Para Javier Borrayo, Los imaginarios es una historia muy personal que aborda temas sobre salud mental dentro de un contexto de ciencia ficción y drama, los cuales mencionó que fueron inspirados por los efectos de la pandemia de COVID-19.
“El COVID fue bien duro. Fue un momento bastante complejo para todos”, resaltó Borrayo. “Yo estuve bien, pero vi como a mi alrededor, mi familia, mis amigos; todo se estaba desmoronando y fue un tiempo muy denso a nivel psicológico”.

Todos estos eventos despertaron una alerta que lo hizo preguntarse qué está pasando, pero principalmente, qué somos y qué queda de nosotros cuando las estructuras imaginarias se disuelven. Este tema va atado a los alienígenas que existen dentro de la historia, los cuales indicó que surgieron de una forma muy intuitiva, y que conforme fue avanzando en la filmación, se dio cuenta de que estos representan los momentos de fractura de la mente.
“Habitamos este cuerpo y existimos en esta realidad, pero hay cosas que no sabemos. O sea, vos no estás llevando tu ritmo cardíaco conscientemente, no estás respirando conscientemente todo el tiempo. ¿Quién está haciendo eso? Entonces empecé a entender que es como plantear esta parte alienígena que existe en nuestra mente”, explicó.
El proceso de filmación de Los imaginarios fue un poco inusual, ya que se inició sin tener un guion finalizado. En su lugar, Borrayo lo escribió conforme se iba programando la grabación de las escenas. En total, la película se grabó en 25 días, los cuales fueron espaciados durante el transcurso de nueve meses.
“Dependía mucho del tiempo de los actores. Nada fue voluntario, o sea, a todo mundo se le pagó, pero todo el mundo tenía sus desafíos. Coordinar con cuatro personas es bien yuca y era un tema de ‘Muchá, ¿cuándo pueden?’, ¿verdad?”, expresó. “El día que podían estar todos los que necesito, ya tengo las escenas escritas. Vamos a desarrollarlas, limpiarlas, armar la pre y toda la producción como una mini peli, digamos, cortitos”.
Borrayo definió su proceso como un planteamiento de expansiones. Cada personaje parte de su cotidianidad y singularidad, luego se expande y se diluye. “Por eso la película tiene una estructura de expansiones hasta llegar a la séptima, que es la impermanencia”, aclaró. “Y conforme progresan esas expansiones, avanza la distorsión de lo que estás viendo”.

Un elemento crucial que complementa la narrativa de la cinta son los efectos especiales. Borrayo volvió a colaborar con Erick Culasso, un artista de efectos visuales argentino que también trabajó en su ópera prima, Luz. Borrayo describió que Culasso trabaja mucho con el hiperrealismo, con la particularidad de buscar la textura en las imágenes.
Un ejemplo de esto es la piedra que se observa en la película como un fenómeno anómalo no identificado (FANI) y que es, en cierta forma, la nave de los alienígenas que funcionan como catalizadores de la trama. “La piedra inicialmente era un Tic Tac plateado, tenía reflectividad, hicimos pruebas y se veía bien y todo, pero él me dijo que sería interesante que fuera una piedra, como algo más terrestre”, aclaró.
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Otro tema es el de la electricidad, que para Borrayo fue muy sutil. “Hay una escena donde, mientras el personaje de Sofía está hablando con su mamá que va a ir a la procesión, pasaban carros y entraba un reflejo de luz que me gustó mucho, lo cual llevó a esta otra escena de disociación que ella tiene con este reflejo”, añadió. “Esa escena se fue desarrollando durante el proceso de escritura, jugando las ideas con Erick”.
“Erick trabajó la supervisión de VFX desde Argentina, pero íbamos peloteando ideas y, mientras yo desarrollaba una escena, de una vez iba planteando restricciones”, explicó. “Es muy de Guatemala que cuando producís, te imaginás un montón, pero es un arte recortar acorde a tus recursos. Planteaba las escenas, lo hablábamos y ya llegábamos a lo que se podía hacer”.
El tema de presupuesto es complejo para cualquier cineasta guatemalteco. En el caso de Los imaginarios, Borrayo financió el proyecto con su propio dinero junto con un productor ejecutivo que ayudó a financiar la postproducción, pero aclaró que durante el séptimo mes de grabaciones, llegó un punto en el que ya tenía alrededor de 45 escenas grabadas, por lo que decidió ponerse un límite y empezar a delimitar escenas que ampliaban demasiado la historia, ya que de lo contrario se corría el riesgo de superar el límite presupuestario que tenía para la cinta, algo que contrasta con su experiencia financiando ópera prima, Luz, lanzada en 2020.
Luz es la historia de Simón, un hombre cuyo padre fue asesinado durante el Conflicto Armado Interno, y que en su afán de buscar respuestas se obsesiona con una teoría para medir el impacto del karma en el espacio y el tiempo. Una obsesión que repercute en su vida personal y profesional. La película está disponible en Apple TV+.
La idea para Luz se originó como parte de un proyecto en conjunto con el compositor Alex Hentze, con quien Borrayo colaboró con el fin de hacer videos musicales para cada una de las canciones de su disco A Helpless Presence. Este concepto eventualmente evolucionó en lo que se convertiría Luz, y al final solo hubo un video musical producido como parte del proyecto titulado Ascendente subconsciente.
El dinero para financiar Luz se consiguió incluso antes de que el guion estuviera terminado. “La plata se consiguió planteando un argumento. Eso es como bastante normal, pero en el momento que hubo la plata fue como «hay que escribir»”, aclaró.
Borrayo explicó que para el financiamiento de Luz adoptó un modelo de criptomonedas llamado oferta inicial de monedas o ICO (Initial Coin Offering por sus siglas en inglés): “Hicimos una campaña en Indiegogo, ya teníamos todo el material para hacer un crowdfunding, entonces era como pasar todo a este otro modo y creamos la criptomoneda para la película que se llamaba Luz Token. Se crearon 10 millones de monedas, poniendo a la venta 2 millones a una valuación de 80 mil dólares y se vendieron en dos días. Fue bien loco ver como ya tenés la plata”.
Este modelo de financiamiento puede sonar muy atractivo, pero Borrayo enfatizó que el auge de la criptomoneda para este propósito tuvo una ventana muy cerrada entre el 2017 y el 2018 en la que se le podía sacar partido y que mucho de esto tuvo que ver con suerte.
“Fue un evento tecnológico en un momento en el que yo tenía un proyecto que llamaba la atención, yo sabía manejar la tecnología, y pues, se dio”, agregó. Sin embargo, los riesgos que implican este tipo de transacciones eventualmente pasaron factura. “Lo que sucedió es que muchas personas ofrecían un proyecto y no lo entregaban. No había ninguna obligación jurídica. Entonces, literalmente, yo pude haber ofrecido una peli, nunca hacerla y gastarme los 80 mil dólares y nadie me iba a buscar”.

