles a sus nietas sobre feminismo. Acentúa que cada 8 de marzo conmemora la lucha política de las mujeres a través de la exigencia del cumplimiento de las leyes y recalca que no es un día para celebrar, sino para conmemorar.
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Yolanda Tórtola
Periodista egresada de la USAC, comunicadora social y estudiante de Criminología y Política Criminal. Apasionada por intercambiar aprendizajes. Disfruto bailar salsa, revisar textos y leer novelas policíacas.














