Muchas personas, si no es que todas las personas, alguna vez hemos pensado en la idea de “desaparecer”, simplemente dar un paso, seguido de otro, de otro, de otro y avanzar. Alejarse de todo.
Las causas de querer salir, viajar y andar sin rumbo, posiblemente tengan detrás frustraciones, miedos, dudas y una serie de preguntas aparentemente sin respuesta. También la sensación de no estar viviendo la vida añorada, sino la vida asignada, cumpliendo expectativas que alguien más depositó en nosotros: ya sea padres, comunidad, gobiernos y un interminable etcétera.
¿Quién no quisiera apartarse de todo? Eso fue lo que hizo Christopher McCandless o mejor dicho, Alexander Supertramp. Y es su historia la que se cuenta en la película Into the Wild.
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Más que una película de viajes
Into the Wild, también conocida en español como Hacia rutas salvajes, es una adaptación cinematográfica del libro homónimo de Jon Krakauer, dirigida por Sean Penn, y que nos presenta la historia de Chris McCandless, alguien que a la vista de muchos, no tendría que preocuparse de su vida, pues posee cierta formación académica y estabilidad familiar que lo respaldan. No obstante, Chris se siente vacío, frustrado, se cuestiona qué es lo que está haciendo con su vida, así que un día decide donar todos sus ahorros, arrancar su viejo auto Datsun y emprender una marcha hacia lo desconocido, hacia lo salvaje.
A lo largo de la cinta acompañamos a Chris en su aventura, una aventura modesta, sin efectivo y con poco equipaje, aunque con libros siempre presentes. Manejando, caminando o incluso remando, avanza con decisión, buscando responder a todas las interrogantes que yacen en su interior y de paso, vivir muchas experiencias nuevas para él y distintos peligros en su ruta por los Estados Unidos, hasta llegar a Alaska, su último destino trazado en el mapa.
Y es en el medio de este trayecto que Chris evoluciona y en un acto fuertemente simbólico, elige su propio nombre, dejando de lado el nombre impuesto que arrastró toda la vida. Es en la ruta que nace Alexander Supertramp.

Entre soledades y compañías
Alex Supertramp deja a su familia, deja a sus amigos. Su viaje estaba planeado para realizarse solo, un sentimiento que, como mencionaba al inicio, todos alguna vez hemos deseado. Y es algo que está bien, está bien estar solo para pensar, reflexionar, cuestionar y claro, también para disfrutar y divertirse.
Aun así, en distintos momentos se ve acompañado por diferentes personas, quienes empatizan con él, tanto por su historia, su edad y también por la gentileza y cordialidad que emanaba a primera vista.
Porque sucede que, sin importar cuán grandes sean los deseos de alejarse, al final de cuentas somos seres sociales, siempre necesitaremos de la compañía de alguien más. Alex encontró apoyo en muchas personas que literalmente, se cruzaron en su camino y cuyos encuentros le sirvieron para llegar a su destino.
El reto de encontrarse a uno mismo
El viaje que realiza Alexander Supertramp no obedece a un mero capricho, surge más bien del deseo de encontrarse a sí mismo, de saber quién es realmente, de la necesidad de hacer algo importante con su vida… todos estos, cuestionamientos muy profundos, muy humanos.
De nuevo, todos alguna vez hemos deseado desaparecer, quizás no desaparecer para siempre, pero sí para buscar momentos de intimidad con uno mismo, espacios de silencio, sin tanto ruido de fondo: notificaciones, orquestas de claxons, taps interminables sobre pantallas que destellan una opresiva luz azul artificial. Voces que exigen, que piden que sea, que tenga, que logre, que me comporte…

Este viaje puede ser tanto real como metafórico; puede ser un viaje a lo interno y sin miedo, pero sí con la decisión de conocernos más, de conocernos mejor y ser más sensibles de nuestro entorno y con las personas que nos rodean, porque claro, las personas son parte del viaje y de nuestro crecimiento, no podemos dejar de lado al resto del mundo y vestirnos de indiferencia, pues, como el mismo Alex afirma:
La felicidad solo es real cuando se comparte.
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Tres puntos a destacar
- Algo muy notable de la cinta es que no se va a ningún extremo, es decir, no moraliza, pero tampoco romantiza el viaje o la historia de Alex. Más bien, empatiza. Te muestra sus motivos, te muestra tanto los paisajes majestuosos como los peligros del camino y lo imponente que puede llegar a ser la naturaleza.
- La hermosa fotografía. Sean Penn y su equipo de producción visitaron los lugares donde estuvo Alexander Supertramp, lo que nos deja una serie de planos memorables, que te sumergen en el mismo viaje, que te transportan al corazón de lo salvaje.
- Y por último, pero no menos importante, la banda sonora conformada por canciones compuestas e interpretadas por Eddie Vedder, que complementan a la perfección este viaje, haciéndolo una experiencia tanto visual como auditiva.
Esta película llegó a mí durante una muy buena plática y no pude dejar pasar la oportunidad de verla, ni mucho menos de recomendarla. Es una historia que entusiasma, que hace reflexionar y también soltar uno que otro suspiro.
Into the wild
Dirección: Sean Penn
País: Estados Unidos
Elenco: Emile Hirsch, Catherine Keener, Vince Vaughn, Jena Malone, Kristen Stewart
Año: 2007

Escrito por: Leopoldo Jacar
Creador de contenido y estudiante de letras. Ha publicado cuentos y poemas en antologías y medios digitales de diversos países como México, Perú, Guatemala y Venezuela, Colombia y España. Durante FILGUA 2025 presentó su libro “Las hermanas del fuego e historias escritas a las 3:33”.