A pesar de que Luz tuvo su estreno en el festival de cine Oaxaca FilmFest en México en 2019, la pandemia de COVID-19 desvió lo que hubiese sido un estreno tradicional para la película, por lo que Borrayo tuvo que recurrir a otros canales de distribución.
“Había una plataforma que se llamaba Breaker, que era de pay-per-view, entonces la peli estuvo allí y vos pagabas con tarjeta de crédito o con criptomoneda, y la misma tecnología ruteaba y la dividía en acción en los tokens”, explicó. “Entonces si vos tenías tokens de la peli, no tenías que pasar por ningún intermediario. Solo, a través de la tecnología, usabas tu token para sacar tu parte del revenue”.
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En total, por medio de esta plataforma, Borrayo indicó que Luz generó alrededor de 10 mil dólares en ganancias, gracias a que había retenido el 80 por ciento de Luz Tokens que habían sido creados. “Ese 80 por ciento lo repartí entre el crew. Todos recibieron algo, actores, producción, arte, todos. Yo recibí como 2 mil dólares de revenue”.
Borrayo comentó que la Ley de Cine, iniciativa 5906, a pesar de que no es un tema en el cual se considera la persona más indicada para hablar al respecto, sí mencionó que lo ha comentado con algunos amigos y que consideran que se abren puertas en términos de coproducción que podrían reducir el riesgo financiero que implica realizar una película en Guatemala actualmente.
“Guatemala no puede ser un coproductor mayoritario porque no hay una Ley de Cine, entonces la inversión es de alto riesgo si no hay un marco legal sobre el cual se van a ejecutar los fondos. Entonces, desde ese punto de vista, las producciones guatemaltecas tienen que buscar una coproducción afuera, pero siempre teniendo un porcentaje pequeño”, explicó.
La nueva película en la que está trabajando Borrayo se llama Mateo, pero este título puede cambiar más adelante. “Explora la consciencia humana desde las múltiples dimensiones, igual desde un contexto guatemalteco, en Jalapa, explorando alrededor de la identidad con la tierra y las memorias familiares”, compartió.

Borrayo mencionó que esta película no será experimental y que busca producirla con una estructura más tradicional. “Quiero sentarme a escribir un guion; que sea una coproducción, conseguir fondos. No soy millonario, entonces no me puedo dar el lujo de echarme otra peli al hombro y solo quemar pisto. Ya no puedo hacer eso”.
Muchas de las influencias de Borrayo se hacen ver en su trabajo. Películas como ¿Dónde está la casa de mi amigo?, una película iraní de Abbas Kiarostami, I Origins de Mike Cahill, la serie The OA, escrita y protagonizada por Brit Marling, pero especialmente Memoria de Apichatpong Weerasethakul, la cual indicó que Los imaginarios referencia directamente.
“Creo que Luz y Los imaginarios han sido una exploración bastante libre de mi cuerpo de trabajo, de mi narrativa, de mi voz, y creo que ya estoy bastante más claro de los temas que me tocan, del ángulo con que naturalmente los abordo. Entonces, creo que lo siguiente sí es una peli más tradicional en términos de estructura, pero falta y no hay prisa”, concluyó.
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Dereck Richman
Periodista apasionado por las letras, el cine y el teatro. Escribo sobre temas sociales, principalmente enfocados en la comunidad LGBTIQ+, políticos y culturales. Considero la escritura una herramienta para el cambio y con el poder de influenciar generaciones y es eso lo que busco transmitir a través de lo que escribo.










