Impartir clases en Guatemala: ¿Sueño o pesadilla?

Impartir clases en Guatemala a menudo se convierte en un desafío debido a la sobrecarga laboral y la baja remuneración que reciben los docentes. Adicional a ello, los educadores tuvieron en sus manos una mayor carga de trabajo sin compensación adicional durante la reciente pandemia. Por esta razón, es fundamental comprender la relación entre las condiciones laborales de los docentes y la calidad educativa.

De pequeña, deseaba ser maestra y lo cumplí. Sin embargo, esta ilusión a veces suele convertirse en pesadilla a las semanas, meses o incluso años de ejercer la labor docente en Guatemala. No me malinterpreten: disfruté mucho la experiencia durante el tiempo que duró y lo haría nuevamente en el futuro.

No obstante, el trabajo del docente en la práctica es muy distinto al sueño infantil de recibir una manzana diaria y permitir que niños y niñas aprendan jugando. En la realidad concreta, los docentes poseen una sobrecarga de trabajo mal remunerado y casi nadie habla de ello, al menos no en espacios públicos. 

Específicamente, me refiero a las atribuciones adicionales del docente, las cuales van desde atender a un padre o madre de familia fuera del horario laboral, hasta prácticamente convertirse en el único sostén emocional de algunos estudiantes. Desde luego, quienes experimentan esta situación deben lidiar todos los días con los efectos físicos y emocionales que esto conlleva. 

En este punto, cabe mencionar que durante la pandemia, la situación se tornó mucho más crítica y estresante, puesto que la virtualidad incrementó de manera exponencial el trabajo de los educadores, ya que se sumaron nuevas responsabilidades, como contestar numerosos correos electrónicos y mensajes de WhatsApp de estudiantes, coordinadores, madres y padres de familia. Y claro, no había remuneración adicional. 

Entrevisté de forma casual a algunos docentes y me comentaron que actualmente los profesores guatemaltecos que laboran en centros educativos privados de la capital están devengando entre Q1,000.00 a Q8,500.00 mensuales en promedio. 

Cabe mencionar que, los profesores que trabajan en el sector privado que reciben mensualmente un salario igual o mayor a Q4,000.00, pertenecen a una minoría en nuestro país. 

Por otro lado, los maestros de primaria que laboran en el sector público poseen salarios que oscilan entre los Q4,338.00 hasta Q9,750.50. Sin embargo, todo depende del renglón y escalafón que les corresponde. En resumen, un buen porcentaje de educadores no recibe una remuneración económica adecuada. 

Es importante aclarar que esta situación de ninguna manera justifica que se imparta una clase sin planificación previa o sin aplicar una metodología pedagógica adecuada al contexto de los estudiantes. Sin embargo, es necesario comprender que sí existe una relación entre la calidad educativa y las condiciones de trabajo de los educadores. 

Diversas investigaciones demuestran que las condiciones laborales de los maestros sí repercuten en el proceso de enseñanza-aprendizaje. Con ello nos referimos, no solamente al salario, sino también a sus horarios de trabajo, tipo de ambiente laboral, entre otros factores que son clave para el desarrollo óptimo de su labor. 

Es importante que las nuevas autoridades a cargo del Ministerio de Educación tomen nota al respecto, pues se trata de un tema urgente que no puede pasar desapercibido durante cuatro años más. Cada profesor merece ejercer su labor en condiciones dignas y justas, pues toda esa pasión por la enseñanza debe compensarse de una manera adecuada. No olvidemos que, detrás de todo el esfuerzo realizado, existe una gran inversión de tiempo y energía.

Sin más que agregar, espero que el propósito de Año Nuevo de todos los involucrados en este proceso sea brindar condiciones laborales justas a todos los docentes, tanto en el sector público como privado. Ya es tiempo de darnos cuenta que el maestro no es un todólogo con superpoderes, sino un ser humano cuya labor debe valorarse en su justa medida.

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